Cuaresma digital

El 10 de febrero comenzamos este año la cuaresma, recordando que somos polvo y ceniza, escuchando una llamada a la conversión y a creer en el Evangelio. Cuarenta días de especial preparación en todos los ámbitos de nuestra persona que nos sitúan mirando a la Pascua.

La red, nuestra presencia digital, también se involucra en este movimiento de salida, de reflexión, de oración, de renovación. De un modo u otro, o bien es una ayuda para acercarse más al Señor, o bien es estorbo y distracción. Y esto pide discernimiento por  nuestra parte, sincero y abierto.

  1. En lugar de abandonar las redes, de cerrar estos espacios, conviértelos en ocasión para la evangelización y el testimonio sencillo. Parece que lo fácil es huir, más que transformar.
  2. En lugar de centrados en uno mismo, pasar a la búsqueda del otro, salir de lo que nos atrapa. Acoger nuevas personas, propiciar más el diálogo, escuchar las preocupaciones y anhelos del mundo en el que estamos.
  3. En lugar de crear polémica y alentarlas, ser en la red testimonio de unidad, con palabras prudentes y cercanas, capaces de tejer y unir, de aunar.
  4. En lugar de mirar para otro lado, ser voz comprometida. Quizá sea un tiempo especial para recordar a quienes no están, los que están puestos en los márgenes de la sociedad con el peligro de ser abandonados.
  5. En lugar de criticar, proponer la riqueza del Evangelio, que cada día se encarna en cientos de personas que trabajan cerca de ti por la paz, por las personas, por los niños, por los enfermos, por los jóvenes, por los que no tienen casa, por quienes no saben cómo vivir.
  6. En lugar de postureo e hipocresía digital, dar a conocer cómo vivimos. Y que sirva de contraste, que muestre lo cotidiano, también lo que nos cuesta, lo decepcionante, lo difícil que puede resultar a veces el Evangelio. La Cruz es altamente evangelizadora.
  7. En lugar de aislarse, convocar con él.En iMision creemos en el encuentro cara a cara, propiciado por la red. Quizá sea este tiempo especial el momento para quedar con alguien que conoces sólo digitalmente. Quizá sea momento para invitar y entrelazarse aún más.
  8. En lugar de la cultura digital deshumanizante, reflexionar sobre cómo humanizar la red, lanzarse y dar el paso con una presencia con rostro, con una vida normal…
  9. En lugar de lo que nos separa, buscar lo que nos une. La fe, por supuesto. También otras pasiones de las que Dios se vale para evangelizar calladamente. Puede ser un tiempo hermoso para no “cristianizarnos” “a saco”, y dejar que el evangelio cale en nuestra vida, relaciones, tareas, preocupaciones, dolencias, necesidades.
  10. En lugar de nuestras palabras, más Palabra. Dicho esto, con todo mi cariño, también un poco más de silencio por nuestra parte, un poco más de escucha. La Palabra apasiona a quien la conoce.

“En lugar del hombre viejo, dejar nacer el hombre nuevo.” Esto también es cuaresma. Es el tiempo de la misericordia que reclama nuestro corazón agitado y cansado, tiempo de la misericordia para alcanzar paz y descansar en lo importante, tiempo de misericordia para no vivir heridos, tiempo de misericordia para dejarse amar en nuestra pobreza, en nuestra debilidad, en nuestra capacidad para amar, en nuestras pasiones. Tiempo de misericordia para escuchar dónde está Dios, dónde mostrarnos tal y como somos.

Si Twitter se acabara, ¿qué habría dejado en tu vida?

Como comenté ayer en este blog, algún “experto” ha apuntado la debilidad de Twitter frente a otras redes sociales. Simplemente decir esto, supone afirmar que la tecnología, de una u otra manera, se llame como se llame, ha venido al mundo de las relaciones para quedarse. Si Twitter, Facebook o cualquier otra marca se acabaran, nacerían otros ámbitos tecnológicos para crear este espacio común en el que muchos reconocemos vida, y vida en abundancia.

Pero está bien, como ejercicio, preguntarse por aquello que ha aportado Twitter (por ejemplo) hasta el momento. Respuesta personal, por un lado, pero también social, pública e incluso política. Sin todas estas dimensiones no seríamos capaces de comprender lo que supone de hecho esta nueva forma de presencia, de comunicación, de intercambio.

Por mi parte, diría lo siguiente:

  1. Relaciones, por encima de todo, y lazos con personas concretas. Sobre esto hablo mucho, porque lo considero lo principal. Pero aquí no me extenderé. Las agendas se han multiplicado, y con ellas muchos buenos compañeros, cuando no amigos.
  2. Nueva forma de comunicar. Pegada al momento, muy personal e individual, que viene conmigo en el móvil allí donde voy. Es instantánea, efímera en cierto sentido. Corta, ágil y concentrada. Y en ese sentido también requiere inteligencia y sentido de lo importante.
  3. La riqueza de compartir. Por hacer memoria, antes de la llegada de las redes sociales cada cual tenía su espacio propio en el que compartía lo suyo con el gran público. Pero con la irrupción del mundo 2.0 la movilidad de los contenidos es brutal, tremendamente mayor. Todos comparten dentro de una comunidad lo de todos, con lo cual la difusión es exponencial. También el ruido que genera, ¡ojo!
  4. Fuerza de la unidad. Redes sociales, en general, y muy particularmente Twitter en este sentido, tienen de fondo un nuevo modelo de ciudadanía mucho más implicado, mucho más relacional y vinculado con otros. Sin duda alguna, en Twitter se ven reflejadas muchas tendencias y polarizaciones sociales (grupismos) que se han hecho fuertes en la red. Twitter abandera reivindicaciones, protestas, denuncias, hasta revoluciones. No hay gobierno que pueda dar la espalda a su potencial, cuando no mirarlo con cierto recelo e incluso temor.
  5. No callar, hacerse presente. Es urgente, no baladí ni mucho menos, tomar la palabra y hablar. Lo que se calla, no existe. Se crea un vacío fundamental en la existencia que se llena con otras propuestas y mensajes. Pienso ahora en el Evangelio, en Dios, en la Iglesia, en los más empobrecidos… Si no hay una misión clara y decidida por anunciarlo en la red, difícilmente llegará a las nuevas generaciones, porque éste es su escaparate principal.
  6. Escuchar, responder, dialogar. Creo que en ese orden principalmente. Los mejores en la red son los que más han sabido escuchar, los más grandes. En ocasiones, en verdad, para manipular, decir lo que se espera, ver por dónde van los temas y sacar provecho de ellos. Otros, por respeto a la persona sin más asunto que ese, evangélicamente antentos, la persona siempre lo primero. Después responder, cuando hay palabras para ello, o simplemente para mostrar cercanía. Y de ahí, si es cabe la oportunidad, entablar otros diálogos más profundos, que dan ocasión a conocerse. ¡Esta es la dinámica de la red!
  7. Autenticidad reclamada, y distrofias sociales. Se critica, no son sin razón, que las redes han contribuido a generar apariencias desconectas de la realidad de las personas. En un par de palabras, postureo esquizoide. Y detrás de este mal, la urgencia en todas las facetas de la vida de mostrarnos como somos, de vivirnos como somos, en profundidad. Apariencias, sin las que es posible existir, pero que en el caso más humano comunican la vida que hay detrás, la persona que existe.
  8. Dios hace maravillas. iMision es fruto de Dios, como tantas otras iniciativas. Personas que no se conocían y forman comunidad, acogen y se cuidan. También digitalmente. Dicho de otro modo, quizá más general, Dios ha sido el primero es saber hacerse presente en la red a través de la comunión, de la fraternidad. Y no de la ideología, de las marcas, de doctrinas. Dios ha unido corazones, inteligencias, voluntades. Diría más, incluso antes de que las personas se conocieran en la red, Dios ya había dibujado un camino para su encuentro, y pensó en Twitter.
  9. Twitter no es el final, porque nunca lo fue. Muy tontos seríamos si esto termina aquí, si con el final de una red se acaba un proyecto, que además ni siquiera entendemos como nuestro. Muy tontos seríamos si no nos hubiésemos dado cuenta de la forma que hay detrás de tanta materia, de cómo lo más humano ha encontrado hueco y ha sabido expresarse, reclamarse y mostrarse. Muy tontos seríamos si nos quedásemos aquí, por las decisiones de otros, y no secundásemos un plan mayor de fraternidad y proximidad más amplia. Si el final no es Twitter, como está claro, ¿entonces cuál es? Ahí queda la pregunta.

Y seguro que muchas cosas más, que hemos aprendido, que no conviene olvidar, que toca agradecer, por las que es bueno seguir estando.

¿Compartes o dialogas?

Twitter pierde terreno frente a Facebook, que no deja de crecer. Y los analistas -los que se supone que son sabios en estas cosas- dicen que un factor determinante es la interacción entre los usuarios, el diálogo.

Según parece Facebook, por distintas razones, está más implicado en cultivar la relación entre unos y otros, multiplica las dinámicas y hace más posible el intercambio de ideas y opiniones. Twitter, por el contrario, no ha cuidado suficientemente este aspecto y ha pasado a ser una red social en la que se vuelca contenido de forma ininterrumpida, pero de relación más limitada. Si alguna vez has hecho la prueba, el diálogo en Twitter es mucho más costoso -y está mucho más expuesto- que en Facebook. Las diferencias son notables.

¿Qué significa esto?

  1. Las redes sociales optan de forma decisiva por la relación. Para adquirir contenidos existen otras plataformas, aplicaciones y modos, que no implican directamente la red, y permiten al mismo tiempo ser más selectivos y cuidadosos. Sin embargo, la relación se convierte en la esencia de las redes sociales, el lugar privilegiado para ese diálogo, para la aportación subjetiva, para expresar opiniones. Y la tendencia es a ser cada vez más selectivos con las personas que tienen la capacidad de escuchar lo que decimos.
  2. Las relaciones más cercanas, a quienes mejor se conoce, son criterios de verificación más importantes que el titular de un periódico. En Twitter hay mucho ruido, se busca y propicia con determinados asuntos. A estas alturas de la partida ya sabemos que cantidad de mensajes no implica que la información y la comunicación sea más cierta. Es más, parece que dificulta que el mensaje llegue, se abren sospechas. Y lo peor, se silencian otras cuestiones más de fondo. Facebook, sin embargo, con su política de relaciones parece tomarse como una red de mayor fiabilidad, o al menos donde el criterio para leer un mensaje está más claro.
  3. La estructura más compleja de Facebook permite interactuar en grupos por temáticas, seleccionar qué personas queremos que lean determinado mensaje, y facilita mucho más el seguimiento de una conversación tanto en el muro como en privado. Por tanto, lo que se consideró una debilidad, se ha transformado en un factor decisivo. La diferenciación ahora es un valor, más que la capacidad para hablar al “gran público” de forma continua. Twitter expone los perfiles mucho más que Facebook, y a su vez Facebook cuenta con un enorme potencial para expandirse y difundir. No son pocos los que analizan los datos de sus webs y blogs teniendo muy presente que la mayoría de sus visitantes llegan a través de la red de Zuckerberg.

La presencia de otras redes y formas de comunicación no está lejos de este debate. Ya sabemos que nuevas redes, con aplicaciones de fácil uso en dispositivos cada vez más potentes, como el caso de Instagram o Snapchat entre los más jóvenes, suponen un factor decisivo en el debate. ¿Con qué red se siente más cómoda la gente de la segunda generación de usuarios?

¿Sabes que puedes activar notificaciones para seguir lo que otros tuitean?

Habitualmente la Twitter es un continuo donde los mensajes se convierten en muy efímero. Cuando sigues además a varias personas de interés, te puedes llegar a perder mucho por mala gestión. Una forma de estar al día de manera práctica y cercana es “activar notificaciones” para que te avisen de lo que un usuario en concreto comparte.

Mi consejo es ser muy selectivo en este tema, para que no se convierta del mismo modo en un bombardeo. En ningún momento hacer esto de forma masiva. Yo lo uso sólo con tres cuentas.

Es muy sencillo.

  1. Seleccionar a quién quieres seguir “más de cerca”, sin perderte nada.
  2. Vas a su perfil. Debes seguirla, si no lo haces todavía.
  3. Busca la “rueda”, que indica “más acciones de usuario”.
  4. Pulsando aparecen varias opciones, y entre ellas: “Activar las notificaciones en tu móvil”

Puedes probar, por ejemplo, con nuestro perfil en @iMision20

Si quieres seguir un tema en general, esto no vale. Para eso o bien creas listas, o bien guardas las búsquedas. Pero en cualquier caso, aquí tienes una opción más para un buen uso de Twitter.

Seguimos dialogando @josefer_juan

Prudencia y valentía digital

El impacto de las redes sociales sobre las personas, y la sociedad en general, es indiscutible. Ya han pasado, sin embargo, los días en los que se pensaba que cualquier cosa se podía decir y vamos tomando conciencia de la relevancia de la vida pública digital. Hemos visto ya muchos errores, de los que cualquier persona debería aprender. E igualmente ya tenemos experiencia del bien que puede surgir de manos de personas inteligentes que saben moverse con acierto en esta plaza pública.

Un paso más allá está la necesidad de reflexionar sobre las virtudes no sólo de la red, sino de las personas que están en ellas. De ahí que convenga recurrir a Aristóteles una vez más para recordar que la prudencia hace posible la vida buena, también en el continente digital. Alguien prudente no es quien elige el término medio para no mojarse, quien se queda en las barreras viendo la acción más allá de lo suyo, sino quien se implica con inteligencia, de modo sosegado. Quizá la palabra “imprudente” sirva para mostrar aún mejor qué quiere decir. Porque imprudente es quien no controla lo propio, quien no es dueño de sí mismo, quien está vendido como veleta a los aires que corren, quien no es capaz de pararse y pensar, quien no ajusta sus palabras y dice lo primero que se le ocurre.

Por tanto, prudente es quien sabe dirigir su vida digital de acuerdo con la moderación, con la sensatez, sin exponerse innecesariamente, sabiendo con quién habla, qué lenguaje es el oportuno, qué conviene decir y qué callar. Las palabras (e imágenes) descubren una vez más en la historia de la humanidad su fuerza de mano de los tweets, los comentarios, los post o los estados de Facebook. Su capacidad para transformar la realidad generando opinión pública va de la mano de la exposición de uno mismo, del compromiso con aquello que dice o calla, de la revelación de quiénes somos, cómo somos, cómo queremos vivir.

Dicho esto, en ningún momento la prudencia evita la valentía. Es más, convierte el riesgo en una determinación inteligente y pacífica. Por eso también considero necesario apuntar en esta dirección para que la red no pierda su capacidad profética y propositiva, sin romper por ello la comunión, la libertad, la acogida del otro.

Seguimos dialogando @josefer_juan

¿De qué va eso de la #iJornada?

Varias personas me han hecho esta pregunta últimamente a través de las redes sociales. Se han enterado de que @iMision20 vuelve a preparar un evento, y quien no ha participado en otras ocasiones todavía no sabe de qué va el tema. A los que estuvieron en el #iCongreso o en la #iParty, ¡qué les vamos a decir!

Mi respuesta es clara: “No te defraudará.”

No prometo nada, pero estoy seguro de que encontrarás muchas personas cara a cara con la que has intercambiado algún que otro tweet, a quienes has hecho más de un comentario en Facebook y les has dado like en Instagram. Por lo general, y me parece increíble, no hay ningún megadescubrimiento novedoso, si tienes presencia habitual en la red. Lo que es maravilloso es ese momento en el que dos se encuentran sin haberse visto y se reconocen. En este sentido te vas a encontrar con muchas personas de las que has pensado más de una vez que son gente genial. El plus, lo que no defrauda, es comprobar que son así tanto en la red como en persona.

De lo anterior nace algo que internet ha puesto más de relieve si cabe: la comunión, la unidad, la red. La sintonía, los intereses, las preocupaciones no siempre son exactamente las mismas. Lo que sí se puede garantizar es que la mayoría de los que asisten ya están en la misma onda, trabajan en la misma línea, y de estos encuentros nacen sinergias muy potentes. Quien participa, se implica, termina mojándose, dando un paso adelante de calidad en la red. Escuchar lo mismo, compartir, hacer preguntas, escuchar, dialogar entre pasillos, compartir comida, intercambiar mensajes, es decir lo de siempre pero de un modo muy amplificado, nos sitúa en un punto común, nos identifica, nos ofrece vínculos de pertenencia. Lo que sucederá en la #iJornada es imposible delimitarlo a las 24 horas del día del evento.

Otro punto fundamental será la inteligencia, la formación, el desarrollo de habilidades. Como ya sabes, no sólo será teórico, sino muy práctico. La gente de los talleres se ha ofrecido a compartir lo que sabe en un campo concreto, y seguro que lo hacen con la mayor delicadeza e inteligencia posible para aportar algo de mucha calidad en sus distintos niveles. Las buenas intenciones, que a mi modo de ver son lo más importante contra la opinión más extendida, se tienen que concretar también de la mejor manera. Los talleres tocan temas de lo más específico y concreto. ¡4 talleres de este tipo en un día puede significar algo muy grande!

Por último, lo más singular y propio es la misión que tenemos como comunidad presente en el mundo digital. Aquí comunidad, como bien sabes, se lee con toda su fuerza y no de cualquier modo. Lo nuestro no es un estar por estar, ni un tiempo dedicado por aburrimiento, ocio u otros intereses. Creo firmemente que en la #iJornada se encuentra otro sentido de gran importancia a nuestra presencia y red digital, que no sólo nos habla de lo que tenemos que hacer, cómo hacerlo y para qué hacerlo, sino de quiénes somos, por qué somos así, para quién somos así. Participar es un servicio, en gran medida a nosotros mismos, a cuidar lo que somos para no vivir de cualquier modo, y también para otros, para ofrecer y comunicar el Mensaje más necesario del mundo, más urgente…

Más información, a cualquiera de @iMision20 o directamente en la web de la #iJornada.

Estaré encantado de re-conocerte el 9 de abril. Allí nos vemos.

Jóvenes lejanos, accesibles digitalmente

Los jóvenes siempre han tenido sus momentos de distancia, de separación, y han necesitado ese tiempo de soledad para replantearse su vida y resituarse en ella. Es esencial, dicho de otro modo, ese movimiento de ruptura que les pone frente a sí mismos, y les sitúa en búsqueda. De algún modo, lo que los adultos y personas más cercanas pueden percibir con enorme conflicto, se convierte en un privilegio evolutivo, en una oportunidad, en una exigencia de nuestra propia naturaleza.

En otro tiempo esa soledad exigencia, trágicamente vivida en no pocas ocasiones, era auténtica soledad, sin nadie, en el propio cuarto, en la habitación cerrada al resto del mundo y no sólo a la familia. En esa soledad se fraguaban reflexiones intensas, hondas, sobrecogedoras; se formulaban preguntas radicales sobre la existencia, el planeta, las relaciones, el futuro, el sentido; se constituía la propia personalidad al tiempo que se abría paso en medio del bosque en el que se sentía perdido. Pero todo aquello ha cambiado. Las nuevas tecnologías, accesibles en todo momento pero disfrutadas especialmente por los jóvenes en esos tiempos, transforman ese proceso de búsqueda.

Algunos se preguntan por qué los jóvenes son tan sinceros, abiertos, cuentan tanto en la red de sí mismos, de su momento, de lo que viven, de lo que sienten. Y la respuesta es de lo más sencilla: narran aquello por lo que están pasando, su reflexión se ha hecho compartida, y en cierto modo también vulnerable de esa manera a las opiniones de los demás, a sus criterios, a sus presiones y represiones.

Esta necesidad de construcción de sí mismos, un tanto a espaldas de todo cuando no contra todos, es en gran medida lo que creo que les ha empujado a espacios más íntimos y personales como las efímeras redes sociales, especialmente Snapchat. En ellas regulan quién sí y quién no, de forma total y absoluta, siendo más dueños que nunca de sus propios contenidos y con una gran sensación de control y domino. Es su nuevo cuarto para hablar, expresarse, contar, vivirse y descubrirse. Eso sí, usan más que nunca los ojos de otros en esta tarea imprescindiblemente humana.

No están solos, aunque te lo parezca. No están mirando el mundo, aunque te lo parezca. Viven a través de su móvil en compañía de aquellos que van eligiendo, a los que escuchan y de quienes están pendientes. Se miran a sí mismos, procuran conocerse, quieren conocerse. Y lo hacen tecleando lo que son.

Humanismo digital

Dicen que el Renacimiento puso a la persona en el centro del mundo, después de muchos avatares y peleas con la naturaleza, los dioses y los pueblos. Dicen otros que, ocupando el centro y el ombligo del universo, lo humano empezó a desintegrarse, que su papel no era tan relevante ni de tanta importancia como para hacerse (¿quién de entre todos los hombres?) protagonista exclusivo de la historia. Dicen que el humanismo ha vuelto, con rostro amable, en la era digital y que muchos reclaman nuevamente que sea lo primero. Dicen, a pesar de las derrotas, que esto sigue siendo posible, que no es utópico, que sólo tenemos una vida para vivirlo.

El humanismo digital tiene un rostro muy amable, que no pocas veces defiendo cuando escribo preocupado por el bajo tono “personal” de la red en medio de un mundo de tantos “usos” y “utilitarismos”. Sin embargo, también esconde un interrogante claramente preocupante, e igualmente importante en la red, sobre la soledad en la que sitúa la persona. Y sabemos que la soledad es muy digital, casi tanto como envolvente.

Aún entendiendo bien lo que quieren decir los humanistas digitales (no aquellos que tratan sobre la conservación de los textos de esta nueva cultura en eclosión, sino los filósofos humanistas digitales), que se refieren a que el centro del mundo no puede ser la tecnología sino la persona, no sé si cabe hacer la pregunta sobre la persona debe o no ser el centro del mundo, o más bien un inquilino en ella, pasajero como todo hombre de carne y hueso, más en camino que en casa, más de paso que adueñándose de ella. No sé si el mundo tecnológico no ha empujado un poco más al hombre moderno al abismo de su propio egoísmo, en lugar del agradecimiento por su enorme riqueza personal y de la belleza del mundo. No sé si estar tanto en el centro, buscar ser mirado en lugar de mirar, hablar en lugar de escuchar, es verdaderamente el camino hacia un mundo mejor, tan deseado y deseable. No sé si querer “poseerlo todo”, tener más y más, no viene a ser en realidad una gran pérdida, y estar a la última no es un modo nuevo de no disfrutar nada en profundidad.

Diría, para terminar, que todo esto no sirve para nada sino para resituarse, para querer resituarse mejor. ¿Y si el humanismo digital, con tantas connotaciones y pesos, no fuera solución sino impedimento? ¿No sería mejor, y no es más feliz y dichoso aquel que se reconoce “hermano de otros” que “centro de todo”? ¿Cambiamos el “humanismo digital” por la “fraternidad digital?

Sólo es una reflexión, que si has llegado hasta aquí habrás comprobado que está muy abierta.

Conversaciones “privadas” a través de la red

Facebook Messenger supera ya los 800 millones de usuarios. Pocas veces se habla sobre esta cuestión, creo que por ser privada y no pública, lo cual suscita poco interés para muchos usuarios. Sin embargo, es fundamental. No es la única herramienta que facilita este tipo de intercambio. Su potencial se debe a que está alojada y conectada con la -todavía- mayor red social del mundo.

Para este tipo de conversaciones valen las mismas indicaciones y advertencias que para el resto. Debes saber bien con quién hablas, qué dices y qué repercusiones puede tener en el futuro. Aunque suene un tanto maligno, nunca sabes dónde pueden terminar tus palabras, y como todo en la red, una vez puesto a disposición de otros usuarios has perdido el control de las mismas.

En positivo, dando por supuesto la prudencia, es un espacio de mayor comunión e intimidad, que no está expuesto, que puede ser más personal, al que también se atiende de forma distinta a una mención o comentario general en la red. Efectivamente, éste es su lugar propio: la mayor familiaridad, el trato más directo, la conversación interesada por el otro, el contacto privado. Creo, por tanto, que su riqueza es máxima y que se debería cultivar de forma distinta, como punto fuerte de la humanización de la red, del paso de seguidores o contactos a personas con las que mantener una relación particular. Es el espacio para preguntar de forma directa, para preocuparse el uno por el otro, para estar verdaderamente al día, para el acercamiento en proyectos comunes, para un contacto diferenciado y diferenciador, para un trato significativo, para un mensaje que te asegura que llega a quien tiene que leerlo y que no vaga expuesto innecesariamente…

De hecho, éste fue el inicio de internet antes de la explosión de las redes sociales. Y parece que vuelve a recuperar esta primera dimensión más directa y menos expuesta, más propia de una conversación entre amigos que de mensajes en las plazas públicas. ¡Todo un lujo!

El primer tweet de 10.000 caracteres

Twitter confirma que dejará de ser la red de los 140 caracteres y ampliará muy significativamente el espacio para los mensajes hasta llegar a 10.000. Si en una hoja de Word, normalmente presentada, pueden llegar a 500, estamos hablando de 20 páginas seguidas escritas en un “tweet”. Semejante amplitud, ¿para qué servirá?

  1. En primer lugar, creo que nadie se pondrá a escribir directamente en un mensajes esta barbaridad de texto. Como igualmente creo que nadie pasará tanto tiempo leyendo directamente en Twitter. Se trata sólo de una posibilidad. La red tiene como una de sus características principales la agilidad, y esto sería algo muy opuesto y contrario a su propia ideología.
  2. Twitter se adapta a los tiempos. Sabe que con el paso de los años (por no decir meses) ha transformado notablemente lo que era. Y los pasos han sido muy significativos y muy precisos. Twitter es una de las redes que más dialoga en este sentido con su propia comunidad y que no hace las cosas a la ligera.
  3. El tráfico dentro de la propia red. Evidentemente Twitter, para cualquier usuario que participe activamente en esta red social, es más que 140 caracteres comprimidos. Hay mucha comunicación interna y también externa, rápida y pasajera. Lo que facilitan los 10.000 caracteres es la entrada, y no la salida, de contenidos valiosos que puedan ayudar y sean de utilidad para otros usuarios. Dicho de otra manera, ya no hará falta salir de la red para abrir o ver un blog. El contenido estará dentro de Twitter, se verá si interesa, pero no copará a buen seguro nuestro TL.
  4. Obligará a adaptarse a los usuarios más relevantes en otros campos. Y esto sí que lo veremos. Nacerá una nueva generación de blogueros dentro de la red, con contenidos más abundantes, con reflexiones más amplias de la realidad, del campo que les ocupe. Lo que ahora es externo, será interno. El perfil será mucho más rico en contenido propio que en referencias, o tal vez también pueda verse con claridad de este modo otro tipo de vínculos, de afinidades, de creación diversa y convergente.
  5. El freno a la ambigüedad. No por cantidad de caracteres, probablemente, pero sí que espero una reacción amplia ante la ambigüedad de determinados mensajes y comunicados en forma de titulares. Creo que la red expresa así su necesidad de ir avanzando hacia una mayor libertad de expresión, previa libertad de pensamiento. Hoy, para muchos que hacen capturas de pantallas y luego lo publican como foto, el texto amplio era imprescindible para seguir presentes en la red con calidad. Y Twitter ha sabido leerlo con mucha nitidez.

En cualquier caso, cuando llegue definitivamente, lo veremos. Tengo ganas de saber cuál es el primer tweet amplio y cuál es la repercusión global que tiene. Hasta entonces, seguiremos como hasta ahora. Aunque los más previsores ya estarán preparando sus estrategias globales.

@josefer_juan

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