Ser creíble en Instagram

Instagram es el reino de los jóvenes, y son muy exigentes con los adultos que aceptan. En un tiempo fue de los más jóvenes, pero ahora han crecido. Con el empuje de Stories, esta red se une a la pujanza digital que propicia el diálogo y el trato personal en detrimento de la preocupación de los asuntos públicos. No es buen lugar para los debates ni el diálogo. Se consumen imágenes de pasada y todo continúa su ritmo. Salvo el intercambio de mensajes privados.

En este contexto, retomo la pregunta por la credibilidad. No hace mucho que esta palabra formaba parte del análisis esencial de la Iglesia sobre su presencia en el mundo, aquí continente digital. Ya sabemos que no es cuestión de imagen, como estamos viendo. Lo cual es muy interesante al cruzar esta cuestión con redes como Instagram, tan centradas en lo visual.

  1. Tu imagen no es todo. La presentación de uno mismo en la red no se reduce, ni de lejos, a la imagen seleccionada del perfil. Dice más de alguien sus últimas imágenes, lo que se puede leer y entender en las últimas nueve fotos que se ven en conjunto. ¿Qué es lo que revelan? ¿Coherencia, unidad, dispersión, falta de criterio, espontaneidad, interacción?
  2. La calidad de los seguidores. No la cantidad, sino la interacción y la participación. Cuando ves que otras personas son asiduas en la relación, algo dice que lo que hay detrás es interesante. Las personas que dan credibilidad con su propia palabra y testimonio hacen mucho más creíble lo que antes pudiera ser sólo un perfil.
  3. Primer contacto y respuesta. Hubo un tiempo en el que era habitual agradecer cada una de las nuevas relaciones (seguidores) e interacciones. Algunos se dedicaban semanalmente a hacer revisión de los más fieles o activos y dejarlo claro, por ejemplo, el viernes. Era un premio, un primer contacto. Hoy no se estila esta frecuencia, pero sí marca la diferencia el ser capaz de dar el primer paso de forma personal.
  4. El premio a la constancia. Aprendí de los jóvenes que, de forma casi natural son una especie de CM con grandes resultados, que el mejor ritmo es una foto al día, pero mucha más interacción en otros campos. Ritmo fijo, equilibrado, casi a la misma hora, la de los suyos. Compartir y recibir se da al mismo tiempo. Hoy esta cadencia equilibrada, por el peso del algoritmo y su selección, es mucho más importante de lo que pensamos. Quedarse oculto una semana supone después un reto de recuperación no siempre accesible.
  5. Valorar, hacerse presente. Dicho de otro modo, salir sin esperar. Pero no valorar sin discreción, como dando “like” a cualquier cosa sin importar nada más. Dar valor a todo es lo mismo que no darlo a nada. Seleccionar, cribar, emparentar, emparejarse, vincularse personalmente. Estar, de algún modo, también para otros sin esperar pasivamente.
  6. Aprovechar lo nuevo. Adelantarse de alguna manera. Lo nuevo hoy es Stories,  copiado de Snapchat, mañana no sabemos. Y dentro de Stories, el vídeo en directo, copiado a su vez de Periscope. Para muchos un reto por el asalto a la intimidad, por la exposición que supone verse hablando a una pantalla simplemente a la espera de que alguien se conecte, diga algo y no se vaya. En estos vídeos somos más reales y cotidianos que en muchas de las fotos elaboradas que se cuelgan. Ahí estamos, disponibles, al principio aguardando alguna forma de resultado. Pero estamos, seguimos, aprendemos.

joseferjuan

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