¿Santo muerto?

Pío

Un signo de santidad. Un templo del Espíritu Santo. Una custodia. Evangelio en gerundio. Un santo. Un desparrame de la misericordia del Redentor. Eso fue el P Pío de Pietrelcina en vida. Eso es en la Iglesia del cielo. Eso es lo que veo ante las imágenes del cuerpo incorrupto del P Pío, que muestran mucho más allá de un cuerpo inerte e incorrupto. Nos traen el recuerdo de su vida, extraordinaria. Es su vida lo que me impresiona, atrae y anonada. Como la de tantos santos.

Su caso es extraordinario. Estigmas, olor a flores de la sangre de sus llagas, clarividencia, bilocación, levitación… extraordinario. No es el único caso, pero es extraordinario. Y todo lo vivió con paciencia, fe y entrega.

Vemos las imágenes y reconocemos hoy en ellas a un santo. Pero… ¿cuántos santos pasan desapercibidos a nuestro lado? Cada uno de ellos es presencia viva del Amor. ¿A cuántos vemos? ¿Los reconocemos?

Muchos, la inmensa mayoría, son personas discretas, anónimas, sencillas y sin “importancia”. Que alguien viva fenómenos fuera de lo corriente es extraordinario, y extraordinaria es la presencia del Señor en lo ordinario. Cuestión de nuestro enfoque es verla, descubrirla o no.

Descubrirla es un puntazo, una gracia. Pero… ¿Lo somos nosotros? ¿Somos signo? ¿Somos Evangelio en gerundio? Sí, nosotros. Tu y yo. Con la normalidad de nuestra vida, con la inmensa pequeñez de nuestro ser, con lo que a veces nos pueda parecer el fardo insoportable de nuestras debilidades. Cada uno en nuestro estado de vida; cada uno en cada paso. En casa, como padres, hijos o esposos. En el trabajo. Como amigos. Como pastores o como feligreses. Cuando tropezamos y al levantarnos. En las redes sociales. En nuestro lugar en el mundo ¿Llevamos un pequeño reflejo del Amor de Dios?

No basta con reconocer ese Amor en los demás. No basta con el conocimiento, con una actitud aparente. Es la entrega sincera y humilde de nosotros mismos; la entrega sincera, humilde, alegre y perseverante de nuestra vida. Encontrarte con Él te lleva a ello; buscarle, también. Encontrarte con Él te hace dar pasos antes insospechados; buscarle, también. Encontrar una lumbre te puede llevar a estar cómodamente calentito; ser una microluciérnaga, sin embargo, alumbra a otros.

Tú eliges. Pero ten algo claro: no hay santo muerto. Menos en esta vida.

Y yo ¿Qué soy? ¿Qué quiero ser?

Y tu ¿Qué eres? ¿Qué quieres ser?

La elección es nuestra; tuya y mía.

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Casado y padre de dos niñas. Misionero Laico del Santísimo Redentor. Scalando en Familia.

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Enrique Casanueva

Casado y padre de dos niñas. Misionero Laico del Santísimo Redentor. Scalando en Familia.

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Un comentario

  • Susana B. Touron
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    En mi humilde parecer nadie, ABSOLUTAMENTE NADIE QUEDA IGUAL LUEGO DE HABERSE ENCONTRADO CON EL SEÑOR. Lo que tenemos que analizar es si en verdad lo buscamos y luego lo seguimos con todo lo que ese seguimiento implica de sacrificio, incomprensiones de los demás en muchos casos porque, (seamos sinceros) si seguimos a Jesús porque queremos ser sus discípulos debemos ser coherentes con nuestra fe y vivir de acuerdo a ella, lo que significa que la mayoría de las veces iremos contracorriente y nos mirarán como si fuéramos de otro planeta pero ¿qué importa si en realidad estamos viviendo como Jesús nos pide? También debemos preguntarnos si en verdad estamos viviendo como El quiere o nuestra vida tiene sólo un barniz de cristianismo porque eso sería muy triste para nosotros mismos y para quienes confían en nosotros…Por eso que, al hacer cada noche el examen de conciencia de cómo fue nuestro día, si en verdad fuimos esparciendo las semillas del Reino debemos ser sumamente sinceros y autocríticos con nuestra conciencia y exigirnos cada día un poco más porque ser santo no es un imposible para nadie ya que el Señor nos da Su Gracia para que lo logremos pero ¿queremos serlo y ponemos los medios o nos conformamos con ser mediocres, en cuyo caso diría que seremos santos a medias, por no decir “santos muertos” ya que o se es totalmente santo o no se es nada. Sigamos los ejemplos de este gran santo que estamos leyendo acá: San Pío de Pietrelcina fue una persona común que hizo las cosas ordinarias de forma extraordinaria, como las hacen todos los santos pero el Señor le concedió carismas excepcionales que él utilizó para mayor gloria de Dios y bien de las almas pero nunca para vanagloriarse de ello y lo que tuvo que sufrir lo ofreció por amor al AMOR y a las almas a él confiadas. Vivamos lo ordinario de manera extraordinaria y no nos separemos de la Vid ni de nuestra Madre Santísima que es Quien nos muestra el camino que lleva a Quien es el verdadero Camino, Verdad y Vida para llegar a ser verdaderos santos.