Consumo “digital” responsable

Tarde o temprano terminamos haciéndonos grandes preguntas relacionadas con nuestro consumo digital. ¿Qué impacto tiene en nuestra vida y en el mundo? ¿A dónde nos está llevando y dónde puede desembocar todo esto? ¿Qué favorecemos con lo que tenemos entre manos? ¿Es posible un mundo mejor con el empuje de lo digital? ¿Qué recursos estamos invirtiendo en todo esto, de dónde surgen, quién los produce, quién los explota, quién se beneficia? ¿Estamos metidos en una espiral de más y más cantidad de cosas, con poco margen de reducción, reutilización, reciclaje? ¿Todo esto es tan inevitable como parece?

Os invito a responder, a comentar alguna de las preguntas para crear diálogo y debate. Muchas veces tenemos la sensación de que “llegamos tarde”, pero todo esto está comenzando.

Me quedo en lo primero. Somos “consumidores digitales”, con poco de creadores y mucho de receptores. Y este ritmo es frenéticamente imparable, a no ser que hagamos algo. Mis alumnos más pequeños, de unos 15 años, ya han tenido en sus manos varios móviles de diferente generación, conocieron la cámara de fotos digital, seguramente tienen una tablet como mínimo, y han contado con más de dos ordenadores a su disposición. Su conexión a internet ha ganado mucho en velocidad y capacidad, hasta el punto de que no recuerdan lo anterior y se enfadan cuando va lento. La tecnología será para ellos como una prenda de vestir para mis padres.

Como consumidores, gracias a la reflexión que se ha hecho desde sectores muy sensibilizados con el medio ambiente, ocupamos un puesto en la sociedad que no nos exime de responsabilidad, sino más bien todo lo contrario. Vuelvo con esto a las preguntas del inicio. El consumidor hoy es alguien que, si se da cuenta, tiene también poder cuando actúa con criterio y conciencia, sin conformismos.

Quizá sirva para empezar la reflexión, una pregunta clásica: ¿Qué es lo que realmente necesitamos, y qué necesidades nos creamos? Y una más, también clásica: ¿Nos informamos de algo más que el precio y la capacidad cuando compramos?

Sé que hay muchas iniciativas que cuidan el planeta. Ojalá seamos sensibles con lo que tenemos.

  1. Aprovechar la vida útiles de las herramientas tecnológicas.
  2. Hay lugares donde dejar los móviles que “no valen”. Reciclar sigue siendo fundamental.
  3. Luchar por baterías limpias de “coltan de sangre”.
  4. Reducir el consumo energético con menos luz en la pantalla, apagando la WiFi, o apagando directamente el móvil cuando no se use.
  5. Apoyar campañas en la red para recaudar beneficios.
  6. Servirse de apps solidarias.

¿Hacemos una lista entre todos? ¡Comparte! ¡Pensemos juntos!

Seguimos en diálogo, @josefer_juan

Snapchat, la red de los más jóvenes

Snapchat triunfa entre los más jóvenes. Y van “migrando” de Instagram hacia esta red social, también de imágenes, cuya nota distintiva es la caducidad de las fotos, que duran escasos segundos y se quedan, como máximo, 24 horas en la propia historia. Una red que comenzó en 2011 y ahora sirve de “nicho” en el que los adolescentes se resguardan de otras presencias, de otros contactos.

Como diariamente tengo el privilegio de estar con jóvenes en el aula, acompañarlos y dialogar con ellos, cuando no debatir y discutir temas,  me he ido dando cuenta de cómo crecía entre ellos el interés. Pero como también me preocupa estar con jóvenes, y en cierto modo también para ellos en la red, el tema del desarrollo de Snapchat me ha causado una serie de reflexiones que ahora comparto con vosotros, como también hice con ellos en clase:

  1. Las redes sociales son como “países” en los que vivimos agrupados. Coexistimos, pero no terminamos de convivir. El país de los adolescentes por excelencia es Snapchat. Me pregunto si las redes se están distribuyendo por edades, de algún modo, y creando cada vez más fronteras entre ellos. De este modo, cada país vive, por así decir, con unas preocupaciones, de un modo, con una cultura distinta a la del resto.
  2. Snapchat, en concreto, es la red de lo efímero por excelencia. Twitter también tiene una caducidad grande, Facebook un poco menos… Todas las redes, cuando nos ponemos a pensar, fomentan “estar al día”, de un modo u otro. Lo provocan, lo causan, fuerzan una existencia “pendiente”, en la que debemos actualizar continuamente algo para ser visibles. Sin embargo, en caso de Snapchat es mucho más radical, porque consolida lo efímero y hace de ello su esencia, su atractivo. Las fotos que se comparten no duran, ni siquiera para quien las produce, salvo que las guarde. Y los mensajes se calculan por segundos.
  3. Vuelta a la vida cotidiana, a lo íntimo. Este es el uso principal que se da de esta red. Sin contenidos, más allá de los eventos y marcas que, a modo de “filtro” se hacen notar. Los adolescentes comparten lo que están haciendo al minuto prácticamente. Cuentan que están comiendo, que se sientan en el sofá, que se van a la siesta, que se ponen a estudiar, que salen, que hacen deporte, que saltan, que bailan, que están con alguien. Lo comparten para poco más que darlo a conocer. Sin más interacción, a través de esta red, que ser vistos en su cotidianeidad. Me pregunto en qué medida tanta comunicación de la vida íntima supone la destrucción de la misma. Dicho de otra manera, ¿deja de ser íntimo aquello que se comparte?
  4. La dificultad para entrar en esta red y hacerse presente. Aquí no se “ganan” seguidores partiendo de una situación de equidad. Sólo se puede estar en la medida en que otros contactos conocidos están. O buscando a los hiperfamosos que han entrado al juego para seguir siendo referencia para los adolescentes. Subrayo la importancia de este hecho, que a mi modo de ver expone mucho más a los más jóvenes a vivir de una forma adolescente sus relaciones, y más adolescente y sólo adolescente. Se produce una situación de soledad de hecho, que confunde “el mundo” con “mi mundo”, y hace complicada la apertura más allá de los círculos de relación próximos.
  5. ¿Para qué se utiliza un espacio como éste? ¿Qué hacen los jóvenes en un entorno en el que se dejan ver en un instante para desaparecer? Los análisis hablan de Snapchat como la red del sexting, y de nuevo me surgen más preguntas y más preguntas de golpe. ¿Qué buscan realmente los jóvenes, o qué parecen buscar? ¿A qué tipo de cultura están sirviendo las redes para los más adolescentes, es decir, los adultos que vienen? Snaptchat plantea problemas éticos de primer orden, de desarrollo de la persona, de educación y de capacidad de relación. Me temo que muchos jóvenes viven aislados en su mundo digital, y no comprenden bien que se trata de su vida entera la que está en marcha en cada lugar en el que se mueven. La fragmentación postmoderna, a la que no se ha sabido hacer frente, se apodera en este sentido de su vivencia presentista, momentista.
  6. La imagen, liberada de otras referencias. Redes como estas hacen que los 140 caracteres de Twitter, de por sí insuficientes para una verdadera reflexión, parezcan excesivos. Se escriben palabras, se editan formas en la imagen, pero se acabó la época del discurso. Se crece a golpe de mensajes llamativos, del atractivo y poderío de los colores, de la situación. Cierto es que recientemente se ha abierto la posibilidad de chatear, al ver que los jóvenes sentían necesidad de comunicarse más allá de las fotos que se enviaban.

Y siguen probablemente las preguntas. Pero aquí tengo que quedarme.

@josefer_juan

 

 

En el blog de iMision

Fomentar la cultura del encuentro en las redes sociales

Creo sinceramente que las redes sociales han abierto un espacio privilegiado para el diálogo y el encuentro. Como espacio habitado se dan cita personas de muy diversa procedencia, con intereses de lo más dispares, con opiniones y gustos que van de un extremo a otro. Pero más allá de todas las diferencias, sigue existiendo la posibilidad de abrirse a quien es diferente y dialogar. Y esto es un regalo en los tiempos que corren.

Pienso, sin embargo, que lo más fácil continúa siendo reducirse a los iguales, formar comunidades fuertes entre quienes viven parecido y retroalimentarse mutuamente sin mayor novedad. En la red se dibujan igualmente las divisiones en las que hemos caído, como trampas que nos impiden ver más allá de lo propio, de lo mismo, de lo de siempre. La red está marcada por esa autorreferencia de la que resulta harto complicado salir. Y, sin embargo, estamos llamados a superar todas esas limitaciones y debilidades. Pero, ¿cómo lograrlo?

  1. Prestar atención. Estar vigilante para no encerrarse en ese tipo de comunidades absorbentes que terminan viviendo para sí mismas, cuyo centro repite una y otra vez siempre lo mismo. Esto es lo fácil en todos los sentidos. Sin embargo, somos plurales, todos tenemos varias dimensiones abiertas, podemos aprovechar intereses y preocupaciones para no quedarnos sumidos en la exclusividad de una comunidad.
  2. Cuidar nuestra actitud ante el diálogo. Porque se escucha muchas veces eso de que son otros los que no están abiertos y cerrados, y de este modo nos sacudimos irresponsablemente uno de las grandes llamadas que hemos recibido. Para el diálogo son esenciales el respeto, la valoración positiva del otro, la comprensión que desarma, las preguntas que nosotros mismos nos hacemos más que las que queremos que otros se hagan, nuestras propias búsquedas, lo más humano, lo esencial.
  3. Primerear en el encuentro. Empezar a seguir a personas que nos suenan diferentes, con quienes creemos que también se puede dialogar. Esto suena difícil y puede resultar incómodo, porque de repente pasan a formar parte de nuestro TL personas con quienes discrepamos. Pero me parece que, si no es así, ¿entonces con quién vamos a dialogar?
  4. Descubrir lo común y potenciarlo. Descubro a través de la red que muchas personas piensan en los mismos temas y andan preocupados en general por asuntos similares. La misma red potencia esta convergencia y mirada común. Personalmente me parece muy interesante salir al encuentro de estas tendencias, y aportar ahí la posibilidad de diálogo, que de otro modo sería imposible. Son una verdadera oportunidad para hacer memoria, para acoger y mostrar preocupación.
  5. Valorar lo más positivo. La red condena los absolutismos de quienes van con “su verdad” por delante, pero premia a quienes sacan lo positivo, a quienes viven con alegría y esperanza. Hacerse notar en esto, de forma recurrente, es un polo de atracción que debemos considerar. Alguien así, en nuestro mundo, y también en el digital, es llamativo. A pesar de los pesares. Sin postureos, con autenticidad.
  6. Pasar lo general a lo personal. La red lo permite cuando se ha creado un vínculo. Es decir, de la conversación pública a la privada, donde las palabras quedan entre ambos. Si en público las personas tienden a mantener posturas cerradas, sin bajarse de lo suyo, en lo privado se da un encuentro mayor y más sincero, donde se puede matizar y centrarse más claramente. Además evitas nuevas injerencias.
  7. Potenciar lo ajeno. Sumarse, por así decir, a las iniciativas de que eran otros para convertir determinadas realidades en algo verdaderamente común e inapropiable, que siga resguardando lo que es de todos. En esto, muchos grupos han sido excesivamente torpes, centrándose sólo en lo suyo una y otra vez, sin crear alianzas más allá de la gente cercana.
  8. Mostrarse como persona -no perfil- dialogante. Con identidad y personalidad, pero dialogante. Lo cual implica querer hacerlo visible y reconocerse como tal, claramente. Igual que decimos que las comunidades de la red tienden a “acercar a los semejantes”, puede servirnos de test sobre nosotros mismos. ¿En qué medida las redes sociales propician y me sugieren personas con las que sé puedo dialogar? ¡Hay que proponérselo!

Somos muchos los que en la red deseamos que esto se dé. Es probable que, como en tantas otras cosas, sea necesaria paciencia y saber estar, sufrir incluso más de una decepción y frustración. Está en nuestras manos, sin embargo, la posibilidad de no desfallecer y seguir adelante.

@josefer_juan

Sobre “selfies” y otras batallas

Mis alumnos son expertos en fotos de este tipo. Los jóvenes en general se han vuelto expertos. Ni cursos, ni clases, ni explicaciones, ni problemas de atención, ni desmotivación, ni bajos resultados, ni retrasos ni ausencias. Todos, sin excepción, pasan por esta moda con interés y aprovechamiento, demostrando una alta capacidad.

Frente a las críticas, que nunca faltan, siempre centradas en lo maligno y lo perjudicial de los excesos y las desviaciones, lo cierto es que los jóvenes expresan las búsquedas y las preocupaciones de siempre con las herramientas que tienen a su disposición según la época. Probablemente en otro tiempo existía un “síndrome del espejo adolescente” que hoy se ha convertido en otra cosa. La diferencia es que esta búsqueda, que antes era ciertamente muy privada y personal, o muy íntima y compartida por pocos, se ha hecho un fenómeno social y ampliamente compartido. Es verdad que los jóvenes ya no se hacen fotos para sí mismos, sino para que otros -cercanos y lejanos, conocidos y desconocidos- los vean, para darse visibilidad, para enseñar sus intereses, para mostrar sus opciones, para guardar recuerdos, para buscar refuerzos, para encontrar apoyos y seguridades. El selfie no es un hecho solitario por definición, también es social como la misma red es social.

Siendo una realidad tan extendida, ¿por qué no aprovecharla con aquellos que tenemos más cercanos, empezando por nosotros mismos? Os propongo un ejercicio personal con algunas preguntas, y quizá convendría hacer un sano ejercicio de sinceridad y de compromiso consigo mismo:

  1. ¿Por qué nos hacemos selfies? Los motivos pueden ser muy diversos, muchos virtuosos, constructivos y sanos. Me pregunto por esas personas que todo lo ven gris y con sospecha, ¿qué les pasará? El Papa, que también participa de esta forma moderna de comunicar, crea a través de los selfies “eventos”. Es decir, la foto traspasa a la foto, existe una dinámica interna que hay que aprender a leer.
  2. ¿Qué mostramos en la foto? Efectivamente, lo mejor. Intentamos que quede bien. Los jóvenes aprenden “postureo”, y lo llaman así sin problemas ni complejos. Porque el objetivo es precisamente este. Pero dónde está puesta la mirada sobre la búsqueda de lo mejor. ¿La alegría? ¿La belleza? ¿La relación? ¿La acción? Sin duda alguna toda persona tiene una búsqueda legítima de amor, que debe ser escuchada y atendida sin menosprecios ni banalidades. ¡Nada de reírse y vulgarizar, si sabemos lo que toda persona quiere encontrar!
  3. ¿En verdad hay tanto egoísmo y egolatría? Narciso gustaba de mirarse a sí mismo, y huía de la mirada ajena al sentirse superior. Aquí lo que hay es una exposición masiva de la propia vida. No tan instantánea como algunos creen. La foto que hoy se sacan los jóvenes se puede mostrar mañana, o pasado, o dentro de una semana, esperando un momento preciso. Pero, sabiendo que todos tenemos pies de los que cojeamos, ¿cómo salir de ella? ¿No será acaso con una buena acogida por parte de otros, una mirada que nos invite a salir de nosotros mismos, una palabra que nos haga reconocer lo verdaderamente valioso que hay en cada uno y cómo compartirlo? Lo que no conduce a ninguna parte es el juicio, muchas veces desmedido e intolerante, que se hace. ¿Por qué no probar primero con uno mismo?
  4. Por último, ¿por qué se ha contagiado tan fácilmente? Es sorprendente comprobar cómo determinadas “modas” corren como la pólvora por todo el planeta en esta situación global que estamos estrenando. ¿No será que toca algo muy humano, muy original? Y aprovecho para soltar mi última pregunta: ¿No puede ser todo esto  una gran oportunidad para contarle al hombre de carne y hueso, que nace y vive y busca, que debe aprender a mirarse a sí mismo, que ansía conocerse en profundidad, que es un misterio para sí mismo?

Siempre hay que recordar que detrás de cada hecho y acontecimiento en la red, por pequeño y cotidiano que parezca, o por novedoso, original o contagioso que sea, hay una persona que desea ser conocida, que clama por una relación intensa, que busca la felicidad, el amor y la paz. Y esto no es un final bonito, sino un final muy real que deberíamos tomarnos muy, pero que muy en serio.

A los jóvenes les gusta Instagram

Aunque las estadísticas no siempre son fiables y fluctúan mucho, es suficiente preguntarles en qué redes están y cuáles utilizan con más frecuencia. Entonces constatamos que Instagram triunfa entre los más jóvenes.

Para aquellos que no conozcan mucho del tema, Instagram es una red social que nació directamente como una aplicación exclusiva para iPhone (móvil por tanto), que luego se extendió a Android dada su popularidad, en la que se comparten fotos (y vídeos). Sus filtros para imágenes, que en principio fue lo que más atractivo causó, y que otros copiaron, ha dejado de ser su principal potencia; actualmente es la cantidad de miembros que se está presente de forma continua.

Cada uno tiene su propio perfil y se va asociando con otras personas dentro de la red al modo de  Twitter, con seguidores y seguidos. A su vez, la interacción se limita a “dar corazoncitos” (similar a “me gusta” de Facebook o “favorito” de Twitter) y poder comentar la imagen. No existe propiamente el “RT” de Twitter, pues para poder hacer esto hacen falta otras aplicaciones. De igual manera da la opción de enviar imágenes en “privado” o personales, a las que (en principio) sólo tienen acceso las personas a las que se da acceso. La única política de privacidad que existe limita las propias imágenes al grupo de perfiles que permitimos que nos vean o, en su defecto, a toda la red (siendo incluso visibles fuera de Instagram y sin permisos especiales).

Además de ver las propias fotos y vídeos, y las de aquellas personas a las que seguimos, cobra fuerza la idea de rastrear otros perfiles de diversas maneras. Instragram ofrece un mosaico de imágenes afines a los propios gustos y a la localización en la que estamos, sirviéndose de nuestra actividad y de la de nuestros contactos. Algo común, como se puede comprobar, en otras redes sociales. Lo cual demuestra, una vez más, el grado de “control” y de “seguimiento” que se hace desde las mismas. No es que seamos observados, es que hemos permitido que nos sigan.

Algunas reflexiones sobre los jóvenes e Instagram

  1. Triunfan las imágenes, mucho más que las  palabras, las reflexiones... Triunfa lo estético, por tanto, frente a lo narrativo, lo reflexivo, lo argumentativo. El interés aquí versa en torno a lo que somos capaces de decir sobre el mundo, nosotros mismos, nuestras relaciones dejándose mirar a través de una cámara. No se cuentan las cosas, se sugieren (más o menos explícitamente) a través de las instantáneas.
  2. Se han hecho hueco en una red en la que son actualmente mayoritarios, y de algún modo aislados. Han formado sus propios grupos, sus redes son muy potentes entre ellos. La mayor parte tiene los perfiles abiertos, que son por defecto lo que la red propone, aunque comienzan a poner sus “candaditos” y regular aquellos que tienen acceso a su álbum de fotos, a su book, a esa biografía que va siendo contada.
  3. Crean su propia imagen. Una dinámica propia de la adolescencia, en la que está implícita su búsqueda de identidad, de seguridad, de vinculación con grupos, de aceptación. Detrás, por así decir, está la necesidad de valoración, quizá expresada de forma desmedida. Quieren y reclaman por este medio su propio mundo interior, proyectado de forma deseable. ¿De dónde viene el refuerzo -y los problemas-? Del grupo de similares.
  4. El propio mundo, del que resulta muy difícil salir. Es una red social con muy poca apertura a lo diferente. Mucho más cerrada y limitada a lo propio, a lo cercano, a la intimidad. Una privacidad compartida, que hay que valorar, pero que al mismo tiempo se presenta como ventana global en la que se ven  muy pocas cosas diferentes y muy pocas realidades sociales. Conjugar estos aspectos resulta verdaderamente problemático en esta red.
  5. Espontaneidad, libertad, intimidad. Es el tridente que dirige su popularidad entre los más jóvenes, que sin cortapisas, censuras u otras opiniones, están alegremente campando a sus anchas por la red. Algo que sin duda alguna nos tiene que hacer reflexionar. Sin embargo, junto a esta triple actitud, cada vez cobra más fuerza el “postureo”, la “imagen prediseñada”, la “fotografía preparada”; si no se sale bien, si no cumple sus sueños y objetivos, se desecha. Es la propia imagen la que sigue en juego, y esto no es cualquier cosa.
  6. Los jóvenes, como community manager. Nadie les ha enseñado, nadie les ha preparado específicamente para ello, y sin embargo son unos cracks en sus resultados directos. Como comentaba en otro post, es llamativo constatar con qué facilidad acumulan “corazones” en esta red y en pocos minutos ganan cientos de interacciones, impactos y referencias a sus imágenes. Ellos cuentan que su secreto, que otros han tenido que estudiar, viene dado por la propia experiencia: la hora es crucial, los amigos hacen de difusores, todos están pendientes, no ponen muchas imágenes un día y se van reservando las mejores para los momentos principales, comparten espacios y son “atractivos” con los que identificarse unos con otros, viven pendientes del móvil, quieren ser los primeros y significarse de este modo, muestran tendencias y “romper” de algún modo con lo que todos hacen, pero al mismo tiempo se valen de los que sacan mejores resultados, intentan ser personales en sus imágenes y no dar coba a otras cosas, no se meten con nadie sólo muestran lo suyo, y usan los hashtag para ampliar su alcance. Es un mundo ¿gobernado? por jóvenes en los que aprenden mucho de cómo funcionará el día de mañana la sociedad dirigida a través de la información y las redes sociales.

Tres preguntas, al hilo de esta simbiosis

  1. Si los jóvenes están allí, ¿dónde nos situamos nosotros? Es cierto que otras generaciones ha creado lazos difíciles de romper en otras redes, y que ampliar la actividad a otra red social más es para muchos algo complicado.
  2. ¿Por qué está ganando tanta fuerza la imagen, por qué el cansancio que suscitan determinadas reflexiones, por qué ese cierto desinterés respecto de lo que otros pueden (y tienen la obligación) de decirles?
  3. ¿Qué reclaman, cómo se está respondiendo a su petición (velada) de valoración y de protección? ¿Hay que tener en cuenta algo más, diferencial de esta generación respecto a las anteriores, en relación a la aceptación de sí mismos, a la comprensión y aceptación por parte del mundo, a la construcción de un  mundo diferente?

Detrás de este artículo está, evidentemente, subrayar la importancia de esta red social, por su relevancia y por el impacto real -muy real- que tiene entre los jóvenes.

Comenzar en Twitter. 7 claves que pueden ayudar.

IMG_4511La experiencia de quien comienza en Twitter me parece muy valiosa y luminosa. Se encuentra como perdido en una gran ciudad por la que va paseando, se va fijando en todo, se encuentra con personas. Sus intereses le proporcionan una especie de plano de búsqueda para adentrarse en la red e ir siguiendo lo que dicen unos y otros. Entonces comienza a vincularse con ellos, esperando respuesta. Pero suele ser pobre al principio. Son los amigos los primeros que nos siguen en la red, porque nos conocen.

Los que abren por primera vez su perfil en la red leen mucho y, por contra, son muy poco leídos. Lo suyo parece no interesar tanto como lo que otros tienen que decir. Y cuesta abrirse camino, crear relaciones. ¿Qué podemos decir a los que están en esta situación?

1. Comprender Twitter. Se generan tweets continuamente, pero su alcance es relativo y su vida muy efímera. Sólo se leen habitualmente aquellos que caen a la misma hora que abrimos la red, porque pasan rápidamente a un segundo plano o son sustituidos por otros. De igual manera, sólo son leídos por aquellos que nos siguen (y quien comienza tiene pocos seguidores habitualmente) o por las personas que siguen a otras que han retuiteado el mensaje. Dicho de otro modo, no se escribe “en la red” sino para “nuestra red”, “nuestro mundo”, y ni eso garantiza que llegue a todos.

2. Cuidar la primera impresión que causa nuestro perfil. Nuestra foto, la portada, la descripción que hacemos de nosotros mismos. Las imágenes son muy importantes en la red. Los colores que más llaman la atención son los que triunfan y destacan, sin duda alguna, en la línea del tiempo.

3. Dejarse llevar primeramente por sus intereses, por lo que viven, por lo que les atrapa el corazón y les lleva por dentro. Es decir, algo así como dejarse llevar por la propia vida. Y hacer búsquedas sobre eso mismo. Un perfil nos llevará a otro y a otro y a otro. Como en el caso de los amigos.

4. Darse a conocer a través de esos mismos temas de conversación. Lo cual comprendo es muy complicado al principio y genera frustración. ¿Cómo? A través de las distintas posibilidades de interacción que ofrece Twitter: marcando como favorito, retuiteando y pasando a nuestra línea de tiempo lo que otros han dicho, citando y participando en conversaciones, utilizando los hashtag que vayan con nuestro perfil y nos definan.

5. Compartir contenidos de calidad. Poco a poco iremos creando una red de espacios y calles por las que transitamos con mayor frecuencia, blogs de referencia, páginas web de calidad. También son lugares en los que encontraremos que nuestros intereses se relacionan con los de otras personas, y a su vez lo nuestro puede servir a otros. En este punto hay que añadir que las imágenes son de lo más visitado cuando alguien visita nuestro perfil. Con lo cual, ¡cuidadín con las parte estética!

6. Hay quien dice que lo principal es hacerse “marca”, y así se tendrá más éxito. Pero creo que vamos perdiendo el norte en este sentido. Quizá lo más importante, nuevamente, sea ser persona y no un perfil con nuestra foto al servicio de otras cosas. Es decir, tratar con cercanía a las personas que hay detrás de los perfiles, interesarnos y dialogar más allá de “lo que se comparte”, pasar a conocer a “quien está en la red”. Diría que en esto lo fundamental es crear una identidad inclusiva, que no se cierre sobre nuestro mundo de tal forma que nos polarice en torno a lo mismo de siempre, sin más apertura que lo de siempre, sin más novedad que aquello que ya sabemos, pensamos o queremos escuchar. Para superar esto hay que ser cada vez más inteligente y más atrevido, porque la tendencia que generan las redes sociales terminan en nichos muy cerrados de relaciones prácticamente uniformes.

7. Explorar las diversas posibilidades que ofrece Twitter. Por ejemplo, hacer listas temáticas en la que ir incluyendo a las personas que vamos conociendo. No tienen por qué ser públicas, pueden ser privadas. Es algo muy fácil que brinda la capacidad de situar en calles a las personas que vamos encontrando y luego leer temáticamente. Por ejemplo, en relación a la iglesia, a la educación, a la actualidad, a la justicia… Este orden es fundamental en la red del pajarito que, por ahora, no selecciona lo que leemos como hace Facebook. Dicho lo cual, ¿por qué no preguntar a quienes tienen más experiencia?

@josefer_juan

Un blog más, ¿para qué?

Me gustan las preguntas. Fueron las preguntas, y no las respuestas, las que me llevaron a abrir mi primer blog hace un tiempo. Es a partir de una pregunta cuando comenzaba a escribir buscando un poco de claridad, siempre limitada. Entonces me di cuenta de que esta pregunta que yo tenía no era sólo mía. Otros también habían sucumbido a su encanto. Y a través del blog comencé a relacionarme con otras personas que también sentían la misma inquietud y buscaban dar respuesta. Un blog pasó a ser un punto de encuentro y se formó una pequeña comunidad de buscadores.

Hoy tengo la oportunidad de escribir en este blog junto a algunas de las personas que fui conociendo en la red. Y es un privilegio. Pero me pregunto para qué otro bog más, ¡con todos los que hay! Mis respuestas son muy pobres de momento, aunque seguramente iremos encontrando otras más a lo largo del camino que empezamos hoy, como regalo de la Epifanía de 2015.

  1. Porque genera ilusión.
  2. Porque nuestra intención es servir en algo a quienes quieren evangelizar en la red.
  3. Porque iMision se ha convertido en una familia, que también cuida de los suyos, en una verdadera comunidad virtual.
  4. Porque quiero compartir la experiencia y lo aprendido, sabiendo que no soy experto en nada.
  5. Porque podré aprender de lo que escriben mis compañeros.

40 cosas que he aprendido en el #iCongreso

Captura-de-pantalla-2014-04-06-a-las-22.59.58Creo que es el primer congreso en el que no saco papel y bolígrafo. Me cuesta desprenderme. Siempre llevo algo encima en lo que poder escribir, pero esta vez no salió de la mochila. Innecesario absolutamente. Y pienso también que es el primer congreso en el que estar con el móvil, el ordenador y la tableta continuamente no supone una falta de educación para quien está hablando. Más bien al contrario.

He aprendido mucho. Y quisiera sintetizar todo. Por si alguien se puede enriquecer también con todo ello. Evidentemente esta colección no está ordenada en prioridades. Ni lo pretendo. Además, algunas de estas cosas ya las sabía. Aunque hay que saborearlas más y repetirlas más veces. Hay una forma de repetición que implica actualización, novedad, descubrimiento, profundidad. De esto se trata también.

  1. Muchos no nos conocíamos y éramos capaces de reconocernos.
  2. La comunión es la clave. La red es relación. Las paredes son los cables. Pero el hogar son las personas. Y en internet habitan personas.
  3. Dios no tiene Twitter, ni Facebook. Y sin embargo habla en la red. ¿Cómo? Como siempre. ¿Por qué? Por lo de siempre. ¿Para qué? Para crear red, porque le interesa.
  4. Desvirtualizar, es decir, encontrarse con alguien que conoces a través de Twitter, Facebook… implica darse cuenta, nuevamente, de que nadie cabe en una definición, en una foto de perfil. Nos hacemos ideas aproximadas de los demás. Y, sea del modo que sea, cada persona desborda lo que esperamos cuando apostamos por conocerla y queremos conocerla. Además, para bien.
  5. La red es un lugar, más que un instrumento. Y quien pretende instrumentalizar la red quiere tratar a los perfiles desprovistos de su personalidad, peculiaridad, realidad humana. Un perfil es una persona. Por eso las mujeres son tan buenas en la red.
  6. Internet responde a las profundidades inmutables de la persona. Es la llamada misma a cumplir su esencia.
  7. Resulta imprescindible escuchar a otros. Y escuchar con hondura. Escribir y dar no lo es todo. Antes de ello, atender al hombre, a la mujer, al joven que vive y se da a conocer. Internet tiene una gran potencia reveladora.
  8. El diálogo en la red comienza en la respuesta. Cuando alguien responde muestra interés. Es lo más premiado en Facebook, por ejemplo: los comentarios. Y dado lo efímero y pasajero del tweet, la respuesta muestra un punto de conexión. No digo que sea una respuesta fabulosa y de alabanza. Sino cualquier tipo de conexión. Hasta entonces todo lo que hacemos está por ahí dando vueltas, sin revelar a nada ni a nadie.
  9. Apostemos por las grandes preguntas. Las que se hace toda persona. Antes que por respuestas que no sabemos dónde llegarán, o no sirven a nadie. Tocar y despertar, por así decir, la conciencia.
  10. Antes del punto anterior debería haber escrito que hay que preguntarse a sí mismo, antes que ir en busca de los demás. Las grandes preguntas se escriben en primera persona, y quizá alguien se pueda enriquecer con ellas.
  11. Blog, redes… todo esto está cargado de testimonio. Pequeñas cosas, elevadas por la fuerza de la palabra. La palabra es clave. Esto va de hacer visible lo invisible, de revelar revelándose. Y cada acción en la red es una manifestación de sí mismo. O puede serlo.
  12. Todo esto ayuda al hombre a conocerse, cuando está bien oritentado. Y a buscar. Existe mucha sed en la red, al igual que heridas. Nos encontramos fácilmente en la red dialogando con personas que tienen un punto de “radicalidad”: o bien con personas preocupadas por su fe, en camino, o bien con personas despreocupadas con por su fe, a las que algo ha  pasado y que se interrogan.
  13. Hay que preguntarse por qué, para qué, cómo estamos en la red. Qué nos motivó, qué nos motiva. Los cómos se ven más de lo que pensamos. Las consecuencias también.
  14. Se puede hacer mucho bien en la red, y mucho daño también. Como en todo, tanto en cuanto. La ambigüedad del todo. Nada nuevo, pero preocupantemente olvidado en determinados momentos o patinazos.
  15. Es necesaria la formación, la buena formación. Un tópico, muy clásico. Pero las buenas intenciones son, a todas luces, insuficientes dada la novedad. Estar dispuesto a aprender de los mejores. No para imitarlos, sino por aprender. Probar también es aprender y ejercitar. Hay muchas cosas que sólo se aprenden en gerundio. Y esta actitud nos revela también qué significa ser discípulos del Maestro.
  16. Una imagen vale más que mil palabras, y un video más que mil imágenes. Sin embargo, sigo apostando por la palabra. Es mi opción personal. Y entiendo la necesidad de los videos, un campo sin explorar con la intensidad que se merece. En un video cotidiano la gente testa que se dice la verdad, que es real lo que se propone.
  17. En la búsqueda de la originalidad es tan importante la creatividad como la autenticidad. De lo falso y artificial se huye.
  18. En internet hay que disfrutar. Como en todo en la vida. Lo contrario es una carga imposible de soportar que genera, a su vez, más pesadez y cargas en los demás.
  19. La iglesia está interesada, muy interesada, en crear puentes, acercarse y aproximarse a quienes están alejados. Y, en ocasiones, se reconoce ella misma alejada de otros, del mundo. Me pregunto muchas veces por qué provoca tanta distancia su intención por acercarse, y por qué habla tanto de cercanía cuando el mundo la siente tan alejada en tantas ocasiones.
  20. Dentro de la iglesia también es necesario tender puentes y conocerse más y mejor. Muchos van a lo suyo. No es que sean francotiradores, es que se creen mejores que el resto, o se creen autosuficientes, o lo saben todo mucho mejor que otros, o les provoca alergia la diversidad y la variedad.
  21. La red también puede convertirse en un peligroso reducto de iguales. Peligroso por muchas razones. La más importante de todas, porque genera un mundo de mentiras. Calentito y cómodo, pero engañoso.
  22. Los angelitos y las imágenes piadosas no ayudan. En general, lo pasteloso. Aquellos  .ppt que llegaban masivamente por email para ofrecernos un minuto de tranquilidad entre bosques y agua, siguen presentes aunque han mutado. Y siguen poniendo nervioso a muchos.
  23. Quedará mucho por hacer, pero ya hay mucho bueno. Cuando repasamos lo que se debería hacer encontramos fácilmente ejemplos entre aquellos que están más cerca de nosotros. Nadie es perfecto, ni debe pretender serlo. Salvo que esté dispuesto a ser lo que no es.
  24. Quien busca éxito se busca a sí mismo. Y la egolatría, el autoalabamiento, la autocontemplación es una tentación constante en la red. Que a su vez es la negación misma de la red. Lo contrario al éxito serían los frutos. Al menos en una parte de la red y de las intenciones.
  25. Hay pasos que dar. E igualmente estamos en un momento en el que hay que saltar, hacer apuestas y tomar decisiones radicales. Es tiempo de oportunidades. Lo cual, visto con perspectiva suficiente, se dice en muchos momentos de la historia. Quizá éste sea uno de los verdaderamente claves, por la revolución en todo ámbito de vida que está ejerciciendo internet.
  26. Hay que empezar por lo pequeño. Nos permite volver a lo cotidiano con atención, a la experiencia en actitud de búsqueda. Es al mismo tiempo una especie de revisión, memoria y deseo. La capacidad simbólica se fortalece en la red. Sugiere, llama, conecta con la revisión que otra persona hace de sí misma, cultiva la memoria y sus recuerdos, y también proyecta y hace desear en futuro. Lo pequeño es magníficamente grande. Enorme en la red.
  27. Faltaron en el iCongreso muchos amigos, que sí estuvieron sin embargo. Pudieron disfrutar a través de internet de algo parecido a lo que vivimos los que sí estuvimos. Algo tan parecido como distinto. La presencialidad es la presencialidad. La distancia entre el iAbrazo y el abrazo es absoluta. Aunque en la red se den verdaderos encuentros cara a cara, los imprescindibles abrazos se dan fuera de ella.
  28. Las buenas prácticas se vinculan con la caridad. La caridad siempre es el test para lo bueno. Y la caridad también se compone de un cierto elemento profético, de denuncia, de incomodidad, de rebeldía. Siempre con amor, y más amor cuanta más distancia. Porque en amor aproxima, hace posible el diálogo. Nadie escucha a quien da patadas, salvo que ame al enemigo y tenga paciencia hasta que se produzca otra respuesta.
  29. Las comunidades virtuales son comunidades reales. Nadie solo en la red. Y, al mismo tiempo, el peligro del aislamiento, de los enrededos del propio egoísmo, de la soledad más radical. Probar esa soledad es probar oscuridades humanas. Y hay bastantes personas en la red que reflejan esa soledad radical, cuya presencia es llamada y reclamo, necesidad de proximidad, de cercanía, de amor.
  30. Los turnos de preguntas en los congresos apuntan fino habitualmente. Aunque hay de todo. He escuchado intervenciones y preguntas que han dado en el clavo. Y eso significa que en un Congreso no se puede perder la oportunidad de escuchar a todos, de hablar con todos. Y nunca se llega a tiempo de lograrlo. El paralelo con la red es natural. ¿Escuchar a todos, seguir a todos, intentar conocer a todos?
  31. Estos seis puntos, de @gentrala son imprescindibles: segmentación, medir, gustabilidad, empatía, arriesgar, creatividad. Y sobre cada uno de estos puntos podría estar @gentrala y otros hablando durante un congreso entero. Sin embargo, conviene orientar cada uno de ellos y no confundirlos con dividir, matematizar, aparentar, utilizar, ser imprudente, creer que hay que hacer lo que nadie ha hecho…  Me encantó conocerlo. Y darle las gracias.
  32. Colaborar es más que posible. Trabajar juntos, sacar proyectos en común, apostar por la diversidad y el enriquecimiento mutuo en ellos. Hacer opción por lo diferente para trabajar juntos. Evitando reductos a los que estamos muy acostumbrados. Muchas posibilidades de la red se relacionan con esto precisamente. Compartir, verse, hablar… ¿Quién no ha utilizado alguna de ellas y ha probado sus beneficios?
  33. Las herramientas que hay a nuestra disposición nos desbordan. No se puede confundir lo mucho, con lo fundamental. De vez en cuando, incluso, conviene apagar todo, despejarse de cosas, acercarse al encuentro con cada uno de ellos. Conocer las herramientas entra dentro de la formación. Muchas son válidas. Hay que ver cuál es mejor para cada proyecto, para cada persona, para cada objetivo. Sin utilizar a nadie.
  34. Se puede perder mucho tiempo. Perder tiempo es negativo. Otra cosa es decidar tiempo. También se puede dedicar mucho tiempo. Y ofrecerlo, entregarse y entregarlo. Es un trabajo en muchas ocasiones que llena suficientemente una jornada laboral, y más.
  35. Existe tanto en la red, tanto y tanto cada día nuevo, que hay que filtrar y curar contenidos. Hay personas de las que aprender en esta tarea, que emplean bien los medios que tienen a su disposición. Cada uno de nosotros podemos ser esa persona para muchos otros. Y así ser “referentes” en la red, que aportan algo significativo.
  36. La presencia de la iglesia, y de cada cristiano en la red, debe cuidar que no sea fragmentada y que no sea superficial. Es fácil caer en fragmentación cuando se prescinde de la diversidad y del resto, o de lo incómodo. Y también existe, siempre ha existido, la grave tentación de vivir con medida propia, a nuestra manera, con una libertad mal entendida, seleccionando con criterios puramente egoístas y cómodos.
  37. Hay fronteras incluso en las fronteras de la red. El nuevo continente, recién creado y poco a poco creciendo, ya dispone de sus propias fronteras en las que participar y hacerse presente no resulta nada fácil. Recordemos que sólo se lee aquello que se acepta y acoge. Y es difícil toparse con ello y facilitar el encuentro.
  38. La alegría y el humor no pueden faltar nunca. Si no eres gracioso, cansas. Si estás todo el día con lo mismo, eres un pesado. Y no es cuestión de “de vez en cuando” hacer algo que se salga de lo normal, sino de un tono común y habitual. La frescura con la que te muestres es una oferta de encuentro.
  39. Muchos de los puntos anteriores me han hecho disfrutar en la red. Algo que comenzó por aburrimiento y ahora es algo cotidiano. Si me sacó del aburrimiento, y no me aburre, es porque merece la pena. Algo he encontrado.
  40. Y no me canso de agradecer lo que aprendo. Sobre todo agradezco conocer de quién aprendo.

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