Responsabilidad como cristiano en red

Ser cristiano es un don. En la red, además, encuentras formación, comunión, ayudas para una espiritualidad cotidiana, y muchos retos. Pero también es una responsabilidad enorme, porque de algún modo nos convertimos, igual que en la vida cotidiana, en imagen de aquello que hablamos, compartimos, vivimos. Puede que nuestro perfil sea para muchos casi el único trato que tienen con la iglesia, la religión e, incluso, Dios. Así planteado da vértigo verse. Sería bueno incluso sentir un cierto peso. Se trata de la responsabilidad de la misión, que todo cristiano está llamado a vivir con intensidad y a no descuidar nunca. Evangelizar empieza aquí.

Una primera y esencial responsabilidad es, y no conviene pasarlo por alto, respecto a uno mismo. Un tweet es una acción y como tal, saliendo de nosotros mismos tiene también  repercusión e impacto. Por tanto, capacidad de mejorar y hacernos avanzar, o empeorarnos dando por sentado que, por ejemplo, ya hemos llegado a la meta, tenemos (o somos) la verdad máxima como cristianos y del mismo cristianismo.

Te propongo en este sencillo post que examinemos juntos, y nos miremos, en torno a cinco grandes cuestiones a revisar continuamente, a actualizar una y otra vez:

  1. Responsabilidad estética.Qué imagen proponemos del cristianismo, cómo comunicamos su belleza. Lo primero que se ve, la apariencia que comporta una imagen y lo que a su vez transmite y hacia lo que orienta. Qué imaginario, por tanto, hay detrás de nuestras publicaciones, o incluso el mismo perfil, que es de todo lo que hay en la red lo que más permanece y nos hace visibles. De qué modo, por tanto, hacemos visible el cristianismo en el mundo de hoy. Porque una imagen atrae y pregunta, mientras otras pueden repeler y ser causa de rechazo y lejanía.
  2. Responsabilidad ética. Es decir, respecto del bien, de aquello en lo que asentamos nuestra existencia y la dirige. Las redes sociales también cuenta en qué se fundamenta la vida de las personas, cuáles son sus preocupaciones más intensas y cómo tratan los problemas radicales de nuestro tiempo. Un aspecto muy relevante, olvidado con frecuencia, es que las redes sociales constituyen un espacio principalmente público, y que por tanto reflejan la pluralidad y la diversidad de las sociedades modernas. Llamamos a encontrarnos por tanto y construir ámbitos de convivencia comunes, en los que sea posible el encuentro y el acercamiento. Sin embargo, esto no significa ni puede ser motivo para rebajar la intensidad y la radicalidad de la vida cristiana, sin que esto signifique de ningún modo extremismos. Respecto a esto cabe decir que una ética que se vive como obligación personal, con alegría y entusiasmo, se diferencia mucho de aquella que se vuelca sobre los otros como exigencia o reproche.
  3. Responsabilidad teológica. Una cuestión fundamental, en la que reparamos, pese al mandamiento que nos obliga a no usar el nombre de Dios en vano y caer en idolatrías que dicen estar delante de Dios pero más que nada se apoderan de Él haciéndolo “a la medida”. El Dios cristiano es inabarcable, profundo misterio que se ha dado a conocer, que está a disposición del ser humano muy especialmente en la persona de Cristo, y del que, paradójicamente, somos capaces. Siempre medriocremente, nunca de forma absoluta y total. Cuando en las redes sociales hablamos de Dios, ¿no deberíamos ser radicalmente prudentes? En ocasiones, dicho sea de paso, no hace falta nombrarlo para hacerlo presente. También cabe la posibilidad de preguntarse, en la misma línea, cómo se hace presente Dios mismo a través de mí, y mis redes sociales por tanto, y no tanto cómo yo lo hago a Él presente.
  4. Responsabilidad eclesial. Una tensión más, que nuestra época vive con cierto rechazo. La imagen pública de la Iglesia, denostada en ciertos lugares más que en otros, compete a todo cristiano, aunque se vive particularmente con mayor responsabilidad por parte de aquellos que desean caminar más cerca de Cristo, con un compromiso visible mayor. Nadie es la Iglesia, ninguna persona, y sin embargo todos los cristianos formamos parte de su Cuerpo. ¿Cómo vivimos esta realidad, de la que nos hacemos responsables? ¿Cómo situamos a la Iglesia, y dónde, en el espacio digital? Esta responsabilidad también incluye no sólo el ser portadores de la Iglesia allí donde está incluso mal vista, sino la necesidad de construir redes internas, diálogo interno y fraternidad cristiana digital. De esta última muchos somos los que podríamos hablar a estas alturas, tanto de lo que nos ha aportado como del trabajo constante y la atención que requieren estas nuevas relaciones.
  5. Responsabilidad evangelizadora. Las redes sociales abren una oportunidad nueva, nunca antes conocida, para la difusión de mensajes y palabras. Algo que ha sabido ver muy bien la Iglesia, en su potencial alcance para llegar a las periferias y evangelizar, es decir hacer llegar una Palabra de vida a aquellos que se encuentran sumidos en cierta indiferencia religiosa o en el relativismo propio de la época. Evangelización que, de ningún modo, cabe hacer a martillazos o con spam, mostrando lo que otros no quieren ver, y que puede dar un paso adelante conectando con las necesidades profundas del corazón del hombre y las preocupaciones existenciales y sociales de nuestra época. Una responsabilidad ésta que muchos cristianos han asumido, quizá también escudados en una distancia y anonimato que se vuelve a la postre tentación y distancia. La evangelización en las redes será por contacto personal, o no será. El resto, muy valioso, se encuadra dentro de la pastoral y el cuidado del camino de los cristianos ya de algún modo iniciados. Pero evangelizar, como ir en actitud de misión, implica necesariamente un salir, un dejar, un primerear, un abandono y mucha confianza.

joseferjuan

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