Pastoral interna, evangelización externa

Cada tradición religiosa, por países o lugares, por familias o congregaciones, tiene sus palabras para hablar de esto. Pero el Concilio Vaticano II ya nos puso a todos en la exigencia, independientemente de cómo lo llamemos, de plantearnos la doble dimensión de la vida de la Iglesia: ad intra y ad extra.

Y es necesario plantear esto sin divisiones, sin los extremismos del “solo intra” ni el “solo extra“. Ni hay una iglesia, ni una parte de la iglesia que pueda dedicarse a una de las dos de forma casi exclusiva. Cabe recordar, y muy especialmente para la evangelización digital, que el gran anuncio se produce muchas veces en el “mirar cómo se aman“. No hay dos iglesias sino una sola (comunidad, cuerpo y templo) que goza anticipadamente del Reino de Dios y vive su encarnación y presente en la historia, que sabe además que es de salvación.

Pero referidos a la tarea que la iglesia lleva a cabo, considero que es bueno acostumbrarse a usar dos palabras relacionadas con su dimensión ad intra y ad extra. La primera podría ser pastoral, como referencia a la acción y cuidado de los ya iniciados. La segunda, evangelización. Aludiendo decisivamente a anunciar la Buena Noticia. Y aquí hay matices que hacer que son cruciales. Porque lo que pretende es generar un diálogo y discurso que no sea consumido, complacientemente o no, sólo hacia adentro. Porque en definitiva nos pregunta qué es lo mejor que cabe comunicar y entregar al mundo, y que quizá no conozca aunque lo esté buscando.

En este sentido nuestro lenguaje, comprensible y en la historia en la que estamos, es determinante. Nos hace cercanos o distantes, nos da la oportunidad de llegar o quedarnos a medias en la tarea. Pero no sólo el lenguaje como palabra, también como forma de comunicar. No cabe duda que una excelente conferencia leída con o sin pasión cambia totalmente, con o sin humor, con o sin interrupciones para las notas a pie de página, con o sin testimonio creíble.

Un apunte más, que sí cae del lado de nuestra responsabilidad, será por tanto conocer (y amar) a quienes queremos hablar. No sólo hacer un perfil de su situación, sino profundizar y escuchar auténticamente lo que viven. Y aquí se da un misterio primero de comunión y acercamiento, que nos sitúa como dialogantes fuera de los marcos habituales. Alejados de los dogmatismos no suficientemente pensados por ambos, curando de algún modo un primer enfrentamiento, que no conviene negar. La iglesia, cada cristiano y muy especialmente en algunos lugares, debe situarse conociendo que el prejuicio habitual y la sospecha de la secularización suponen la negación de todo interés antes de toda relación.

Y una última nota. Si bien evangelizar tiene que ver con un testimonio anónimo, que siembra por donde pasa sin ser consciente ni de la siembra ni del terreno, también hay que reconocer que el evangelio de Juan presenta episodios maravillosos de encuentros de Jesús con varias personas en las que el corazón se transforma. Hay dos vertientes, dos acciones y actitudes necesarias. La que se refiere a la cultura en general y la de cada persona, única en particular.

 

 

joseferjuan

Deja un comentario