Perfil y timeline: una opción política

Una de las mayores batallas personales en la red se desarrolla en la fina frontera de “tomar parte” y “la injusta invisibilidad”. Espero que entiendas lo que quiero decir. ¿Qué pensará quién ojee mi Facebook y el TL de mi Twitter? ¿Qué pensarán los que leen mis blogs y conocen mis opiniones de tantas cosas? Es toda una responsabilidad estar presente en la red, porque esta presencia es, en definitiva, una presencia política. Si a eso le añadimos la fe y mi ser católico… aún se complica más. Mi presencia se convierte en un legado político y un legado espiritual.

Hay unas claves que deben ser determinantes y prioritarias:

1. Ser portador de una visión “optimista” del mundo. Traslucir lo que, efectivamente, vivo en mi interior: una esperanza sosegada. Ser una mirada capaz de percibir los pequeños milagros que suceden cada día, lo bueno de las personas, el amor que subyace y sostiene a la humanidad. No entrar al juego de la oscuridad, no dejarse ir por la zozobra que tantas veces nos rodea.

2. Opción preferencial por los pobres. Escuchar a los que sufren. Estar atento en la red al grito sufriente de la humanidad. Leer e informarme sobre conflictos silenciados, sobre pueblos, países y razas… dejadas de la mano de Dios. Romper la barrera tecnológica y acordarme y dar visibilidad a aquellos de los que nadie se acuerda. Tocar a los “leprosos” del nuevo continente.

3. Ir a todos y hablar con todos. Tender puentes, buscar acuerdos, crear sinergias, propiciar entendimientos… Optar por un diálogo costoso y que hay que construir día a día. No cejar en el empeño de encontrarme con el otro, siendo consciente de que el diálogo no se impone y de que no todos lo desean. Leer opiniones distintas, empatizar con personas que no son como yo, acercarme a quién no tiene la misma visión del mundo, de la sociedad…

4. Favorecer un espíritu crítico. Contrastar información, lanzar preguntas, no posicionarme ni casarme con nadie. Cuestionar las incoherencias y denunciar la injusticia, venga de donde venga. Ser profeta, respetuoso y firme. Aplaudir y favorecer todo aquello que lucha por la dignidad de las personas, por su libertad.

5. Crecer en humildad. No tener que ofrecer una opinión sobre todo lo que pasa en el mundo. No ser autorreferencial. No creerme más por mi número de amigos, seguidores o lectores. Callar cuando sea necesario.

6. Y, por último, ser yo, fiel a mí mismo. Que sea fácil percibirme, saber qué valores me mueven, el Dios al que sigo, el mundo al que aspiro, las luchas a las que me enfrento. Ser verdadero, transparente.

Nuestra presencia en la red está llena de opciones, de apuestas, Nuestra presencia es un auténtico programa político, un auténtico “credo”. Siempre lo es, aún en la peor de sus versiones. ¿O no? Ahí lo dejo.

@scasanovam

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Santiago Casanova