El silencio como opción

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El pasado miércoles asistimos impasibles a uno de los atentados más graves que ha tenido Europa en los últimos años, el ataque indiscriminado a las instalaciones del semanario Charlie Hebdo. Digo el más grave no por el número de muertos o la sinrazón del acto en sí, sino porque las víctimas esta vez no eran “elegidas” al azar por viajar en un tren o un avión, sino personas concretas que eran ejecutadas por unos dibujos que se hicieron hace años. La historia nos conmocionó a todos. Las redes sociales se plagaron de mensajes. De hecho me enteré por twitter. Sin embargo yo callé. No hice ningún comentario público, no escribí en mis redes sociales, callé conmocionado, orante, perplejo y no lo niego, con algo de miedo.

Horas más tarde el grupo de whastapp del consejo de Imisión ardía, nos habían hackeado la web. Enseguida mis compañeros y hermanos empezaron a expresar su parecer y qué opciones tomar, cómo actuar,… callé. No escribí ni un mensaje. No me expresé… el grupo tomó la opción de darlo a conocer, de hacerlo público. Y la voz crecía…

Dos acontecimientos en breves horas y la imaginación voló libre por cada uno de nosotros. Han sido muchos los medios que han llamado para concertar entrevistas o se han hecho eco del hackeo. Mis compañeros se repartieron las entrevistas, algunos tuvieron que compaginar sus trabajos con la demanda mediática. Yo callé.

A las noticias sobre París se unían los desalojos de algunas estaciones de tren en Madrid, el grupo de whasapp se retroalimentaba, en mi comunidad mis hermanos se retroalimentaban entre sí, las tertulias de televisión o radio mezclaban temas sin parar; inmigración, religión, cultura,… callé y apagué los medios porque decidí que el silencio era mi mejor opción en ese momento. La clave me la dio @josefer_juan en un tuit que escribió el jueves

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y otro que leía a @jmolaizola.

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Durante estos días seguí con mi dinámica habitual en redes publicando algunas fotos, hablando de fútbol12, promocionando mi blog… tan solo participé activamente con dos retuis y una foto original en la #imisionporlapaz, otra voz más que se unía a los gritos de todo el mundo, después volví a mi silencio.

Estoy seguro que más de uno de mis compañeros se habrá preguntado el porqué de esta actitud y se habrá extrañado de mi no implicación en uno de los momentos más agitados para #Imisión. Estoy seguro que alguno de mis seguidores se habrá hecho la misma pregunta, o tal vez sordos por los gritos de otros ni se inmutaron, no lo sé. no lo cuestiono. Hablo ahora porque simplemente quiero expresar que esta fue mi opción y la considero tan válida como otras. Eso es lo que te quiero traer en el post de hoy.

A veces el silencio en las redes es la mejor opción, lo dejo a tu criterio:

  • Uno de los peligros que tienen las redes sociales es que parece que todos sabemos de todo, que todas las opiniones escritas tienen que ser verdad. No es así, son solo opiniones.
  • Un tuit mal escrito puede desembocar en una cadena de la que, a veces, es difícil salir por querer seguir manteniendo tu opinión primera. ¡Cómo nos cuesta rectificar! ¡Cómo nos cuesta encontrar el momento en el que parar!
  • Cuántas veces nos hemos arrepentido de un tuit que ha sido escrito casi sin pensar y que con un poco de reflexión hubiéramos escrito de otra manera. ¡tan solo unos segundos!
  • Muchos jóvenes se avergüenzan, pasado el tiempo, de un foto subida en una fiesta de manera rápida y otra situación comprometida. Es lo que tiene la inmediatez. Para.
  • El silencio también es presencia. La lectura meditada de lo que otros escriben, la lectura orante de lo que sucede, para uno, a solas con Dios. ¡cuántas veces no nos hemos sentido a gusto con un amigo o nuestra pareja en el silencio, sin nada que decirnos, simplemente mirando, contemplando. En las redes es igual, un poco de silencio de vez en cuando no viene mal.
  • El silencio también es expresión, no opinar sobre un tema es también posicionarse de alguna manera, es decir que todavía se está buscando una opinión propia. Otra opción válida es retuitear opiniones contrarias sobre un mismo asunto. En España estamos muy acostumbrar a la polarización de las opiniones y cuesta expresar una tercera vía intermedia entre ambas o nueva completamente.
  • Vivimos en una cultura del ruido, las redes sociales la favorecen, el atronador muro de mensajes en ocasiones no nos permite crearnos una opinión sosegada de lo que está pasando a nuestro alrededor y, mucho menos, dar una palabra precisa.

 

Recuerda que tras la tempestad viene la calma, cuando estés sumergido en ella nada te turbe, ojalá no te arrepientas de algo salió de tu teclado por falta de unos segundos de reflexión. Ayer las palabras se las llevaba el viento, hoy quedan reflejadas en tu TimeLine. Paz.

@jotallorente

Jota Llorente

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