Responsabilidad como cristiano en red

Ser cristiano es un don. En la red, además, encuentras formación, comunión, ayudas para una espiritualidad cotidiana, y muchos retos. Pero también es una responsabilidad enorme, porque de algún modo nos convertimos, igual que en la vida cotidiana, en imagen de aquello que hablamos, compartimos, vivimos. Puede que nuestro perfil sea para muchos casi el único trato que tienen con la iglesia, la religión e, incluso, Dios. Así planteado da vértigo verse. Sería bueno incluso sentir un cierto peso. Se trata de la responsabilidad de la misión, que todo cristiano está llamado a vivir con intensidad y a no descuidar nunca. Evangelizar empieza aquí.

Una primera y esencial responsabilidad es, y no conviene pasarlo por alto, respecto a uno mismo. Un tweet es una acción y como tal, saliendo de nosotros mismos tiene también  repercusión e impacto. Por tanto, capacidad de mejorar y hacernos avanzar, o empeorarnos dando por sentado que, por ejemplo, ya hemos llegado a la meta, tenemos (o somos) la verdad máxima como cristianos y del mismo cristianismo.

Te propongo en este sencillo post que examinemos juntos, y nos miremos, en torno a cinco grandes cuestiones a revisar continuamente, a actualizar una y otra vez:

  1. Responsabilidad estética.Qué imagen proponemos del cristianismo, cómo comunicamos su belleza. Lo primero que se ve, la apariencia que comporta una imagen y lo que a su vez transmite y hacia lo que orienta. Qué imaginario, por tanto, hay detrás de nuestras publicaciones, o incluso el mismo perfil, que es de todo lo que hay en la red lo que más permanece y nos hace visibles. De qué modo, por tanto, hacemos visible el cristianismo en el mundo de hoy. Porque una imagen atrae y pregunta, mientras otras pueden repeler y ser causa de rechazo y lejanía.
  2. Responsabilidad ética. Es decir, respecto del bien, de aquello en lo que asentamos nuestra existencia y la dirige. Las redes sociales también cuenta en qué se fundamenta la vida de las personas, cuáles son sus preocupaciones más intensas y cómo tratan los problemas radicales de nuestro tiempo. Un aspecto muy relevante, olvidado con frecuencia, es que las redes sociales constituyen un espacio principalmente público, y que por tanto reflejan la pluralidad y la diversidad de las sociedades modernas. Llamamos a encontrarnos por tanto y construir ámbitos de convivencia comunes, en los que sea posible el encuentro y el acercamiento. Sin embargo, esto no significa ni puede ser motivo para rebajar la intensidad y la radicalidad de la vida cristiana, sin que esto signifique de ningún modo extremismos. Respecto a esto cabe decir que una ética que se vive como obligación personal, con alegría y entusiasmo, se diferencia mucho de aquella que se vuelca sobre los otros como exigencia o reproche.
  3. Responsabilidad teológica. Una cuestión fundamental, en la que reparamos, pese al mandamiento que nos obliga a no usar el nombre de Dios en vano y caer en idolatrías que dicen estar delante de Dios pero más que nada se apoderan de Él haciéndolo “a la medida”. El Dios cristiano es inabarcable, profundo misterio que se ha dado a conocer, que está a disposición del ser humano muy especialmente en la persona de Cristo, y del que, paradójicamente, somos capaces. Siempre medriocremente, nunca de forma absoluta y total. Cuando en las redes sociales hablamos de Dios, ¿no deberíamos ser radicalmente prudentes? En ocasiones, dicho sea de paso, no hace falta nombrarlo para hacerlo presente. También cabe la posibilidad de preguntarse, en la misma línea, cómo se hace presente Dios mismo a través de mí, y mis redes sociales por tanto, y no tanto cómo yo lo hago a Él presente.
  4. Responsabilidad eclesial. Una tensión más, que nuestra época vive con cierto rechazo. La imagen pública de la Iglesia, denostada en ciertos lugares más que en otros, compete a todo cristiano, aunque se vive particularmente con mayor responsabilidad por parte de aquellos que desean caminar más cerca de Cristo, con un compromiso visible mayor. Nadie es la Iglesia, ninguna persona, y sin embargo todos los cristianos formamos parte de su Cuerpo. ¿Cómo vivimos esta realidad, de la que nos hacemos responsables? ¿Cómo situamos a la Iglesia, y dónde, en el espacio digital? Esta responsabilidad también incluye no sólo el ser portadores de la Iglesia allí donde está incluso mal vista, sino la necesidad de construir redes internas, diálogo interno y fraternidad cristiana digital. De esta última muchos somos los que podríamos hablar a estas alturas, tanto de lo que nos ha aportado como del trabajo constante y la atención que requieren estas nuevas relaciones.
  5. Responsabilidad evangelizadora. Las redes sociales abren una oportunidad nueva, nunca antes conocida, para la difusión de mensajes y palabras. Algo que ha sabido ver muy bien la Iglesia, en su potencial alcance para llegar a las periferias y evangelizar, es decir hacer llegar una Palabra de vida a aquellos que se encuentran sumidos en cierta indiferencia religiosa o en el relativismo propio de la época. Evangelización que, de ningún modo, cabe hacer a martillazos o con spam, mostrando lo que otros no quieren ver, y que puede dar un paso adelante conectando con las necesidades profundas del corazón del hombre y las preocupaciones existenciales y sociales de nuestra época. Una responsabilidad ésta que muchos cristianos han asumido, quizá también escudados en una distancia y anonimato que se vuelve a la postre tentación y distancia. La evangelización en las redes será por contacto personal, o no será. El resto, muy valioso, se encuadra dentro de la pastoral y el cuidado del camino de los cristianos ya de algún modo iniciados. Pero evangelizar, como ir en actitud de misión, implica necesariamente un salir, un dejar, un primerear, un abandono y mucha confianza.

Seamos únicos

He leído una entrevista que Andre Zambrano realiza al cantante italiano Nek. No lo he hecho en el original de La Nuova Bussola Quotidiana sino a través del medio digital ReligiónEnLibertad http://www.religionenlibertad.com/nek-implica-fondo-evangelizacion-dios–55982.htm Personalmente siempre me ha encantado la música italiana desde Nicola di Bari a Lucio Dalla, Lucio Battisti, Domenico Modugno o Tiziano Ferro… mi lista es casi interminable. En ella siempre ha estado Nek, pero tras leer la entrevista aún más. Aún más, sí, y lo digo sin rubor porque él, sin rubor alguno es testimonio vivo de su fe. No debería ser nada extraordinario, pero lo es. No abundan en el mundo de la música, cine o espectáculo testimonios similares, que hablen a pecho descubierto y tengan tal nivel de implicación con la Evangelización. No sé si es que apenas existen o que permanecen en las catacumbas del silencio. Prefiero pensar que no existen, porque si eligieran la oscuridad y el silencio sería algo tristísimo que diría muy poco de ellos mismos y menos del mundo en el que se desenvuelven.

En nuestro país creo que, por mucho que piense, solamente se me ocurre el nombre de la artista Nena Daconte en el ámbito de la canción https://www.diocesismalaga.es/pagina-de-inicio/2014047174/lo-cool-es-ser-ateo-pero-yo-creo-en-dios-y-voy-a-misa/ o el polifacético artista de la movida madrileña y extraordinario pintor Fabio McNamara (Fabio de Miguel) http://www.alfayomega.es/59374/fabio-mcnamara-cuenta-su-historia-de-conversion-en-una-parroquia Testimonio el de éste último que no puede dejar indiferente a nadie; ejemplo de superación tras haber tocado fondo. Creo que tienen un valor singular e importantísimo precisamente por ser cual es su ambiente cotidiano. Son ejemplo y luz en una auténtica periferia existencial. Seguro que habrá más.

Por otro lado tenemos el ejemplo inverso – que no contrario, obviamente- de “personajes” como el sacerdote marianista Daniel Pajuelo o el sacerdote redentorista Damián María Montes. Tanto Dani como mi hermano el Padre Damián suman al resto de sus labores pastorales cotidianas, cada uno en sus ámbitos y respectivas congregaciones, la vocación musical. Que dos sacerdotes jóvenes, dos religiosos jóvenes desarrollen esta faceta pública y mediática es un signo vivo, no solamente del buen estado de la Vida Consagrada, si no de la normalización de un tipo diferente de Iglesia en salida. Sea o no lo que les mueve a ello, esta faceta suya es de una labor evangelizadora explosiva.

Nena Daconte, Nek, Dani Pajuelo o Padre Damián son ejemplos sonoros, por conocidos, de la expresión práctica de lo que ayer nos decía en este iBlog José Fernando Juan: evangelizar la persona; la propia persona. Lo que ellos pueden arrastrar es brutal por mediático. Pero nosotros podemos hacer lo mismo con nuestra propia vida. Cada uno en sus respectivos entornos: laboral, familiar, deportivo… donde sea. Salir del ostracismo. Llevar una vida coherente y alegre. Que la propia alegría y coherencia sean luz que alumbre, aliente e infunda esperanza; que sirvan de camino, ánimo y aliento para otros. Y un inabarcable mundo que habitamos es precisamente el de las redes. También ahí -aquí- brillamos, nos caemos, lloramos y somos testimonio. Somos creados únicos, cada uno de nosotros. De manera que, como dice Nek ¡Seamos únicos! No lo olvidemos. Nunca.

Evangeliza tu persona, no tus contenidos

Planteemos en serio esta cuestión: ¿Crees que tiene fuerza evangelizadora en internet una charla estupenda que des sobre, por ejemplo, el Padrenuestro? ¿Quién crees que abrirá ese contenido para leerlo, escucharlo o prestarle atención? ¿No estará más destinado todo esto a las personas que ya creen y, entre estos, aquellos que tienen cierto interés y les preocupa? ¿Conseguirá llegar a los alejados, alcanzará a quienes viven en las periferias, en los márgenes de la religiosidad? La respuesta general, a la que caben excepciones, es NO.

Por el contrario, ¿qué puede llegar a otros, qué se consume principalmente en internet por aquellos que buscan, que están abiertos, que manifiestan una cierta inquietud respecto de su existencia? ¡La vida de otras personas! Piénsalo. Un entorno en el que se puede compartir la vida, y una vida auténtica no una vida “postureada” o teñida de color, es la que más evangeliza, porque es aquella que puede conectar, generar empatía despertar verdadero interés en el otro. Lo específico religioso, en muchos casos, se queda para “consumo interno” de los creyentes. ¡Ojo, que también es importante, que también estamos necesitados de testimonio, de profundización y de verdad que aliente nuestra vida!

Sin embargo, si quieres llegar a otros, si quieres transmitir algo más allá de lo que comúnmente se practica, ¡será tu vida el mejor, casi único cauce para esta transmisión! No hace falta ni que citemos textos, basta con ver lo que sucede en la red. En este sentido, las redes sociales ofrecen un entorno, un marco incomparable para hacer una propuesta realmente vivida. No una propuesta o mensaje para que otros vivan, sino una propuesta de vida fundamentada en el Evangelio, en el Señor.

Compartir vida, lo mejor de la vida o lo más cotidiano e insignificante, sin que por eso ambas cuestiones se excluyan, ya es una forma de interpretar el mundo entero, de dar a conocer dónde se encuentra alegría y vida en abundancia. Una foto, un encuentro, una experiencia, un pequeño vídeo… ¡muestra en qué te fijas y hoy puede llegar al mundo entero!

 

¿Católicos enfrentados en las redes sociales?

Algo que siempre alabo de las redes sociales es la posibilidad de proximidad y cercanía. Disponemos de espacios abiertos en los que no es difícil encontrarse, conocerse y profundizar. De modo que el primer contacto puede derivar, como siempre y en todo momento de la historia, en simpatía o su contrario.

También en lo religioso podríamos hablar precisamente de lo mismo. Los católicos coinciden, hablan y comparten. Y de ahí derivan con frecuencia algunas diferencias, no siempre insalvables, pero de algún modo incómodas.

  1. Nos hace bien aproximarnos a la diversidad de la Iglesia. Diversidad de sensibilidades, de espiritualidades que por lo general siempre se han tenido como riqueza de la Iglesia y sus carismas. Diversidad de historias y caminos, en los que sería preocupante mantenerse incólume e inmóvil. Diversidad de miradas, de experiencias, de preocupaciones que reflejan la vida particular de “las iglesias” y los cristianos llamados a la comunión. Diversidad, en definitiva, reflejo de la grandeza y amplitud de una misma iglesia que convoca a todos.
  2. Nos hace mal, mucho mal, la división. Fractura y desmembramiento que es fácil percibir como toma de postura antes incluso del diálogo, que impide la escucha, la acogida y el respeto mutuo. También la búsqueda común del bien y de la verdad. La división se expresa en el alegato, poco humilde y excesivamente pretencioso, de la identificación de uno mismo con el bien y la verdad, o con demasiado bien y verdad.
  3. Nos hace bien, mucho bien, darnos la palabra. Primerear, ese neologismo que aparece en “La alegría del evangelio” (EG), dentro y fuera de la Iglesia en este continuo diálogo, que las redes sociales expresan a las mil perfecciones. Una oportunidad, por tanto, para la atención al otro, en ocasiones no tan distinto pero con otros lenguajes y particularidades, que en nada suelen empañar la abundante vida regalada a la Iglesia. Quizá el mejor modo de dar la palabra esté antes incluso de la formulación de la pregunta, en la escucha de la pregunta ajena.
  4. Nos hace mal, mucho mal encerrarnos en debates estériles. Aquellos cuyos frutos son inexistentes, provocan mayores resistencias y enfrentamientos, consolidan la dureza del corazón y mantienen a las personas esclavas de sus propias opiniones. Identificar claramente este tipo de asuntos es esencial. Entrar directamente a hablar de ellos, sin antes haberse escuchado en otras cuestiones, no conduce a ningún lugar.

Estamos forjando, casi inaugurando, la presencia de la Iglesia en el continente digital. Aquí todos somos tan nuevos que no aprender, reformular y seguir haciendo camino y misión es una postura del todo ingenua. Antes al contrario, visto lo que hay y el ritmo constante de crecimiento y expansión tenemos ante nosotros una continua oportunidad de responder a aquella indicación esencial en el cristianismo: Hago nuevas todas las cosas.

Siempre adelante

Hoy, 7 de enero, se cumplen ya dos años del día en el que el autodenominado Dz D.R.S., simpatizante de los yihadistas de IS, hizo un ‘defacement’ en la web de iMisión insertando la bandera de IS.

 

Me gusta recordarlo de vez en cuando, como también mantengo en la memoria los tuits recibidos en árabe fechas antes; de dónde y de quiénes venían. Lo tengo presente porque me ayuda a apegar los pies a la tierra, la fe a las redes y afianzar por qué estoy aquí.

Esta mañana, escuchando en misa la primera lectura, ha sido cuando me ha venido a la cabeza qué día era:

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (3,22–4,6):

Cuanto pedimos lo recibimos de Dios, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio. Queridos: no os fieis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo. Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo. Vosotros, hijos míos, sois de Dios y lo habéis vencido. Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha. Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.”

La evangelización, el anuncio de la Sobreabundante Redención también en las redes, es imparable. Seguimos orando y anunciando. Perseverando. Siempre adelante. Unidos… y cada mañana nos visitará el sol que viene de lo alto…

Seguidores

Observo cómo casi a diario fluctúa el número de seguidores en Twitter. Es algo que no me preocupa en absoluto, la verdad. No soy de cuantificar. Sí me parece curioso; y totalmente normal.

Uno prueba, por la razón que sea, seguir a quien en principio le parece interesante y luego deja de hacerlo porque no se cumplen las expectativas iniciales. Tan normal como la vida misma. A lo largo de nuestra existencia entramos en contacto con personas que nos influyen, pueden incluso marcarnos, pero por el propio devenir de la vida acaban desapareciendo de nuestro entorno o camino. Otras, sin embargo, nos acompañarán siempre; compañía no necesariamente física, pero si espiritual.

De igual forma nosotros afectamos a otros, aunque no permanezcamos a su lado. O sí. Sembrar sin mirar atrás. La calidad de la tierra y el agua de otros harán florecer la semilla. O no.

En ocasiones, no muy frecuentes en principio, se produce una suerte de conexión o identificación que conlleva a la adhesión, no mero seguimiento. De la RAE:

adhesión

Del lat. adhaesio, -ōnis.

1. f. Acción y efecto de adherir o adherirse.

2. f. Fís. Fuerza de atracción que mantiene unidas moléculas de distinta especie química.”

Personas de diferentes lugares, de distintas lenguas, de orígenes e historias dispares que confluyen bajo un común denominador que les hace permanecer unidas. Es esa fuerza centrípeta lo importante, no el número de seguidores. Esto ocurre en cierto modo con los iMisioneros. La Buena Noticia, el anuncio de Aquel a quien preparamos el camino en este tiempo de Adviento es lo que nos une en las redes y fuera de ellas. Anuncio, presencia, comunión… la Roca firme de la que nos habla el Evangelio de hoy, Mateo (7,21.24-27). Esa fuerza de atracción que nos mantiene unidas a gentes tan diferentes.

Él es el único importante, ya lo dice el salmo que la liturgia nos propone para hoy:

Mejor es refugiarse en el Señor

que fiarse de los hombres,

mejor es refugiarse en el Señor

que fiarse de los jefes.”

La cuestión es permanecer fiel a Él, con humildad, con desprendimiento, con fe, con Amor. Con una sonrisa en el rostro o en 140 caracteres. Siempre en gerundio. Adelante.

Inmediatamente dejaron las redes

Es asombroso leer el Evangelio con significados actuales. Mientras leía el texto de hoy, resonaba en mí la frase del título: “Inmediatamente dejaron las redes”, como si se tratara no de los aparejos del pescador, sino los enredos que trae consigo Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, YouTube… Muchos hoy dejan, efectivamente, las redes por cansancio, por presión, por malas experiencias. Pero aquí bien sabemos que se trata de algo muy diferente, de una llamada, de una vocación, de un requerimiento muy personal.

Quizá sea también importante leer, escuchar esta Palabra hoy entre los iMisioneros. Deja las redes y ven conmigo. ¿Estamos dispuestos a apagar, a dejar inmediatamente, a desconectar? ¿Cómo respondemos hoy, enviando un mensaje o con la vida misma? Dejar, tal y como se pronuncia hoy en el Evangelio, no es tanto una renuncia como una liberación. Las redes también atan, es una necesidad dejarse liberar de ellas, ser libre en ellas. ¡Su llamada nos hace libre!

En su conjunto se produce una transformación que no se nos puede escapar. Hay más redes, que no se nombran. Las cosas dejan de situarse en primer plano, las personas cobran relevancia. Detrás de “pescadores de hombres” hay una novedad inaudita hasta entonces, en la que siempre cabe volverse a mirar. La persona, no las redes, es lo primero. No yo, sino el otro.

Acompañar al Maestro en el continente digital conlleva esto, resituarlo todo, reordenar el conjunto, dar prioridad a lo único importante. La respuesta de Simón, de Andrés, de Santiago y de Juan reclaman nuestra docilidad y agilidad. “Inmediatamente” dice hoy mucho, siendo tantas cosas instantes que llevan a otros instantes. Hablar así con la propia vida, al segundo y en respuesta.

Ser creíble en Instagram

Instagram es el reino de los jóvenes, y son muy exigentes con los adultos que aceptan. En un tiempo fue de los más jóvenes, pero ahora han crecido. Con el empuje de Stories, esta red se une a la pujanza digital que propicia el diálogo y el trato personal en detrimento de la preocupación de los asuntos públicos. No es buen lugar para los debates ni el diálogo. Se consumen imágenes de pasada y todo continúa su ritmo. Salvo el intercambio de mensajes privados.

En este contexto, retomo la pregunta por la credibilidad. No hace mucho que esta palabra formaba parte del análisis esencial de la Iglesia sobre su presencia en el mundo, aquí continente digital. Ya sabemos que no es cuestión de imagen, como estamos viendo. Lo cual es muy interesante al cruzar esta cuestión con redes como Instagram, tan centradas en lo visual.

  1. Tu imagen no es todo. La presentación de uno mismo en la red no se reduce, ni de lejos, a la imagen seleccionada del perfil. Dice más de alguien sus últimas imágenes, lo que se puede leer y entender en las últimas nueve fotos que se ven en conjunto. ¿Qué es lo que revelan? ¿Coherencia, unidad, dispersión, falta de criterio, espontaneidad, interacción?
  2. La calidad de los seguidores. No la cantidad, sino la interacción y la participación. Cuando ves que otras personas son asiduas en la relación, algo dice que lo que hay detrás es interesante. Las personas que dan credibilidad con su propia palabra y testimonio hacen mucho más creíble lo que antes pudiera ser sólo un perfil.
  3. Primer contacto y respuesta. Hubo un tiempo en el que era habitual agradecer cada una de las nuevas relaciones (seguidores) e interacciones. Algunos se dedicaban semanalmente a hacer revisión de los más fieles o activos y dejarlo claro, por ejemplo, el viernes. Era un premio, un primer contacto. Hoy no se estila esta frecuencia, pero sí marca la diferencia el ser capaz de dar el primer paso de forma personal.
  4. El premio a la constancia. Aprendí de los jóvenes que, de forma casi natural son una especie de CM con grandes resultados, que el mejor ritmo es una foto al día, pero mucha más interacción en otros campos. Ritmo fijo, equilibrado, casi a la misma hora, la de los suyos. Compartir y recibir se da al mismo tiempo. Hoy esta cadencia equilibrada, por el peso del algoritmo y su selección, es mucho más importante de lo que pensamos. Quedarse oculto una semana supone después un reto de recuperación no siempre accesible.
  5. Valorar, hacerse presente. Dicho de otro modo, salir sin esperar. Pero no valorar sin discreción, como dando “like” a cualquier cosa sin importar nada más. Dar valor a todo es lo mismo que no darlo a nada. Seleccionar, cribar, emparentar, emparejarse, vincularse personalmente. Estar, de algún modo, también para otros sin esperar pasivamente.
  6. Aprovechar lo nuevo. Adelantarse de alguna manera. Lo nuevo hoy es Stories,  copiado de Snapchat, mañana no sabemos. Y dentro de Stories, el vídeo en directo, copiado a su vez de Periscope. Para muchos un reto por el asalto a la intimidad, por la exposición que supone verse hablando a una pantalla simplemente a la espera de que alguien se conecte, diga algo y no se vaya. En estos vídeos somos más reales y cotidianos que en muchas de las fotos elaboradas que se cuelgan. Ahí estamos, disponibles, al principio aguardando alguna forma de resultado. Pero estamos, seguimos, aprendemos.

San Jerónimo… y ¿tú?

san_jeronimo1

Hoy celebramos a San Jerónimo, uno de los cuatro Padres Latinos de la Iglesia. Conocidísimo por ser el traductor de la Vulgata siguiendo el encargo del Papa Dámaso I. Sacerdote, asceta, erudito.

Hombre de carácter duro, muy de “al pan, pan y al vino, vino”. No se andaba con contemplaciones ni con medias tintas. Feroz contra las herejías. Corregía de un modo implacable. Además, podríamos decir que era irascible. Y, sin embargo, santo… Y esto me anima, porque no sé yo a quién me recuerda ese carácter…

Una vez más los santos nos muestran con su vida que, a pesar de todas nuestras debilidades, cualquiera puede llegar a serlo; todos debemos tenerlo como meta.

Además de sus libros, con la cantidad de cartas suyas que se conservan, no quiero ni imaginarme la revolución que habría supuesto de haber tenido un ordenador, Tablet o Smartphone y conexión a internet. Si ya fue calumniado en su época (ay, Santa Paula) y se granjeó importantes antipatías ¿os lo imagináis con una cuenta de Twitter o un perfil de Facebook? Pues quizás sería bueno hacer ese ejercicio de imaginación. ¿A cuantos nos encontramos a diario en la redes con un carácter impetuoso y que expresan lo que se les pasa por la cabeza sin el tamiz de la delicadeza? ¿Qué pensamos de ellos? ¿Llegará alguno de esos personajes a ser un santo, aunque sea anónimo, como lo es Jerónimo? ¿Emitimos nuestro juicio sobre ellos, aunque sea interno, pasándolo por el tamiz de la caridad?

Por otro lado ¿Qué pensaría Jerónimo si viviera en nuestro tiempo? ¿No estamos, quizás, demasiado pendientes de no herir, de no molestar, de no ser señalados por el dedo quien sea? ¿Nos expresamos como realmente pensamos o, por el contrario, pretendemos adaptarnos a los aires ideológicos imperantes? ¿Usamos realmente la libertad de pensamiento y expresión? ¿Somos en verdad expresión y ejemplo de un cristiano?

Tú ¿Qué respondes?

 

3 lecciones del nuevo iOS 10 para tu vida de fe

¿Has actualizado alguna vez tu teléfono móvil? ¿Te has fijado que, pasado un tiempo, se vuelve casi un requisito obligatorio tener el último sistema operativo? Cada día las aplicaciones que usamos van mejorando, presentando nuevas características e, incluso, corrigiendo errores o revisando la vulnerabilidad ante ciertas amenazas. Actualizar los dispositivos móviles es, hoy en día, un requisito indispensable si queremos que estos funcionen de la mejor manera ¿Qué nos puede enseñar esto para nuestra vida de fe? A continuación te presentamos 3 lecciones para nuestra vida cristiana que podemos sacar de iOS 10, el nuevo sistema operativo de Apple para sus productos iPhone y iPad.

1. Una actualización siempre es necesaria

Mantener actualizados nuestros dispositivos es, casi, un ejercicio de responsabilidad. A más de alguno le ha pasado alguna vez que por no tener la última versión del sistema operativo no puede usar WhatsApp, por ejemplo. O, tal vez, por no tener la versión actualizada de alguna aplicación que usas en tu día a día no puedes disfrutar de una determinada función. En la vida de fe ocurre lo mismo: es necesario actualizarse. Para ello debemos tener una formación permanente: estar al tanto de lo que ocurre en nuestra Iglesia y dedicar parte de nuestro tiempo para conocer y profundizar en la Palabra de Dios, en los documentos del Magisterio, en la vida de los santos, en los sacramentos, en la vida espiritual, etc. Si nutrimos nuestra vida de estas fuentes que están a nuestra disposición podremos, al igual que con un iPhone actualizado, acceder a contenidos y experiencias que de otra manera no podríamos tener, así como también ser menos vulnerables ante los ataques de un virus o ante una falla de seguridad. Esta actualización en nuestra vida de fe nos permitirá leer la realidad cotidiana de una manera distinta y ser más fuertes ante las amenazas del maligno.

2. Notificaciones para una vida más atenta

Apple ha cambiado el formato de las notificaciones en el nuevo iOS 10: ahora son más dinámicas, permitiendo realizar acciones cuando la pantalla está bloqueada e interactuar con ellas. Al mejorar las posibilidades de interacción con las notificaciones podemos, por ejemplo, responder más rápido a un mensaje que nos llega. De esta manera, se hace cada vez más fácil y fluido reaccionar ante una alerta. La prontitud en la respuesta a una notificación en el teléfono móvil puede no ser de tanta importancia. Enviar una respuesta a un comentario en Facebook o a un correo electrónico puede esperar. Sin embargo, en nuestra vida de fe la respuesta al amor que Dios nos regala cada día no puede esperar. Estar atentos a los signos de su presencia en nuestra vida cotidiana y prontos a responder a su voluntad nos ayudará a estar siempre conectados con Él. Por ello es que estamos invitados a vivir el día a día mirando las notificaciones de su amor.

3. Siri: para un mejor diálogo con Dios

Siri es el asistente personal con reconocimiento de voz incorporado en los productos Apple (iPhone y iPad). Puedes pedirle que haga una llamada o que envíe un mensaje a través de WhatsApp, así como también puede indicarte si tienes alguna actividad programada en tu agenda. “Nadie te entiende mejor que Siri”, dicen en el sitio de Apple, ya que con las actualizaciones que se han ido haciendo el sistema se ha hecho capaz de aprender el lenguaje del usuario para poder interactuar de mejor manera.

Al igual como Siri, en nuestra vida de fe también debemos actualizar nuestras herramientas para poder tener un mejor diálogo con Dios ¿Qué podemos hacer para mantenernos actualizados? Lo primero: estar conectados con Él, es decir, llevar una intensa vida de oración. Segundo: conocer su lenguaje, que no es otro que el del amor expresado en las Sagradas Escrituras y en la Eucaristía. Y tercero: confiar. “Habla a Siri como le hablarías a un amigo”, dice en la web de Apple. Con Dios también habla como le hablarías a un amigo ¡Y es que Él es nuestro amigo! Aunque nosotros muchas veces no sepamos qué decirle y qué palabras ocupar, Él siempre nos entiende. Basta con dejarnos conocer por Dios para que el diálogo comience.

No dejemos para última hora la actualización de nuestra vida de fe, convirtiéndonos en un iPhone antiguo que no es capaz de funcionar como corresponde y que cada vez dura menos tiempo encendido. Conectemos cada día nuestra vida a esa batería inagotable del amor de Dios. No sea que cuando necesitemos algo nuestra vida interior se haya quedado en cero.

 

Por @CarlosRomeroV

1 2 3 12