YouTube: La relevancia está en la Vida

El panorama de la comunicación y las redes sociales ha girado hace tiempo hacia los vídeos. No es novedad, pero cuesta enormemente dar este salto. Implica la vida de forma decisiva, y nada tiene que ver con la capacidad que tenemos para escribir en blogs o pensar un mensaje para Twitter. Los nuevos creadores de contenido exponen su vida. Los jóvenes, y sólo hace falta prestar un poco de atención a qué dan importancia, escuchan con devoción a YouTubers y leen pocos o ningún artículo.

No se trata de vídeos, sin más. Pensar esto es poco menos que una enorme torpeza. Son personas que hacen algo, que actúan en el sentido de acción y no de teatralidad, que muestran y se revelan. Y, dicho sea de paso, esto tiene mucho de teológico, es decir de aquello que Dios ha hecho. Porque revelación no es transmitir un mensaje sino dejarse ver de frente, no simplemente de espaldas como en el Antiguo Testamento, sino Encarnado y viviendo. Revelación que es, inseparablemente, salvación, ofrecimiento, entrega.

Alguno pensará que estas preocupaciones son sólo para aquellos que trabajamos entre jóvenes y con ellos. Diría, muy sinceramente y con enorme preocupación, que no es así de ningún modo. Más bien se trata de atisbar ya ahora el mundo que viene para adelantarse de algún modo, sin dejar que la historia nos sobrevenga en lugar de participar en ella activamente. Palabras muy relacionadas con esta nueva forma de comunicación son: autenticidad, transparencia, creatividad, vitalidad. ¿A quién se le puede escapar esto?

Pastoral interna, evangelización externa

Cada tradición religiosa, por países o lugares, por familias o congregaciones, tiene sus palabras para hablar de esto. Pero el Concilio Vaticano II ya nos puso a todos en la exigencia, independientemente de cómo lo llamemos, de plantearnos la doble dimensión de la vida de la Iglesia: ad intra y ad extra.

Y es necesario plantear esto sin divisiones, sin los extremismos del “solo intra” ni el “solo extra“. Ni hay una iglesia, ni una parte de la iglesia que pueda dedicarse a una de las dos de forma casi exclusiva. Cabe recordar, y muy especialmente para la evangelización digital, que el gran anuncio se produce muchas veces en el “mirar cómo se aman“. No hay dos iglesias sino una sola (comunidad, cuerpo y templo) que goza anticipadamente del Reino de Dios y vive su encarnación y presente en la historia, que sabe además que es de salvación.

Pero referidos a la tarea que la iglesia lleva a cabo, considero que es bueno acostumbrarse a usar dos palabras relacionadas con su dimensión ad intra y ad extra. La primera podría ser pastoral, como referencia a la acción y cuidado de los ya iniciados. La segunda, evangelización. Aludiendo decisivamente a anunciar la Buena Noticia. Y aquí hay matices que hacer que son cruciales. Porque lo que pretende es generar un diálogo y discurso que no sea consumido, complacientemente o no, sólo hacia adentro. Porque en definitiva nos pregunta qué es lo mejor que cabe comunicar y entregar al mundo, y que quizá no conozca aunque lo esté buscando.

En este sentido nuestro lenguaje, comprensible y en la historia en la que estamos, es determinante. Nos hace cercanos o distantes, nos da la oportunidad de llegar o quedarnos a medias en la tarea. Pero no sólo el lenguaje como palabra, también como forma de comunicar. No cabe duda que una excelente conferencia leída con o sin pasión cambia totalmente, con o sin humor, con o sin interrupciones para las notas a pie de página, con o sin testimonio creíble.

Un apunte más, que sí cae del lado de nuestra responsabilidad, será por tanto conocer (y amar) a quienes queremos hablar. No sólo hacer un perfil de su situación, sino profundizar y escuchar auténticamente lo que viven. Y aquí se da un misterio primero de comunión y acercamiento, que nos sitúa como dialogantes fuera de los marcos habituales. Alejados de los dogmatismos no suficientemente pensados por ambos, curando de algún modo un primer enfrentamiento, que no conviene negar. La iglesia, cada cristiano y muy especialmente en algunos lugares, debe situarse conociendo que el prejuicio habitual y la sospecha de la secularización suponen la negación de todo interés antes de toda relación.

Y una última nota. Si bien evangelizar tiene que ver con un testimonio anónimo, que siembra por donde pasa sin ser consciente ni de la siembra ni del terreno, también hay que reconocer que el evangelio de Juan presenta episodios maravillosos de encuentros de Jesús con varias personas en las que el corazón se transforma. Hay dos vertientes, dos acciones y actitudes necesarias. La que se refiere a la cultura en general y la de cada persona, única en particular.

 

 

10 palabras esenciales del #iCongreso17

II Congreso de iMision sobre evangelización digital. Muy centrado en estrategias, con ponencias, experiencias y talleres que han ofrecido una panorámica potente y actual de la situación y futuro.

  1. Salir.Varias voces, durante el Congreso invitaron a pensar si los proyectos de evangelización que decimos llevar entre manos se quedan “entre los nuestros” o son capaces de “salir al encuentro del otro”.
  2. Emocionar. Hacer la verdad emocionante. No quedarse en lo declarativo y pasar a ese diálogo que se hace de corazón a corazón. Los ejemplos de éxito en este ámbito dan nuestra de la sed que hay de…
  3. Autenticidad. ¡Claro que sí! Después de un tiempo de experiencia digital, de más de una sorpresa o fiasco, descubrimos que es clave vivir en autenticidad en la red. Así es como el Papa Francisco ha revolucionado la comunicación eclesial. Muestra quién es, cómo es, qué hace…
  4. Claridad. Un buen mensaje no se mide por la preparación del “emisor”, sino más bien por la claridad con la que el “receptor” lo comprende e interpreta. La sencillez alcanza a todos. Vivimos tiempos minimalistas, también en este campo.
  5. Planificación. Todo debería partir de la pregunta para qué estamos en la red y qué buscamos. De ahí nacerán posteriores decisiones tanto en el espacio que ocupamos, como los temas y el lenguaje tratados.
  6. Presencia. Comprendemos que se trata de habitar la red y hacerlo de modo significativo, que indique y señale algo, que no se quede en sí mismo como proclamaración autorreferencial.
  7. Cooperación. Fue muy iluminadora y potente la conferencia sobre inteligencia compartida, como exponente y transformación de la red. A pesar de las herramientas nos faltan hábitos de cooperación y estrategias que faciliten el aprendizaje regulado. Sin duda, un camino hacia la comunión, no sólo hacia la toma de decisiones conjuntas.
  8. Conversación. La red, desde el inicio, está más en la interacción que en el unilateral compartir. Las estrategias deben encaminarse a este objetivo, por lo que deben enganchar y despertar algo en quien recibe que le lleve a salir del cómodo anonimato del consumismo digital.
  9. Probar. Es tiempo de experiencias, de nuevas experiencias. La velocidad y alcance de la red, que se genera a sí misma y va girando hacia puntos clave como el uso de vídeos, nos lleva a plantear la necesidad de lanzarnos y seguir dando pasos valientes.
  10. Revisar. Contrastar, especialmente con las personas con las que decimos querer hablar de manera preferencia. Dialogar para recibir, para aprender, para corregir, para adaptar. No con números simplemente, también a través de la calidad y el análisis cualitativo.

Gracias nuevamente a la organización por semejante trabajo, a los participantes que dejaban los móviles guardados en los pasillos, a los ponentes y talleristas, y a los voluntarios. El iCongreso es, sin duda, motor de novedad en la Iglesia y una formación que nos prepara y responsabiliza para la misión evangelizadora. ¿O acaso no os ha emocionado nunca un vídeo de YouTube, un tweet, un podcast?

Responsabilidad como cristiano en red

Ser cristiano es un don. En la red, además, encuentras formación, comunión, ayudas para una espiritualidad cotidiana, y muchos retos. Pero también es una responsabilidad enorme, porque de algún modo nos convertimos, igual que en la vida cotidiana, en imagen de aquello que hablamos, compartimos, vivimos. Puede que nuestro perfil sea para muchos casi el único trato que tienen con la iglesia, la religión e, incluso, Dios. Así planteado da vértigo verse. Sería bueno incluso sentir un cierto peso. Se trata de la responsabilidad de la misión, que todo cristiano está llamado a vivir con intensidad y a no descuidar nunca. Evangelizar empieza aquí.

Una primera y esencial responsabilidad es, y no conviene pasarlo por alto, respecto a uno mismo. Un tweet es una acción y como tal, saliendo de nosotros mismos tiene también  repercusión e impacto. Por tanto, capacidad de mejorar y hacernos avanzar, o empeorarnos dando por sentado que, por ejemplo, ya hemos llegado a la meta, tenemos (o somos) la verdad máxima como cristianos y del mismo cristianismo.

Te propongo en este sencillo post que examinemos juntos, y nos miremos, en torno a cinco grandes cuestiones a revisar continuamente, a actualizar una y otra vez:

  1. Responsabilidad estética.Qué imagen proponemos del cristianismo, cómo comunicamos su belleza. Lo primero que se ve, la apariencia que comporta una imagen y lo que a su vez transmite y hacia lo que orienta. Qué imaginario, por tanto, hay detrás de nuestras publicaciones, o incluso el mismo perfil, que es de todo lo que hay en la red lo que más permanece y nos hace visibles. De qué modo, por tanto, hacemos visible el cristianismo en el mundo de hoy. Porque una imagen atrae y pregunta, mientras otras pueden repeler y ser causa de rechazo y lejanía.
  2. Responsabilidad ética. Es decir, respecto del bien, de aquello en lo que asentamos nuestra existencia y la dirige. Las redes sociales también cuenta en qué se fundamenta la vida de las personas, cuáles son sus preocupaciones más intensas y cómo tratan los problemas radicales de nuestro tiempo. Un aspecto muy relevante, olvidado con frecuencia, es que las redes sociales constituyen un espacio principalmente público, y que por tanto reflejan la pluralidad y la diversidad de las sociedades modernas. Llamamos a encontrarnos por tanto y construir ámbitos de convivencia comunes, en los que sea posible el encuentro y el acercamiento. Sin embargo, esto no significa ni puede ser motivo para rebajar la intensidad y la radicalidad de la vida cristiana, sin que esto signifique de ningún modo extremismos. Respecto a esto cabe decir que una ética que se vive como obligación personal, con alegría y entusiasmo, se diferencia mucho de aquella que se vuelca sobre los otros como exigencia o reproche.
  3. Responsabilidad teológica. Una cuestión fundamental, en la que reparamos, pese al mandamiento que nos obliga a no usar el nombre de Dios en vano y caer en idolatrías que dicen estar delante de Dios pero más que nada se apoderan de Él haciéndolo “a la medida”. El Dios cristiano es inabarcable, profundo misterio que se ha dado a conocer, que está a disposición del ser humano muy especialmente en la persona de Cristo, y del que, paradójicamente, somos capaces. Siempre medriocremente, nunca de forma absoluta y total. Cuando en las redes sociales hablamos de Dios, ¿no deberíamos ser radicalmente prudentes? En ocasiones, dicho sea de paso, no hace falta nombrarlo para hacerlo presente. También cabe la posibilidad de preguntarse, en la misma línea, cómo se hace presente Dios mismo a través de mí, y mis redes sociales por tanto, y no tanto cómo yo lo hago a Él presente.
  4. Responsabilidad eclesial. Una tensión más, que nuestra época vive con cierto rechazo. La imagen pública de la Iglesia, denostada en ciertos lugares más que en otros, compete a todo cristiano, aunque se vive particularmente con mayor responsabilidad por parte de aquellos que desean caminar más cerca de Cristo, con un compromiso visible mayor. Nadie es la Iglesia, ninguna persona, y sin embargo todos los cristianos formamos parte de su Cuerpo. ¿Cómo vivimos esta realidad, de la que nos hacemos responsables? ¿Cómo situamos a la Iglesia, y dónde, en el espacio digital? Esta responsabilidad también incluye no sólo el ser portadores de la Iglesia allí donde está incluso mal vista, sino la necesidad de construir redes internas, diálogo interno y fraternidad cristiana digital. De esta última muchos somos los que podríamos hablar a estas alturas, tanto de lo que nos ha aportado como del trabajo constante y la atención que requieren estas nuevas relaciones.
  5. Responsabilidad evangelizadora. Las redes sociales abren una oportunidad nueva, nunca antes conocida, para la difusión de mensajes y palabras. Algo que ha sabido ver muy bien la Iglesia, en su potencial alcance para llegar a las periferias y evangelizar, es decir hacer llegar una Palabra de vida a aquellos que se encuentran sumidos en cierta indiferencia religiosa o en el relativismo propio de la época. Evangelización que, de ningún modo, cabe hacer a martillazos o con spam, mostrando lo que otros no quieren ver, y que puede dar un paso adelante conectando con las necesidades profundas del corazón del hombre y las preocupaciones existenciales y sociales de nuestra época. Una responsabilidad ésta que muchos cristianos han asumido, quizá también escudados en una distancia y anonimato que se vuelve a la postre tentación y distancia. La evangelización en las redes será por contacto personal, o no será. El resto, muy valioso, se encuadra dentro de la pastoral y el cuidado del camino de los cristianos ya de algún modo iniciados. Pero evangelizar, como ir en actitud de misión, implica necesariamente un salir, un dejar, un primerear, un abandono y mucha confianza.

Evangeliza tu persona, no tus contenidos

Planteemos en serio esta cuestión: ¿Crees que tiene fuerza evangelizadora en internet una charla estupenda que des sobre, por ejemplo, el Padrenuestro? ¿Quién crees que abrirá ese contenido para leerlo, escucharlo o prestarle atención? ¿No estará más destinado todo esto a las personas que ya creen y, entre estos, aquellos que tienen cierto interés y les preocupa? ¿Conseguirá llegar a los alejados, alcanzará a quienes viven en las periferias, en los márgenes de la religiosidad? La respuesta general, a la que caben excepciones, es NO.

Por el contrario, ¿qué puede llegar a otros, qué se consume principalmente en internet por aquellos que buscan, que están abiertos, que manifiestan una cierta inquietud respecto de su existencia? ¡La vida de otras personas! Piénsalo. Un entorno en el que se puede compartir la vida, y una vida auténtica no una vida “postureada” o teñida de color, es la que más evangeliza, porque es aquella que puede conectar, generar empatía despertar verdadero interés en el otro. Lo específico religioso, en muchos casos, se queda para “consumo interno” de los creyentes. ¡Ojo, que también es importante, que también estamos necesitados de testimonio, de profundización y de verdad que aliente nuestra vida!

Sin embargo, si quieres llegar a otros, si quieres transmitir algo más allá de lo que comúnmente se practica, ¡será tu vida el mejor, casi único cauce para esta transmisión! No hace falta ni que citemos textos, basta con ver lo que sucede en la red. En este sentido, las redes sociales ofrecen un entorno, un marco incomparable para hacer una propuesta realmente vivida. No una propuesta o mensaje para que otros vivan, sino una propuesta de vida fundamentada en el Evangelio, en el Señor.

Compartir vida, lo mejor de la vida o lo más cotidiano e insignificante, sin que por eso ambas cuestiones se excluyan, ya es una forma de interpretar el mundo entero, de dar a conocer dónde se encuentra alegría y vida en abundancia. Una foto, un encuentro, una experiencia, un pequeño vídeo… ¡muestra en qué te fijas y hoy puede llegar al mundo entero!

 

Facebook Stories, una oportunidad para la evangelización

¿Por qué debes plantearte, como #iMisionero, usar con frecuencia y bien Facebook Stories? Te brindo 5 razones de peso para hacerlo, que espero que te ayuden a entenderlo y te animen a aprovechar esta oportunidad inusual en las redes sociales:

  1. Ocupa un lugar muy especial. Si te has dado cuenta, en la parte superior aparecen las personas que se han lanzado a usar Stories. De momento son pocas, casi un desierto. De modo que si te atreves, ganarás visibilidad en tu entorno de Facebook.
  2. Aporta personalidad a tu red. Son imágenes y vídeos, no te recomiendo usarlo de otro modo. De modo que nos ayuda a entender que quienes evangelizamos, con lo más cotidiano, somos nosotros. Es una oportunidad para la transparencia, para la naturalidad, para dejarse conocer y ofrecerse a mayores diálogos y encuentros.
  3. Un nuevo lenguaje, muy joven. Como bien sabrás, esta idea no es original de Facebook, sino que proviene de Snapchat. En Instagram también se ha integrado con éxito. Son los más jóvenes quienes mejor se manejan con estos entornos tan efímeros. Lo publicado dura sólo 24 horas. Quizá muy ingenuamente, pero son quienes más fácilmente utilizan estas aplicaciones. ¿Por qué no aprenderlo? Si lo haces con intención evangelizadora, por favor piensa también en los otros, en aquellos a quienes va dirigido el mensaje.
  4. Alta interacción con otros usuarios. Puedes escuchar a otros fácilmente y responder a sus contenidos de varios modos: con “likes” (y similares) pulsando en la imagen o vídeo, o responder a lo que escriben. Esta relación incrementará también tu presencia en la red. Sin lugar a dudas diría que son los nuevos chats y están llamados a ocupar cada vez más espacio en la red. La interacción es fundamental.
  5. Se aprende fácil. No tiene ningún misterio, de verdad. Es más sencillo de lo que parece. El reto, a decir verdad, es el compromiso que se adquiere. Pero en sí misma se puede investigar en 10 minutos y desvelar todos sus secretos. Siempre recomendaré en esto preguntar a quien ya lo usa, especialmente a los más jóvenes.

Ojalá estas claves te hayan despertado curiosidad. ¡Que esa para bien!

¿Hay una competición entre las distintas redes sociales?

Hace unos años -tampoco pueden ser muchos- el panorama era más reducido. El número de redes sociales que entraban en la gran “competición” por ganar usuarios se repartía con un cierto equilibrio. Nuevos proyectos eran absorbidos por estas grandes compañías de las nuevas comunicaciones. Si no es posible su compra, sí lo es su imitación. Facebook ha sabido incorporar en su universo gran parte de los aciertos de los competidores, lo cual ha dejado a Twitter por detrás. Sin embargo, quedan todavía “batallas por librar”.

Lo interesante, a la hora de estudiar estas cuestiones, es el horizonte que marcan para un futuro próximo.

  1. ¿Quién ganará como plataforma de vídeos elaborados? Está claro que la delantera, estratégicamente posicionada, la lleva YouTube. Lo que en su tiempo era “mero” repositorio de vídeos que podían ser reproducidos universalmente ha pasado a convertirse en una auténtica red social. Cada año crece el número de horas destinadas al consumo de vídeos. Y lo que es más importante, también despunta el número de personas interesadas en crear contenidos de alta calidad en sus canales. Facebook es el espacio preferente en el que se comparten estos vídeos, su canal de distribución principal. Lo cual, si bien hace a Facebook ganar entradas, lo cierto es que termina por “sacar” de su entorno a los usuarios. En resumidas cuentas, Facebook está muy interesado en revertir esta tendencia de modo que busca atraer usuarios de calidad que también piensen específicamente en Facebook como espacio para sus vídeos. El algoritmo va siendo progresivamente modificado en esta dirección.
  2. ¿Quién se dominará en el mundo del directo? Otra de las grandes cuestiones, vinculada últimamente a la necesaria caducidad de estos productos. Supongo que es más que evidente que todos, sin excepción prácticamente si no contamos a YouTube, andan copiado el acierto de Snapchat, que por otro lado no deja de crecer. ¿Os suenan los “Instantes” de Instagram? Pues tres cuartas de lo mismo. Vídeos pequeños, en los que se incorporan elementos “sencillos” de Realidad Aumentada. Este será un enorme espacio de futuro. De nuevo, Facebook mejor que ninguno diría yo, potencia decididamente su uso nativo en su red. ¿O no te ha saltado todavía el vídeo de un amigo mientras mirabas otras publicaciones? Con la ventaja, dicho sea de paso, de la posibilidad de almacenarlo, como también hiciera Periscope (de Twitter). Ganar este espacio es el primer punto a favor para posicionarse bien en una red de comunicaciones virtuales que incorpore la imagen, y no sólo la voz.
  3. ¿Quién triunfará en cuanto a calidad de usuarios? El tiempo de la búsqueda masiva de usuarios, pasó. Está claro que el contenido de calidad atrae más que el mucho contenido, y que a su vez garantiza prestigio y posición. La marca de cada red social va asociada a un enorme número de usuarios, que además publican en distintas plataformas y estudian de dónde provienen sus mejores resultados estratégicamente. De modo que cada red, a su manera, busca atraerlos mejorando ofertas. Que estos usuarios pierdan interés por una red es una verdadera tragedia.
  4. ¿Quién se quedará con el impacto social y político? Aunque es cierto que cada lugar, cada país se posiciona de un lado o de otro, es cierto que la estructura organizativa de una red potencia o disminuye su impacto real en el entorno. No se puede esperar gran cosa de Snapchat, por su interés en lo privado y personal. Sin embargo, guste o no, el mundo está asistiendo a través de Twitter a cómo el presidente de una de las grandes potencias mundiales comenta la actualidad con sus mensajes cortos. Pero no es el único. Ni políticos ni organizaciones sociales se quedan al margen de su poder. De hecho, en el resumen que cada año ofrece Twitter de “lo más” es fácil comprobar cómo las grandes causas mundiales aparecen reflejadas en su Top10.
  5. ¿Quién se quedará con lo lúdico? Los videojuegos, de momento un tanto al margen de las grandes redes sociales, están en el punto de mira. Es un mercado claramente al alza, que no deja de aumentar en inversión, calidad y resultados. De momento, en muchas redes los usuarios reconocen que son alivio para su aburrimiento y que, más que jugar, entablan conversaciones y consumen contenidos que sirven de ocio. ¿Cuántas horas puedes pasar viendo vídeos cortos en Facebook? ¿Cómo será el ocio en el futuro, ligado a las prácticas que van creciendo con adolescentes y jóvenes? ¿Qué entenderemos por “diversión digital” (por no decir “alegría digital”): una forma de evasión, de conexión nueva con la misma realidad de siempre, un ocio creativo, un espacio de relaciones?

¿Católicos enfrentados en las redes sociales?

Algo que siempre alabo de las redes sociales es la posibilidad de proximidad y cercanía. Disponemos de espacios abiertos en los que no es difícil encontrarse, conocerse y profundizar. De modo que el primer contacto puede derivar, como siempre y en todo momento de la historia, en simpatía o su contrario.

También en lo religioso podríamos hablar precisamente de lo mismo. Los católicos coinciden, hablan y comparten. Y de ahí derivan con frecuencia algunas diferencias, no siempre insalvables, pero de algún modo incómodas.

  1. Nos hace bien aproximarnos a la diversidad de la Iglesia. Diversidad de sensibilidades, de espiritualidades que por lo general siempre se han tenido como riqueza de la Iglesia y sus carismas. Diversidad de historias y caminos, en los que sería preocupante mantenerse incólume e inmóvil. Diversidad de miradas, de experiencias, de preocupaciones que reflejan la vida particular de “las iglesias” y los cristianos llamados a la comunión. Diversidad, en definitiva, reflejo de la grandeza y amplitud de una misma iglesia que convoca a todos.
  2. Nos hace mal, mucho mal, la división. Fractura y desmembramiento que es fácil percibir como toma de postura antes incluso del diálogo, que impide la escucha, la acogida y el respeto mutuo. También la búsqueda común del bien y de la verdad. La división se expresa en el alegato, poco humilde y excesivamente pretencioso, de la identificación de uno mismo con el bien y la verdad, o con demasiado bien y verdad.
  3. Nos hace bien, mucho bien, darnos la palabra. Primerear, ese neologismo que aparece en “La alegría del evangelio” (EG), dentro y fuera de la Iglesia en este continuo diálogo, que las redes sociales expresan a las mil perfecciones. Una oportunidad, por tanto, para la atención al otro, en ocasiones no tan distinto pero con otros lenguajes y particularidades, que en nada suelen empañar la abundante vida regalada a la Iglesia. Quizá el mejor modo de dar la palabra esté antes incluso de la formulación de la pregunta, en la escucha de la pregunta ajena.
  4. Nos hace mal, mucho mal encerrarnos en debates estériles. Aquellos cuyos frutos son inexistentes, provocan mayores resistencias y enfrentamientos, consolidan la dureza del corazón y mantienen a las personas esclavas de sus propias opiniones. Identificar claramente este tipo de asuntos es esencial. Entrar directamente a hablar de ellos, sin antes haberse escuchado en otras cuestiones, no conduce a ningún lugar.

Estamos forjando, casi inaugurando, la presencia de la Iglesia en el continente digital. Aquí todos somos tan nuevos que no aprender, reformular y seguir haciendo camino y misión es una postura del todo ingenua. Antes al contrario, visto lo que hay y el ritmo constante de crecimiento y expansión tenemos ante nosotros una continua oportunidad de responder a aquella indicación esencial en el cristianismo: Hago nuevas todas las cosas.

Inmediatamente dejaron las redes

Es asombroso leer el Evangelio con significados actuales. Mientras leía el texto de hoy, resonaba en mí la frase del título: “Inmediatamente dejaron las redes”, como si se tratara no de los aparejos del pescador, sino los enredos que trae consigo Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, YouTube… Muchos hoy dejan, efectivamente, las redes por cansancio, por presión, por malas experiencias. Pero aquí bien sabemos que se trata de algo muy diferente, de una llamada, de una vocación, de un requerimiento muy personal.

Quizá sea también importante leer, escuchar esta Palabra hoy entre los iMisioneros. Deja las redes y ven conmigo. ¿Estamos dispuestos a apagar, a dejar inmediatamente, a desconectar? ¿Cómo respondemos hoy, enviando un mensaje o con la vida misma? Dejar, tal y como se pronuncia hoy en el Evangelio, no es tanto una renuncia como una liberación. Las redes también atan, es una necesidad dejarse liberar de ellas, ser libre en ellas. ¡Su llamada nos hace libre!

En su conjunto se produce una transformación que no se nos puede escapar. Hay más redes, que no se nombran. Las cosas dejan de situarse en primer plano, las personas cobran relevancia. Detrás de “pescadores de hombres” hay una novedad inaudita hasta entonces, en la que siempre cabe volverse a mirar. La persona, no las redes, es lo primero. No yo, sino el otro.

Acompañar al Maestro en el continente digital conlleva esto, resituarlo todo, reordenar el conjunto, dar prioridad a lo único importante. La respuesta de Simón, de Andrés, de Santiago y de Juan reclaman nuestra docilidad y agilidad. “Inmediatamente” dice hoy mucho, siendo tantas cosas instantes que llevan a otros instantes. Hablar así con la propia vida, al segundo y en respuesta.

Ser creíble en Instagram

Instagram es el reino de los jóvenes, y son muy exigentes con los adultos que aceptan. En un tiempo fue de los más jóvenes, pero ahora han crecido. Con el empuje de Stories, esta red se une a la pujanza digital que propicia el diálogo y el trato personal en detrimento de la preocupación de los asuntos públicos. No es buen lugar para los debates ni el diálogo. Se consumen imágenes de pasada y todo continúa su ritmo. Salvo el intercambio de mensajes privados.

En este contexto, retomo la pregunta por la credibilidad. No hace mucho que esta palabra formaba parte del análisis esencial de la Iglesia sobre su presencia en el mundo, aquí continente digital. Ya sabemos que no es cuestión de imagen, como estamos viendo. Lo cual es muy interesante al cruzar esta cuestión con redes como Instagram, tan centradas en lo visual.

  1. Tu imagen no es todo. La presentación de uno mismo en la red no se reduce, ni de lejos, a la imagen seleccionada del perfil. Dice más de alguien sus últimas imágenes, lo que se puede leer y entender en las últimas nueve fotos que se ven en conjunto. ¿Qué es lo que revelan? ¿Coherencia, unidad, dispersión, falta de criterio, espontaneidad, interacción?
  2. La calidad de los seguidores. No la cantidad, sino la interacción y la participación. Cuando ves que otras personas son asiduas en la relación, algo dice que lo que hay detrás es interesante. Las personas que dan credibilidad con su propia palabra y testimonio hacen mucho más creíble lo que antes pudiera ser sólo un perfil.
  3. Primer contacto y respuesta. Hubo un tiempo en el que era habitual agradecer cada una de las nuevas relaciones (seguidores) e interacciones. Algunos se dedicaban semanalmente a hacer revisión de los más fieles o activos y dejarlo claro, por ejemplo, el viernes. Era un premio, un primer contacto. Hoy no se estila esta frecuencia, pero sí marca la diferencia el ser capaz de dar el primer paso de forma personal.
  4. El premio a la constancia. Aprendí de los jóvenes que, de forma casi natural son una especie de CM con grandes resultados, que el mejor ritmo es una foto al día, pero mucha más interacción en otros campos. Ritmo fijo, equilibrado, casi a la misma hora, la de los suyos. Compartir y recibir se da al mismo tiempo. Hoy esta cadencia equilibrada, por el peso del algoritmo y su selección, es mucho más importante de lo que pensamos. Quedarse oculto una semana supone después un reto de recuperación no siempre accesible.
  5. Valorar, hacerse presente. Dicho de otro modo, salir sin esperar. Pero no valorar sin discreción, como dando “like” a cualquier cosa sin importar nada más. Dar valor a todo es lo mismo que no darlo a nada. Seleccionar, cribar, emparentar, emparejarse, vincularse personalmente. Estar, de algún modo, también para otros sin esperar pasivamente.
  6. Aprovechar lo nuevo. Adelantarse de alguna manera. Lo nuevo hoy es Stories,  copiado de Snapchat, mañana no sabemos. Y dentro de Stories, el vídeo en directo, copiado a su vez de Periscope. Para muchos un reto por el asalto a la intimidad, por la exposición que supone verse hablando a una pantalla simplemente a la espera de que alguien se conecte, diga algo y no se vaya. En estos vídeos somos más reales y cotidianos que en muchas de las fotos elaboradas que se cuelgan. Ahí estamos, disponibles, al principio aguardando alguna forma de resultado. Pero estamos, seguimos, aprendemos.
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