Yo me pregunto


Mission 1986 real : Roland Joffe Jeremy Irons COLLECTION CHRISTOPHEL

Hoy es viernes y contemplando a Cristo en la Cruz, reflexionando sobre los días previos, yo me pregunto qué habría hecho. ¿Negar? ¿Silencio cómplice? ¿Huir? ¿Mirar impotente? ¿Alzar la voz? ¿Defender hiriendo a Malco y dejar que Jesús obre el milagro? ¿Simplemente llorar y esperar?

No lo sé, no estuve allí. Estoy aquí y ahora. Mi momento es el actual y mi lugar allí donde vivo, un lugar inmenso al habitar también las redes sociales. Éste es el momento de la historia del hombre en el que el Señor quiso que yo estuviera. Esa es la realidad, la actuación, la opción, son sólo mías; el libre albedrío para señorear de manera absoluta nuestras decisiones.

La realidad histórica de mi país, de mi ciudad, es muy similar a circunstancias ya vividas por generaciones anteriores. La diferencia, que no es poca, es que la tecnología, internet, las redes sociales, nos acercan las injusticias, las humillaciones, el arrinconamiento, unas veces abierto y otras sutil, de lo cristiano, de los cristianos. La historia parece ser cíclica, como para dejar patente el empecinamiento del hombre en sus propios errores; el maligno montado en una noria. Sin embargo, en esos ciclos repetitivos de la historia yo prefiero ver oportunidades, precisamente para que la humanidad como tal, y el pueblo de Dios en concreto, enmende actitudes, corrija errores, desate estructuras, elimine injusticias, afiance conceptos, y pueda avanzar en la construcción del Reino.

Yo no soy de callar. El silencio me parece cómplice. Creo que son momentos de visibilidad. Hacerse visible con normalidad y con la alegría que debe desprender nuestra fe. Callar es no defender a los débiles, a los agraviados. Callar es no corregir al que yerra. Callar es claudicar ante la injusticia.

Visibilidad en nuestra vida diaria, con nuestra propia vida y con la palabra. Visibilidad optimista, alegre, confiada, acogedora, armoniosa, pacífica y contundente.

Hoy, viernes de Cuaresma, orando a los pies de la Cruz, yo me pregunto qué hago. Y, a los pies de la Cruz, elijo no callar, pero tampoco herir a Malco. Soy más de Jeremy Irons en La Misión, Custodia en mano, que de empuñar las armas. Pero callar, jamás.

¿Cómo lo llevas?

Carne

Qué ¿Cómo lo llevas? Viernes después de Ceniza. Apenas acabamos de comenzar a caminar hacia la Pascua y ya es viernes, el primero de esta cuaresma. Ya sabéis, hoy nada de carne.

Sí, parece una tontería hoy en día eso de la carne. De acuerdo; o no. Pero por qué no le dotamos de sentido. Realmente la obediencia en sí misma puede ser parte del camino de la propia libertad, y curiosamente la primera lectura de hoy nos habla de abrir las prisiones; significativo que las adjetive. No todas las prisiones, ni cualquier prisión: “Abrir las prisiones injustas…” Pues quizás sea buen momento para abrir el cepo de nuestro corazón y combinar ese acto que en nuestro mundo actual nos puede parecer superfluo con algo más. Prescindir de la carne y algo más. Así se lo enseñamos en casa a nuestras hijas; así tratamos de vivirlo en familia. Abstinencia y entrega. Del desierto iniciado el miércoles, desierto compartido, a la entrega.

¿Por qué no intentamos que ese “algo más” sea nuestro ofrecimiento como meros instrumentos? Sí, simples instrumentos. Dejar que Dios nos use, nos utilice. Una buena opción podría ser dejar que el Señor nos use para amar. Que otros sientan hoy el amor de Dios a través de nosotros mismos, de nuestras manos, de nuestro tiempo, de nuestra escucha, de nuestra sonrisa, de nuestra compañía, de nuestro consejo o nuestro silencio, de nuestro abrazo, de nuestra comprensión aunque ni entendamos, de nuestra mirada. Que otros sientan hoy que son importantes para el Señor porque lo son para nosotros. Y con alegría. Si el miércoles se nos reconocía por la ceniza en la frente, que hoy se nos reconozca por la sonrisa, la luz de la mirada y, sobre todo, por ser cauce de Amor.

Yo completaré mi día habitual con el Vía Crucis en mi parroquia y a las 20:30h celebraremos una “cena del hambre”.  Luego, pero muy luego; después, pero mucho después, ya iré pensando en aquello que pueda cambiar, que deba ir cambiando. Hoy prefiero dejarme para el último lugar. Vuelta al silencio, al desierto…

Oración, ayuno y limosna en las redes

LentMeat

Mañana es Miércoles de Ceniza e iniciamos los 40 días de preparación para la Pascua. Un tiempo en el que la oración, el ayuno y la limosna nos sirven de asideros para completar con éxito esta travesía en la que se nos pide la nada fácil tarea de cambiar nuestro corazón, de volver nuestro rostro a Dios.

En el Evangelio para este día, (Mt 6, 1-6. 16-18) el propio Jesús hace referencia a la forma de llevar a cabo estas tres prácticas penitenciales que heredamos del pueblo judío. “Cuando hagas limosna que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha”, “cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres”; “que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre que está en lo escondido”.

Son palabras dirigidas a un pueblo que había pegado su corazón a la ley, encontrando en los preceptos una falsa seguridad, una falsa religión de cara a los hombres pero de espaldas a Dios. Ciertamente, estos consejos de Jesús siguen hoy vigentes en ámbitos en los que “cumplir” los preceptos conlleven el elogio: tu comunidad, tu parroquia, quizá tu familia si es cristiana. Haces bien en ser discreto. El Señor ve lo que hay en tu corazón.

Pero, en un mundo secularizado como el nuestro, en tu ambiente de trabajo, en tu clase, en tu muro o en tu timeline, sugerir que oras, que ayunas o que das limosna, ¿no producirá precisamente el efecto contrario? Crítica, incomprensión y burla, en lugar de admiración y halago. Por eso –yo así lo explico a mis hijos– este Evangelio hay que leerlo en clave actual como una invitación a dar razones de nuestra fe, a mostrar públicamente cómo vivimos, también en la red. Obviamente, no se trata de hacer de la vida cristiana un espectáculo, pero sí de poner la lámpara en lo alto del candelero con la sencillez del discípulo.

Me llama la atención el reverente interés de los medios de comunicación convencionales hacia los pormenores de la celebración del Ramadán de nuestros hermanos musulmanes. En un mundo castigado a entregarse a sí mismo todas las cosas, el hecho de que alguien se prive de algo despierta la curiosidad. La oración, la limosna y el ayuno cristiano pueden ser un aldabonazo en las conciencias de muchos hermanos esclavos de una forma de vivir hedonista.

Las redes sociales deben ser un reflejo de tu vida. Y si en Cuaresma tu vida cambia, se debe notar, porque el mundo está necesitado de buenas noticias. Y la vida cristiana es Buena Noticia. No tengas miedo a contar que en este tiempo redoblas la oración, cuenta de dónde sacas tiempo, cómo lo organiza tu grupo parroquial, sube una foto del Via Crucis, haz twitter off para retirarte a orar y, ¿por qué no?, como hace el papa, pide a los demás que recen por ti.

Con respecto al ayuno, ¿qué tal si cuentas cómo llevas lo de quitarte del tabaco? ¿Y del chocolate? ¡Y si recaes también! ¿O por qué no compartes una receta de comida sencilla de vigilia?

En referencia a la limosna, permanece al tanto y comparte las publicaciones de las instituciones a través de las cuales canalizas tu contribución económica, sé voz de los sin voz, comparte las actividades solidarias en las que participas como voluntario… También es una forma de limosna en la red escuchar al que nadie escucha (llámalos trolls), preocuparte por el que parece estar pasando una mala racha o compartir los intereses del hermano.

En tus manos está que el centro de tus mensajes sea siempre Él y no tú. Así, «tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».