Ojo por ojo

No entiendo el “ojo por ojo”. No lo entiendo y me gustaría poder rechazarlo de plano con una sinceridad absoluta, pero reconozco que, en ocasiones, no asumirlo como algo natural me resulta difícil.

Cuando la intensidad de la agresión o la ofensa es de unas dimensiones extrañamente inhumanas, devolver mal por mal se me hace aún más incomprensible. Frenar el avance del maligno no puede hacerse nunca con sus propias artes, porque si las utilizamos acabaremos enmarañándonos en sus redes. Frenar al maligno como si fuéramos él mismo nos lleva a aumentar el mundo de las tinieblas. Y los hijos de Dios somos hijos de la Luz. A esa Luz, a reflejar esa Luz es a lo que debemos aspirar en cualquier situación.

No siempre es sencillo devolver bien por mal; no siempre somos capaces de ser la misericordia del Señor en la tierra. Lo sé, pero serlo es acercar el Reino. Si hay quien es capaz de mostrarse sinceramente misericordioso en situaciones extremas, si hay mártires que mueren perdonando, es porque es posible. Quizás no humanamente posible, pero si con la fuerza de la debilidad, que es la fuerza que viene de lo Alto. Uno a veces recurre a lo más cercano. El padre de una gran amiga fue hace ya muchos años asesinado por ETA y, en cada funeral de la familia, se pide por el descanso eterno de los familiares fallecidos y por el asesino de su padre. Ajeno, alejado del postureo. Algo absolutamente sincero y sentido.

Que el ánimo se nos exalte as algo normal. “Por qué me pegáis”, dijo Jesús. Simplemente por qué me pegáis.

Tras el asesinato de Muaz Kasasbeh, el piloto jordano quemado vivo por el Ejército Islámico, hemos visto renacer la forma más cruel del “ojo por ojo”. Clamores de venganza por un nacional y correligionario. No hemos visto ni oído nada igual tras los asesinatos de cristianos. No es el camino. Me niego a aceptar la venganza como camino para nada. Ese no es el Camino de Cristo.

La equiparación de la fuerza como medio de doblegar al adversario, incluso cuando éste es un vil asesino, no es nuestro camino. No puedo aprobarlo y estar en contra del aborto. La Vida es un valor absoluto para los concebidos y para los nacidos, siempre.

Sólo frente a las tinieblas es donde la Luz brilla sin cegar. Sólo siendo Luz, abriendo caminos de Luz, es como las tinieblas retroceden. Y la antorcha de la Luz se sostiene en la mano de la misericordia.

La defensa de los nuestros, la defensa del bien se ha de hacer con contundencia, esto es, con la Luz a plena potencia. Y con esa fuerza, el Evangelio de hoy nos muestra cómo de dos en dos tenían autoridad sobre los espíritus inmundos. Bastón y sandalias. Así hemos de caminar, aunque acabemos sacudiéndonos el polvo de los pies… ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz!.

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Casado y padre de dos niñas. Misionero Laico del Santísimo Redentor. Scalando en Familia.

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Enrique Casanueva

Casado y padre de dos niñas. Misionero Laico del Santísimo Redentor. Scalando en Familia.

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