Seguidores

Observo cómo casi a diario fluctúa el número de seguidores en Twitter. Es algo que no me preocupa en absoluto, la verdad. No soy de cuantificar. Sí me parece curioso; y totalmente normal.

Uno prueba, por la razón que sea, seguir a quien en principio le parece interesante y luego deja de hacerlo porque no se cumplen las expectativas iniciales. Tan normal como la vida misma. A lo largo de nuestra existencia entramos en contacto con personas que nos influyen, pueden incluso marcarnos, pero por el propio devenir de la vida acaban desapareciendo de nuestro entorno o camino. Otras, sin embargo, nos acompañarán siempre; compañía no necesariamente física, pero si espiritual.

De igual forma nosotros afectamos a otros, aunque no permanezcamos a su lado. O sí. Sembrar sin mirar atrás. La calidad de la tierra y el agua de otros harán florecer la semilla. O no.

En ocasiones, no muy frecuentes en principio, se produce una suerte de conexión o identificación que conlleva a la adhesión, no mero seguimiento. De la RAE:

adhesión

Del lat. adhaesio, -ōnis.

1. f. Acción y efecto de adherir o adherirse.

2. f. Fís. Fuerza de atracción que mantiene unidas moléculas de distinta especie química.”

Personas de diferentes lugares, de distintas lenguas, de orígenes e historias dispares que confluyen bajo un común denominador que les hace permanecer unidas. Es esa fuerza centrípeta lo importante, no el número de seguidores. Esto ocurre en cierto modo con los iMisioneros. La Buena Noticia, el anuncio de Aquel a quien preparamos el camino en este tiempo de Adviento es lo que nos une en las redes y fuera de ellas. Anuncio, presencia, comunión… la Roca firme de la que nos habla el Evangelio de hoy, Mateo (7,21.24-27). Esa fuerza de atracción que nos mantiene unidas a gentes tan diferentes.

Él es el único importante, ya lo dice el salmo que la liturgia nos propone para hoy:

Mejor es refugiarse en el Señor

que fiarse de los hombres,

mejor es refugiarse en el Señor

que fiarse de los jefes.”

La cuestión es permanecer fiel a Él, con humildad, con desprendimiento, con fe, con Amor. Con una sonrisa en el rostro o en 140 caracteres. Siempre en gerundio. Adelante.

Un tiempo nuevo

Un tiempo nuevo. Adviento. Un camino de espera, una senda de Esperanza. De nosotros depende que sea una espera pasiva o que la propia Esperanza nos empuje a salir de nosotros mismos y ponernos a caminar. No andar por andar.

Sin prisas, con calma, con sentido.

Iniciemos el Camino en la Palabra y hagámoslo como un camino interior; silencio, oración, meditación. Revisión, puesta a punto. Y salgamos. No tanto por nosotros; salgamos a recoger por el camino a los que ya ni esperan, a los agobiados, los hastiados, los cansados, los defraudados. Seamos signo de esperanza para los desesperados, fuego para los fríos.

Camino interior. Mirémonos con misericordia para ser misericordiosos con los demás. Deshagámonos del lastre del rencor, el prejuicio y el resentimiento. Seamos palabra de consuelo, gesto de perdón.

Camino interior con compañía, con la compañía de Cristo. Salgamos a caminar con otros. Este camino hay que hacerlo en compañía.

Quiérete. Ama. Que todos sepan que Él les ama, que nadie se quede sin saberlo.

Permanezcamos a la escucha para poder escuchar al hermano. Sin prisas. Que todos sepan que Él les escucha.

Camino nuevo. Tiempo nuevo. Hombre nuevo. Empieza por ti mismo. Sal. Continúa por tu familia. Salid juntos.

Seamos luz allá donde estemos. También en las redes. Luz que prenda otras candelas. Creemos un ejército de luciérnagas que alumbre a todos.

Yo quiero ser un hombre nuevo. Que mi espera sea activa. Salir al encuentro de otros. No quiero permanecer inmóvil. La Esperanza me llama a la acción, al gerundio. Con sentido, con calma, sin prisas.

Quiero que todos lo sepan, que se vayan uniendo al caminar. No quiero llegar sólo a adorar el Pesebre. Quiero que seamos muchos caminando juntos y legión adorando en Familia.

¿Te animas? ¿Caminas conmigo? ¿Nos cogemos de la mano y comenzamos?