Adel Termos

Adel Termos paseaba el jueves por la tarde cerca de la mezquita de Shia, en Beirut, cuando vio a un asesino suicida, se abalanzó sobre él haciendo que detonara la bomba que llevaba. Salvó cientos de vidas.

Al día siguiente, en París, Safer, un francés musulmán salvaba la vida de dos mujeres en el bistró Le Carrillon.

Dos días consecutivos, dos puntos geográficos diferentes, desigual repercusión mediática y dos musulmanes héroes. El horror es el mismo e igualmente provocado por el Ejército Islámico. No son atentados terroristas, son actos de guerra. Una guerra de facto y sin piedad. Una guerra diabólica.

La información y los medios que convierten al mundo en esa aldea global no sensibilizan de la misma forma y eso, en cierto modo, es comprensible. No me afecta de igual forma la muerte de un hijo que la del hijo de un amigo, la muerte del hijo de un amigo que la del hijo de un conocido. Lo que me sorprende es el alto nivel de pasividad, la futilidad de la memoria del mundo occidental.

No nos encontramos ya ante una guerra contra el mundo cristiano o de raíces judeocristianas, nos encontramos aparentemente ante una guerra de civilizaciones: medieval versus contemporánea. Una guerra del mal contra el bien. Yo no sé si el Maligno ha aprovechado, viene aprovechando, un cierto éxito en la rebaja de valores, en la licuación de los credos tradicionales, en un cierto apoltronamiento hedonista de occidente; no lo sé.

Tenga la opinión que tenga, no es éste el lugar para expresar lo que yo crea que deban hacer los Estados Nación para defender a sus nacionales, para combatir a ese mal global. Yo, aquí y ahora simplemente me pregunto; nada más.

Me pregunto qué es lo que un cristiano debe hacer en su fuero interno, en su familia, en su entorno, en las redes sociales para ser contundente contra este azote internacional. ¿Cuál debe ser la actitud de un cristiano? Ya, ya sé que buscar la paz, pero… ¿cómo? Porque la paz se puede buscar y encontrar de maneras diferentes. No creo en el pensamiento único ni siquiera en esto; creo en la prevalencia de la propia conciencia a la Luz del Evangelio y en el seno de la Iglesia. Me pregunto…

Jesús no fue un melifluo buenista. Cristo fue valiente. Lo fue cuando, látigo en mano, expulsó a los mercaderes del templo. Látigo en mano para defender el Templo de Dios… Templo de Dios es la propia Tierra; Templo de Dios somos cada uno de nostros. Pero Cristo fue también valiente en su prendimiento; valiente y misericordioso curando la oreja de Malco… Humano sobreponiéndose al miedo en Getsemaní y divinamente misericordioso curando a Malco…

Sigo preguntándome. Pero lo que tengo claro es que mientras lo hago, mientras voy en busca de respuestas no paro de rezar. Por los muertos, por la paz, por encontrar una respuesta… No sé si alguno de vosotros tendrá o no las mismas dudas. Si es así os animo a que tampoco dejéis de rezar. Por Adel, por Safer, por vuestros seres queridos, por vosotros, por los asesinos. Rezar por la Paz. Rezar por encontrar las respuestas. Y rezar también por encontrar las preguntas adecuadas. Juntos, unidos, en comunión, rezando; en gerundio.

 

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Casado y padre de dos niñas. Misionero Laico del Santísimo Redentor. Scalando en Familia.

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Enrique Casanueva

Casado y padre de dos niñas. Misionero Laico del Santísimo Redentor. Scalando en Familia.

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Un comentario

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    Mmmm… Los cristianos somos, esencialmente, hombres de batalla, hechos para combatir una guerra dura e interminable. Lo que pasa es que no disponemos de las últimas tecnologías y avances del mundo, seguimos anclados en los métodos que vienen de antiguo: vestimos armadura (Efesios 6:13-18) que, en contra de lo que parece, es ligera para permitirnos toda libertad de movimientos. Porque nuestro comandante, el Señor de señores, es el mismo ayer que hoy, y lo será mañana también.

    “La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz” Romanos 13:12

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