Inmediatamente dejaron las redes

Es asombroso leer el Evangelio con significados actuales. Mientras leía el texto de hoy, resonaba en mí la frase del título: “Inmediatamente dejaron las redes”, como si se tratara no de los aparejos del pescador, sino los enredos que trae consigo Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, YouTube… Muchos hoy dejan, efectivamente, las redes por cansancio, por presión, por malas experiencias. Pero aquí bien sabemos que se trata de algo muy diferente, de una llamada, de una vocación, de un requerimiento muy personal.

Quizá sea también importante leer, escuchar esta Palabra hoy entre los iMisioneros. Deja las redes y ven conmigo. ¿Estamos dispuestos a apagar, a dejar inmediatamente, a desconectar? ¿Cómo respondemos hoy, enviando un mensaje o con la vida misma? Dejar, tal y como se pronuncia hoy en el Evangelio, no es tanto una renuncia como una liberación. Las redes también atan, es una necesidad dejarse liberar de ellas, ser libre en ellas. ¡Su llamada nos hace libre!

En su conjunto se produce una transformación que no se nos puede escapar. Hay más redes, que no se nombran. Las cosas dejan de situarse en primer plano, las personas cobran relevancia. Detrás de “pescadores de hombres” hay una novedad inaudita hasta entonces, en la que siempre cabe volverse a mirar. La persona, no las redes, es lo primero. No yo, sino el otro.

Acompañar al Maestro en el continente digital conlleva esto, resituarlo todo, reordenar el conjunto, dar prioridad a lo único importante. La respuesta de Simón, de Andrés, de Santiago y de Juan reclaman nuestra docilidad y agilidad. “Inmediatamente” dice hoy mucho, siendo tantas cosas instantes que llevan a otros instantes. Hablar así con la propia vida, al segundo y en respuesta.

Ser creíble en Instagram

Instagram es el reino de los jóvenes, y son muy exigentes con los adultos que aceptan. En un tiempo fue de los más jóvenes, pero ahora han crecido. Con el empuje de Stories, esta red se une a la pujanza digital que propicia el diálogo y el trato personal en detrimento de la preocupación de los asuntos públicos. No es buen lugar para los debates ni el diálogo. Se consumen imágenes de pasada y todo continúa su ritmo. Salvo el intercambio de mensajes privados.

En este contexto, retomo la pregunta por la credibilidad. No hace mucho que esta palabra formaba parte del análisis esencial de la Iglesia sobre su presencia en el mundo, aquí continente digital. Ya sabemos que no es cuestión de imagen, como estamos viendo. Lo cual es muy interesante al cruzar esta cuestión con redes como Instagram, tan centradas en lo visual.

  1. Tu imagen no es todo. La presentación de uno mismo en la red no se reduce, ni de lejos, a la imagen seleccionada del perfil. Dice más de alguien sus últimas imágenes, lo que se puede leer y entender en las últimas nueve fotos que se ven en conjunto. ¿Qué es lo que revelan? ¿Coherencia, unidad, dispersión, falta de criterio, espontaneidad, interacción?
  2. La calidad de los seguidores. No la cantidad, sino la interacción y la participación. Cuando ves que otras personas son asiduas en la relación, algo dice que lo que hay detrás es interesante. Las personas que dan credibilidad con su propia palabra y testimonio hacen mucho más creíble lo que antes pudiera ser sólo un perfil.
  3. Primer contacto y respuesta. Hubo un tiempo en el que era habitual agradecer cada una de las nuevas relaciones (seguidores) e interacciones. Algunos se dedicaban semanalmente a hacer revisión de los más fieles o activos y dejarlo claro, por ejemplo, el viernes. Era un premio, un primer contacto. Hoy no se estila esta frecuencia, pero sí marca la diferencia el ser capaz de dar el primer paso de forma personal.
  4. El premio a la constancia. Aprendí de los jóvenes que, de forma casi natural son una especie de CM con grandes resultados, que el mejor ritmo es una foto al día, pero mucha más interacción en otros campos. Ritmo fijo, equilibrado, casi a la misma hora, la de los suyos. Compartir y recibir se da al mismo tiempo. Hoy esta cadencia equilibrada, por el peso del algoritmo y su selección, es mucho más importante de lo que pensamos. Quedarse oculto una semana supone después un reto de recuperación no siempre accesible.
  5. Valorar, hacerse presente. Dicho de otro modo, salir sin esperar. Pero no valorar sin discreción, como dando “like” a cualquier cosa sin importar nada más. Dar valor a todo es lo mismo que no darlo a nada. Seleccionar, cribar, emparentar, emparejarse, vincularse personalmente. Estar, de algún modo, también para otros sin esperar pasivamente.
  6. Aprovechar lo nuevo. Adelantarse de alguna manera. Lo nuevo hoy es Stories,  copiado de Snapchat, mañana no sabemos. Y dentro de Stories, el vídeo en directo, copiado a su vez de Periscope. Para muchos un reto por el asalto a la intimidad, por la exposición que supone verse hablando a una pantalla simplemente a la espera de que alguien se conecte, diga algo y no se vaya. En estos vídeos somos más reales y cotidianos que en muchas de las fotos elaboradas que se cuelgan. Ahí estamos, disponibles, al principio aguardando alguna forma de resultado. Pero estamos, seguimos, aprendemos.

2 canales de YouTube de sacerdotes sobre espiritualidad

YouTube es un espacio que deberíamos tomar muy en serio. Porque es la fuente casi principal de información para muchos, porque es un espacio de escucha en el que muchos buscan sus preguntas, es decir quieren encontrar respuestas. No se trata sin más de índices de audiencia o modas, sino de tomar el pulso a la humanidad en sus preocupaciones y saber estar bien donde los jóvenes y no tan jóvenes están.

Algo que destacaría en común de ambos es que nos hablan desde su habitación, con la sencillez que les caracteriza, como también otros hacen. Es su hogar, su espacio símbolo de su propia vida. No cuentan lo que no viven, sino que aprovechan YouTube para dar testimonio de su alegría, compartiendo el Evangelio.

1. Daniel Pajuelo, sacerdote de la Compañía de María @smdani

Con un canal recién abierto sobre espiritualidad, pero haciendo bien el bien, trabajando los medios. Como ya sabéis, ingeniero informático y educador en el Colegio Amorós, entre otras muchas responsabilidades y tareas. Comprobaréis que trabaja los vídeos, que detrás de ellos hay preparación y estudio, oración y deseo de hacer bien a otros. ¡Este es sólo uno de sus proyectos en la red!

Su primer vídeo fue sobre el origen del mal

El segundo sobre las fases del mal

¡No pares!

2. José María R. Olaizola, sacerdote de la Compañía de Jesús @jmrolaizola

Jesuíta. En su experiencia digital hablamos de grandes proyectos como pastoralsj.org y rezandovoy.org. Habla con mucha sencillez y ha ido ganando en “profesionalidad” en su empeño por hacer bien el bien. Toca temas de actualidad y, como es su costumbre, los resitúa y orienta.

Resistencia es su vídeo (si no me equivoco, si no cambian las cosas esta misma noche) más visto.

Y éste es su último vídeo, sobre la libertad.

 

3 sacerdotes que graban sus homilías en YouTube

YouTube es impresionante. Está lleno de vida. No sólo para los más jóvenes y sus vídeos, también para quienes quieren encontrarse con el Señor y escuchar su Palabra. No en vano es el segundo buscador más grande del mundo. En el que podemos encontrar casi de todo.

Quizá no se te haya ocurrido nunca buscar “homilía” en YouTube. O similar. Te darás cuenta entonces de la enorme riqueza que hay. Yo te presento tres canales hoy que llevan sorprendiéndome gratamente de un tiempo a esta parte.

Sólo queda decir que ojalá más se sirvan de estos medios.

1. Vicente Esplugues

Es misionero del Verbum Dei, vive en Madrid. Su parroquia está junto a la A2, “Nuestra Señora de las Américas”. Si quieres saber más de él, lo puedes encontrar en Twitter: @VicenteSplugue. Simpático, directo, alegre. Aquí te dejo una de sus homilías.

2. Franciscanos de María

No sólo graba sus homilías, sino que transmite la celebración entera. El P. Santiago Martín, franciscano de María,  habla con claridad y sencillez. También el P. Javier Martín participa de esta iniciativa. Su parroquia también está en Madrid, “Virgen Madre”, junto a la M40. En su canal Homilías y Catequesis Católicas encontrarás muchas palabras sugerentes.

3. Obispo Munilla

¡Qué alegría nos da saber que también un obispo se lanza a los medios y nos acompaña de esta manera! Munilla ha sabido leer como pocos estos signos de los tiempos, siempre preocupado por los medios de comunicación con apertura y buscando el encuentro. Por supuesto, tiene Twitter: @ObispoMunilla

Dios en Google

Ayer Google cumplió 18 años. Y con motivo del aniversario busqué la palabra “Dios” en Google Trends. El resultado es la imagen que pongo en portada. Como veis, bien podemos hablar de un interés creciente. Es una búsqueda consolidada y relevante, que no sólo se mantiene en el tiempo sino que es una “búsqueda popular”. Google otorga a las búsquedas un valor estadístico de popularidad, siendo el máximo 100 puntos. El último resultado de esta estadística es 98. ¡No digo más!

Otra cuestión, no menos interesante, es ver con qué términos se asocia. Quizá rastreando en la parte inferior nos aporte claridad. Pero he vuelto a Google, a la barra típica, y he ido haciendo preguntas sobre Dios:

  • Si escribo “Por qué Dios…” se autocompleta con 5 resultados (en mi zona), que son: … permite el sufrimiento, … creó al hombre, … permite el mal, … te hizo tan bella, …no existe. Independientemente de lo que cada cual pueda encontrar, las preguntas son muy interesantes. Se relacionan directamente con el sufrimiento humano, son muy existenciales.
  • Si escrito “Quién es Dios…” encuentro: … padre, … para ti, .. para mí, … según la Biblia, … hijo. De nuevo, búsquedas en las que se notan preocupaciones personales, mezcladas esta vez con dogmática. Y resulta interesante ponerse en el lugar de alguien que quiere encontrar respuestas sobre quién es Dios para otros, e incluso pregunta a Google “Quién es Dios para mí”. Me imagino diversas circunstancias en las que alguien puede hacerlo. Es parte de nuestro tiempo.
  • Si escribo “Dios quiere…”, me quedo sin palabras al autocompletarse: … que todos los hombres se salven, … ayudarte, … que seas feliz, … lo mejor para ti, … que seamos felices. ¡Google lo tiene claro! ¡Esta es la línea!
  • Entre otras cosas, he terminado mis búsquedas con “Dios busca…” ¡Te invito a que encuentres tú mismo la respuesta.

Más allá de todo esto, y de lo que puede significar, sabemos que Google dice que es un buscador pero realmente tendríamos que decir que es un “respondedor“. ¿Con qué se encontrará la gente que esté necesitada de una palabra.

Nos vemos en Twitter: @josefer_juan

3 formas de hablar con jóvenes en las redes sociales

No hay nada mejor como hablar con un amigo para tener las cosas claras. No hablo de jóvenes, sino de mi experiencia esta tarde con Dani (dos Dani en la misma tarde). Intercambiar opiniones e ideas, mirar en la misma dirección, sentir que hablas con alguien a quien también le preocupa el mundo y los jóvenes.

Las redes sociales están masivamente ocupadas por jóvenes. Pero no todas por igual. En unas su presencia es meramente testimoninal, en otras cualquier notificación se convierte para ellos en alerta, en llamada, en reclamo. Da igual qué estén haciendo en ese momento, les pica el gusanillo de qué habrá ocurrido. Si se alejan mucho del teléfono en alguna circunstancia, sienten una pérdida descomunal.

Por otro lado, añadir que cualquier reducción de una red social a mero expositor sin intercambio, es una burda reducción, una atroz pérdida de todo su potencial relacional y comunicativo. Si algo tienen las redes sociales que nunca más la historia disfrutó es la capacidad de diálogo e intercambio, de generar espacio común en el que poder hacerse mutuamente presentes.

Hablando de estas cosas, llegó este post.

  1. Interactuar con ellos en público. Es decir, poner un comentario a alguna de sus publicaciones o sus imágenes. Un mensaje que cualquier persona puede ver, especialmente el siguiente. Ante muchas fotos algunos no sabrán qué decir. La experiencia demuestra que con este tipo de mensajes hay que ser altamente prudente, que el hecho de que te dejen ver ya es un privilegio, pero dar un paso más allá puede ser considerado como una intromisión. Revela públicamente una valoración e intercambio. Por otro lado, todo quedará probablemente en esto, en un mero comentario y en un agradecimiento posterior, sin dar lugar a más interacción.
  2. Generar una conversación pública, en la que hay más participantes. A esto se presta más un espacio como Facebook, si somos capaces de leer lo que otros dicen en lugar de comentar sólo lo nuestro. Suelen ser temas más genéricos, que dan pie a un diálogo diferente, alejado del toque personal y de la imagen pública de cada uno. Dicho de otro modo, no se suele comentar una foto o un instante de la vida de alguien, sino un tema de actualidad o de interés. Como digo, son muchos los que pueden participar de un hilo de Twitter o de una conversación en Facebook.
  3. En privado. Algo que se ha potenciado mucho, quizá fruto del retraimiento provocado por la intromisión de adultos y la insistencia en los peligros de internet. Cualquier persona que conozca los medios de los más jóvenes se habrá percatado del incremiento de espacios para el trato personal y privado, a la par que efímero. Nada queda, nada se ve en público, del diálogo mantenido. Una oportunidad sin duda para otro tipo de conversaciones, para otro tipo de disponibilidades. La pregunta que muchos se harán es quién da el primer paso, quién comienza y lanza la primera pregunta y en qué tono. Y recuerdo un verbo muy importante de estos últimos años: “primerear”, la valentía del primer paso. No digo más.

Si quieres, seguimos dialogando en Twitter. @josefer_juan

Cómo llegar a los jóvenes a través de internet

Aunque la pregunta es buena, y muchos se la hacen, la respuesta es relativamente complicada. En primer lugar, diría que son más receptivos a escuchar determinados mensajes que otros. En segundo lugar, no siempre las intenciones son igualmente limpias, se revista de felicidad o libertad o de lo que se quiera. Y los jóvenes, que son jóvenes por definición, se dejarán llevar más por unas que por otras, igual que les ocurre a los adultos que con ahínco y cansinez se quejan de estos muchachos veleta.

Pero puestos a reflexionar sobre el asunto diría lo siguiente:

  1. Buscan referencias cercanas, de personas con vidas atractivas. La gran cuestión entonces es quién y de qué modo está dispuesto a llegar a ellos. Como siempre y como a todos. Y aparecen discursos de gran humildad: “Yo no, yo no, seguro que lo hará otro mejor que yo”; y esto deriva en lo que deriva, en que toma la palabra otro ciertamente, interesado en sus cosas. Vida atractiva no significa lo mismo a los 15 que a los 40 años, aunque compartan algunas características. Los millenians se afanan en encontrar referentes de pasión, de intensidad, de “autenticidad”, que cumplan sus cánones, y les haga reír, es decir que tenga humor.
  2. Más vídeos que imágenes, y adiós texto escrito si no es un titular. La época de los Powerpoints de frases y paisajes, que nunca leí y siempre tiraba a la basura, ha evolucionado hacia otras formas igualmente pobres. Lo que los jóvenes buscan son vídeos, movimiento, gente que mire a la cámara y hable como si les hablase solo a ellos, sin discursos preparados al modo como otros preparan sus discursos. Aunque el escenario sea de lo más cotidiano, una habitación similar a la suya reflejo del lugar en el que están horas y horas cada día.
  3. Sentirse parte, pertenecer. La pertenencia social se adquiere de muchas maneras, que los psicólogos pueden explicar. Pero un modo particularmente importante es ver lo mismo y hablar de ello. Incluso ser de los primeros en verlo para contárselo a los demás compañeros. Así pueden decir que son de una generación común. Luego que muchos lo vean será siempre algo a tener en cuenta. De vez en cuando se comparte algo original de carácter marginal, siendo la excepción de la regla anterior. Lo importante por tanto es hablar a un grupo amplio y concreto de personas, que en el fondo están buscando o quieren escuchar algo. Olvidar esto y no discriminar, es un gran error. (Internet tiene mucho, pero mucho de comunidad, grupo, identificación… ¡Quien no lo sepa y no esté dispuesto a asociar a jóvenes, que se retire.)
  4. Quieren respuestas, sin moldes. Eso es lo que hacen precisamente los YouTubers más famosos, esos que ven una y otra vez, y que se han convertido en “solución para sus conflictos” (el entrecomillado es mío). Si alguna vez te has pasado por algún canal de los que ven, descubrirás que responden a preguntas de los seguidores, no los dejan al margen, y de este modo escuchan a una generación entera. Pero sus respuestas rompen moldes, no se ajustan a la prudencia que cabe esperar en un adulto ni a la distancia razonable que adopta un educador. Se implican y hablan en primera persona, casi como si lo estuvieran viviendo, se indignan o se alegran, se pringan… Lo aséptico no cala en ellos, no son una generación racional.
  5. Ellos escogen, o al menos eso piensan. Sus redes son “cerradas” y cada vez más han aprendido a seleccionar seguidores, o al menos lo intentan. Hablan para su gente, se comunican con su gente, se dejan ver por su gente. Tienden a seleccionar, aunque se equivoquen en su restricción y apertura. Por eso el whatsapp es uno de sus rincones preferidos, por eso ha calado tanto el chat de Snapchat, por eso el continuo diálogo que establecen a través de la historia de Instagram… Pertenecer a sus redes, con un contenido adulto y serio, es un privilegio. Entablar diálogo sobre sus preocupaciones más cotidianas es un don que ellos hacen a quien quieren, y en el que no permiten que cualquiera pueda estar juzgándolos sin comprenderlos. Aunque huelga decir que un adolescente es siempre alguien que se siente incomprendido, de ahí el especial esfuerzo que hay que hacer en silenciarse a sí mismo y dar cabida al otro.

¿Celebrar la Comunicación? #MiseriCOM16

Ayer celebramos en Twitter “la comunicación“, bajo el hashtag #MiseriCOM16. Como cada año, el Papa escribe una carta -con mucha luz, si se me permite el comentario- con motivo de la Jornada Mundial. Me pregunto si es algo para celebrar realmente, o sólo reflexionar. Y pensándolo, con un mínimo de seriedad, diría lo siguiente:

  1. La comunicación es esencial al ser humano. No sólo necesitamos comunicarnos, sino recibir de los demás. Diría que esta relación recíproca, de cercanía y de presencia mutua, nos construye y constituye tanto personal como en común.
  2. Un tiempo donde la comunicación es crucial. Nunca antes el acceso a la información y a la cultura, en sentido amplio, fue tan democrática y plural, con tanto alcance. Hoy es crucial por muchos motivos: tanto por la capacidad de información que cada persona tiene dentro de la sociedad, como por la cantidad de mensajes (cierta inflación informativa) que recibimos diariamente; por lo que supone hoy asumir este “nuevo poder”, y hacia dónde nos lleva; por los peligros que tiene asumir una cultura (y sus cambios y transformaciones) de modo acrítico; porque estamos construyendo un paradigma global absolutamente distinto a lo conocido hasta ahora.
  3. Celebrar para agradecer.  Entiendo que toda celebración tiene una dosis nuclear de agradecimiento, es decir, de memoria, de reflexión sobre lo vivido, de dotar de sentido profundo a ciertas rutinas, a lo que se asume como cotidiano de modo significativo sin darle el lugar que le corresponde. La comunicación, como decía al inicio, verdaderamente nos hace ser lo que somos, de modo que aquellos con quienes intercambiamos mensajes, para bien o para mal, forman parte de nuestra existencia, no sólo de una biografía superficial.
  4. Celebrar para purificar. La memoria del punto anterior también debiera, y máximo haciéndolo en cristiano, tener una parte claramente purificativa, que depure, que nos enseñe a situarnos delante del misterio con la grandeza que corresponda. Todas las celebraciones cristianas empiezan así, con el perdón, y no simplemente porque sí, o porque somos limitados y nos equivocamos, sino por la presencia delante de la cual queremos vivir intensamente. El perdón aquí, en esta comunicación que vivimos en la red, también otorga dignidad a la persona con la que dialogamos.
  5. Celebrar para potenciar. Y saber qué potenciar, dándole sentido y futuro, abriendo horizonte de futuro. En esta dirección, las palabras del Papa para este año 2016, en la que todo gira en torno a la Misericordia, no son unas palabras cualquiera. ¡Este el horizonte cristiano de la comunicación: la acogida, el tejer lazos, crear puentes, llegar al corazón! Y hablamos, dicho sea de paso, de comunicación y no de mera información unidireccional, que nos posicione en un lugar privilegiado frente a otros, sino en clave de comunicación, es decir, de conversación y diálogo, de acompañarse mutuamente con la palabra, con la proximidad que ofrece la escucha atenta y la palabra delicada.

Comunicar es hacerse entender

Los que somos profesores, como muchos otros comunicadores, sabemos bien lo que significa el título. Uno puede saber mucho sobre un tema, en el supuesto de que sepa mucho, y no ser capaz de comunicar nada, o casi nada, o hasta dar a entender algo muy diferente de lo que se quiere comunicar. De ahí que sepamos que hay dos objetivos esenciales en el buen comunicador: saber lo que quiere decir y saber cómo tiene que decirlo para hacerse entender.

La buena comunicación no es, por tanto, aquella que transmite mucho, constantemente y está una y otra vez dando la “matraca” y machacando en la misma dirección. La buena comunicación es aquella que es eficaz, directa y clara, cuyo mensaje llega a quien quiere y es comprensible por quien tiene que recibirlo. En este sentido, un buen mensaje es mejor que quinientos malos mensajes.

Entonces la gran pregunta es qué significa hacerse entender.

  1. Ser escuchado. En el lenguaje de las redes significa estar en el lugar (red) adecuado en el momento adecuado. Alguien escuchado es alguien con referencias, que se ha situado como referente. Creo que gran parte de este “prestigio” se gana en las redes a través de la escucha y la conversación con otras personas, de estar disponible, de saber acoger personas como son más que por lo que son.     
  2. Captar la atención. Un buen mensaje no es aquel por el que simplemente se pasa la vista, sino aquel que tiene algo que hace detenerse en él. Aporta novedad, es atractivo sin ser estridente, tiene algo que se piensa que es para mí. Diríamos que hay mensajes con personalidad, que se hacen escuchar, frente a otros que son algo más entre muchos otros. La clave aquí es la visibilidad, que sabemos que va de la mano de una buena imagen o de un vídeo apasionado.
  3. Conectar con la vida y los intereses. Frente a la superficialidad reinante, de la que muchos creen que la red es su difusor más grande, lo que constatamos es que existe la posibilidad de conectar (establecer relación) con la pasión de la gente por la vida. Cuando no por sus intereses. Porque la gente busca en internet cosas que tienen que ver con lo que viven. Desde los aspectos más prácticos (cómo poner una bombilla) a lo más complejo (cómo ser feliz, quién es Dios, cuál es mi vocación).
  4. Concisión, claridad. Lo efímero y las limitaciones de la red impulsan un excelente camino hacia lo esencial. Siempre ha sido así, pero además ahora existen límites claros y lenguajes muy concretos que hay que aprender a usar. Las primeras palabras de un tweet, los colores de la foto de Instagram… y cada vez más los vídeos que se repiten y se comparten incesantemente. Pero, en relación con todo esto, diría que lo conciso y esencial hoy es lo que sugiere más de lo que da, lo que señala en una dirección más que aquel mensaje que quiere decirlo todo. El que da libertad a quien lo recibe poniéndolo en camino, el que contagia más emociones que aquel que pretende trasvasar ideas. Tres consejos: orden en el mensaje, limpieza en las palabras, potencia del contenido.
  5. Genera conversación. Lo propio de la red, lo más propio de todo el internet que hoy conocemos. Hasta los bots de Facebook están interesados en dialogar y aprender. ¡Cuánto más una persona! Si hay miles de hombres, mujeres, jóvenes y mayores deseando hablar, ¡cómo no aprovechar la ocasión! La gran diferencia, perdón por la comparación, entre muchas personas y los bots que se van a lanzar al mercado es la capacidad de estos últimos para atender con todo lo que son a la persona a la que “escuchan”, y desde ahí seguir “hablando”. Permitidme como mínimo las comillas. La gran necesidad de lo humano será, seguirá siendo, ponerse de acuerdo y tender puentes reales entre personas. ¡Qué gran tarea para un buen mensaje, para el mensaje esencial!

Y mucho practicar. Atender bien a lo que provoca en general y especialmente a qué personas les llega, interactúan y hacen de tu mensaje ese puente que luego permite seguir hablando. Ésta es la clave definitiva: seguir aprendiendo.

5 puntos esenciales y 2 retos de la #iJornada

@iMision20 vuelve a sorprender con un gran encuentro. Primero fue el iCongreso, el curso pasado las distintas iParty locales, y este año la iJornada, cuyo recorrido tuitero se puede encontrar en #iMision16. Dos ponencias, más de 20 talleres de los cuales cada participante realizaba 4 según su interés y formación. Personas de un gran espectro eclesial, diversas pertenencias y motivaciones.

Los balances personales van siendo expresados en la red. Como ya sucede en muchos eventos, se hace casi al hilo de lo que va sucediendo y permite entablar una conversación al mismo tiempo que se escucha al ponente. No sorprende que se subraye el mismo aspecto desde diversas cuentas, lo cual ya es un buen signo de comunicación, de implicación y de diálogo.

PUNTOS ESENCIALES

  1. Movilidad. La red es móvil. El soporte principal, ganando terreno progresivamente, está en la mano de quien la usa. No nos conectamos al llegar a casa, al sentarnos en la mesa del ordenador, sino en cualquier lugar, según qué momentos.
  2. Escuchamos hablar mucho de vídeos. Hechos no de cualquier manera. Debe ser una comunicación que guste, que cree pertenencia, que dé sentido a la búsqueda que hay detrás del clic, al motivo que impulsa ese acercamiento. Gran comparación. Este ha sido un paso clave, hacia los 5 sentidos. Los vídeos que más brillan en la red son los que emocionan, los que son capaces de conectar de verdad con quien los ve, en los que hay vida, pasión, entusiasmo…
  3. Comunicar es relacionarse. Si nunca fue de otro modo, hoy más que nunca. La comunicación debe estar al servicio de la unidad, sirve para unir. Comprender todo aquello que nos acerca es infinitamente más valioso que centrarse en las discusiones estériles y no pocas veces superficiales que nos separan. Relación que evidentemente en red, como relación de relaciones.
  4.  Volver a lo esencial del mensaje. Sin más. Después de una gran crisis de credibilidad, en la que lo que se decía no era acogido, ni siquiera escuchado, por los escándalos que salen a la luz. En este contexto actual hay que recuperar credibilidad, con la humildad suficiente como para empezar de nuevo. En cierta medida, una gran oportunidad de renovación y de revisión en busca de autenticidad, claridad y nitidez. Sin los mediadores habituales que deben explicarlo todo, haciendo que lo que se quiere decir no necesite intérpretes o explicadores, y nadie pueda olvidarlo.
  5. Comunicar desde la Misión. Hablar para generar, escuchar y hacer que algo suceda, transformar el mundo más allá de las propias autorreferencias que agotan. Es mucho más motivador lanzarse a la misión, que quedarse en las antesalas de uno mismo.

RETOS

En línea con el mismo origen e inicio de iMision está la necesidad de formarse para hacer bien el bien. De ahí la razón profunda de estos eventos, y el sacrificio de muchas personas que lo han organizado con cariño.

  1. Seguir formándose. Comprender que este terreno que pisamos está ahora en permanente construcción y cambio, que su dinamismo exige y posibilita también que sepamos estar en este mundo con competencia y actualidad.
  2. Plan de comunicación global. Entre pasillo, y algo más que entre pasillos, se inciden una y otra vez en preguntas esenciales: para qué, para quién, cómo, por qué… tiempos, medios, recursos… ¡orden y concierto para que la música suene bien! Aquí la tarea que muchos se llevan a sus casas, para la cual la red creada será sin duda alguna imprescindible.

Muchas gracias por el encuentro, por el servicio de unos, la sonrisa de otros, la preparación de las ponencias, los talleres, el esfuerzo por hacer llegar el Evangelio a la gente que vive y convive en el continente digital.

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