¿Católicos enfrentados en las redes sociales?

Algo que siempre alabo de las redes sociales es la posibilidad de proximidad y cercanía. Disponemos de espacios abiertos en los que no es difícil encontrarse, conocerse y profundizar. De modo que el primer contacto puede derivar, como siempre y en todo momento de la historia, en simpatía o su contrario.

También en lo religioso podríamos hablar precisamente de lo mismo. Los católicos coinciden, hablan y comparten. Y de ahí derivan con frecuencia algunas diferencias, no siempre insalvables, pero de algún modo incómodas.

  1. Nos hace bien aproximarnos a la diversidad de la Iglesia. Diversidad de sensibilidades, de espiritualidades que por lo general siempre se han tenido como riqueza de la Iglesia y sus carismas. Diversidad de historias y caminos, en los que sería preocupante mantenerse incólume e inmóvil. Diversidad de miradas, de experiencias, de preocupaciones que reflejan la vida particular de “las iglesias” y los cristianos llamados a la comunión. Diversidad, en definitiva, reflejo de la grandeza y amplitud de una misma iglesia que convoca a todos.
  2. Nos hace mal, mucho mal, la división. Fractura y desmembramiento que es fácil percibir como toma de postura antes incluso del diálogo, que impide la escucha, la acogida y el respeto mutuo. También la búsqueda común del bien y de la verdad. La división se expresa en el alegato, poco humilde y excesivamente pretencioso, de la identificación de uno mismo con el bien y la verdad, o con demasiado bien y verdad.
  3. Nos hace bien, mucho bien, darnos la palabra. Primerear, ese neologismo que aparece en “La alegría del evangelio” (EG), dentro y fuera de la Iglesia en este continuo diálogo, que las redes sociales expresan a las mil perfecciones. Una oportunidad, por tanto, para la atención al otro, en ocasiones no tan distinto pero con otros lenguajes y particularidades, que en nada suelen empañar la abundante vida regalada a la Iglesia. Quizá el mejor modo de dar la palabra esté antes incluso de la formulación de la pregunta, en la escucha de la pregunta ajena.
  4. Nos hace mal, mucho mal encerrarnos en debates estériles. Aquellos cuyos frutos son inexistentes, provocan mayores resistencias y enfrentamientos, consolidan la dureza del corazón y mantienen a las personas esclavas de sus propias opiniones. Identificar claramente este tipo de asuntos es esencial. Entrar directamente a hablar de ellos, sin antes haberse escuchado en otras cuestiones, no conduce a ningún lugar.

Estamos forjando, casi inaugurando, la presencia de la Iglesia en el continente digital. Aquí todos somos tan nuevos que no aprender, reformular y seguir haciendo camino y misión es una postura del todo ingenua. Antes al contrario, visto lo que hay y el ritmo constante de crecimiento y expansión tenemos ante nosotros una continua oportunidad de responder a aquella indicación esencial en el cristianismo: Hago nuevas todas las cosas.

joseferjuan

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