La importancia de ser tu mismo en internet

Por Marga Cabreramarca-personal

Me pidió Xiskya que diera un taller para la jornada de iMisión, ¡viniendo de ella no podía decir que no! Para mi es todo un honor y un reto ya que, aunque tengo muchas horas de docencia en universidad, el público es completamente nuevo. No estoy acostumbrada a trabajar sobre evangelización, así que es muy ilusionante el poder aportar mi granito de arena en la jornada. Espero que resulte interesante y ayude a los asistentes a mejorar su marca personal en internet, o al menos a que tomen conciencia de ella.

La marca personal no es algo nuevo, ni algo que se construya de repente. Todos tenemos nuestra propia marca, queramos o no, y seamos o no conscientes de ella. La marca es la huella que dejamos en los demás, cómo nos recuerdan y qué dicen de nosotros. Cada vez que alguien busca información sobre ti lo que encuentra es parte de tu marca digital, es decir, lo que hayas escrito, la información que aparezca en las redes sociales o en los medios, las imágenes en las que te hayan etiquetado, las que muestra Google, o lo que digan de ti…

Todo ello genera un conjunto de percepciones sobre ti como persona, tu capacidad profesional, tus cualidades personales e incluso tu valía como ser humano. Todo el conjunto de percepciones que tiene el resto de personas sobre ti constituye tu marca personal. Se puede intentar descubrir cómo es esa marca, qué huella está dejando, y qué dice la red ti, o bien se puede ignorar y no trabajar sobre ello. No tiene sentido ignorarlo, lo lógico es utilizarlo a nuestro favor, como herramienta de trabajo.

Desde la red podemos demostrar el dominio en determinadas materias, así como posicionarnos en aquellos temas en los que somos expertos o especialistas. Sirve de escaparate de nosotros mismos, es un amplificador de nuestra personalidad. Cuanto más sinceros y consecuentes seamos, más creíbles seremos y más trascenderá en nuestra reputación y huella digital.

“Si no estás en Google no existes”. Se ha de vigilar la marca personal en la red para poder posicionarla de acuerdo a los intereses que se tengan. La presencia en internet no es una recomendación, sino una obligación a la que pocos pueden renunciar. La proyección pública que proporciona internet tiene un enorme potencial a la hora de compartir contenidos y de llegar a otras audiencias y, gracias a la cual, se construye la credibilidad necesaria para que aparezcan oportunidades personales o profesionales.

Conseguir una identidad digital requiere esfuerzo y mucha dedicación, pero, sobre todo, capacidad para diferenciarse y aportar valor añadido en un contexto donde abunda la información y donde se han multiplicado las fuentes y los agentes productores de contenido.

¿Cómo creo mi marca? Siendo consecuente, mostrando lo mejor de nosotros mismos. Hay que tener un nombre único que nos identifique, debemos mostrar una imagen actual a través de una buena fotografía, tenemos que dedicarle tiempo a preparar una “bio” o presentación en menos de 160 caracteres sobre quiénes somos y qué ofrecemos. Además en cualquier red hay que ser activos de forma constructiva, publicando contenidos que cumplan con nuestros objetivos como persona, con los valores y ética personal que nos caracterice. Las personas con las que nos relacionemos (a quién sigues o quiénes son tus contactos) también te definen: dime con quién vas y te diré cómo eres.

Todos tenemos hoy un alto potencial con nuestra propia marca, nuestra identidad digital nos beneficia a la hora de labrarnos una reputación. Nos identifica tanto nuestras actuaciones en la vida real como lo que publicamos en las redes, estas hacen de amplificador, los profesionales que saben sacarle partido están encontrando el vehículo ideal para el contacto con el público, nuevas fuentes, compartir conocimiento, ampliar la difusión, conocer su parecer y hacer que la información fluya. Hay que predicar con el ejemplo.

Publicaremos los vídeos de los talleres y sus materiales en la página de la iJornada. ¡Visítala!

Preocupado por el “posicionamiento en red”

Le voy dando vueltas a este asunto y creo que el nombre de “posicionamiento” está muy bien escogido. Muy, muy bien. Porque se trata de esto precisamente, de situarnos en la red de un modo parecido a como nos situamos en el resto de la realidad. La clave, por tanto, es comprender que todo internet ha generado un gran espacio en el que estamos posicionados a partir de nuestros comentarios, palabras, acciones, relaciones.

En este nuevo espacio no existen en principio ni muros, ni calles. La imagen que muchos utilizan es la de una gran plaza. Pero, ¿qué pasaría si en la gran plaza estoy colocado detrás de un gigante enorme, que parece haber engordado tanto que ya no parece humano? ¿Qué me dejaría ver? ¡Aparecieron los muros en forma de personas, en forma de grupos cerrados sobre sí mismos!

El verdadero posicionamiento en red se hace a través de la relación. Siguiendo con la metáfora, cuanto más enlazado estás, más grande eres. Y esto para muchos significa estar bien posicionado. Es una posición relativa, pero es posición. Cambia por tanto en función de los vínculos, conexiones, referencias, y todo lo compartido. Una situación referencial, referida, dependiente al fin y al cabo. Y muy medible, dicho sea de paso, muy matematizada, monitorizada, controlada. Tanto que da la sensación de usar personas de una u otra manera.

Sigamos avanzando. Quien se posiciona bien tiene habitualmente un perfil muy definido y se dirige a un grupo bien identificado de personas que buscan a partir de sus intereses. Esto tiene un nombre incluso. Como todos estos nombres, en inglés. Me imagino el asunto del siguiente modo. El que está en el centro, el supuestamente bien posicionado según las reglas de la red, comparte algo. Es decir, se supone que da, que entrega. Y lo que produce, sin embargo, es lo contrario. Comienza a recibir: visitas, menciones, comentarios, mensajes, interacciones al fin y al cabo. El primero “regaló” aparentemente de forma indiscriminada, en general, pero luego todo se vuelve a su favor. ¿Qué es lo que le ha hecho posicionarse “bien”? Fácil: dando 1 recibe, por ejemplo, 50. Y esto provoca inmediatamente su “engorde” digital a cambio de que otros “mermen” digitalmente. Si existiera una forma de verlo prácticamente, nos quedaríamos alucinados. La relevancia engorda.

Todo esto está claro. Salir de aquí es difícil. Pero me pregunto si hubiera sido posible otro tipo de red, menos egoísta en este sentido. Una red, por ejemplo, en la que se premiara el número de referencias que una persona hace de otras, y eso incrementara realmente su valoración. Una red verdaderamente interactiva, en este sentido, y no paralizada por el cálculo de la relevancia, que a la fuerza siempre es asimétrico. Me pregunto qué hubiera ocurrido y cómo sería este mundillo si, en lugar de lo que tenemos, fuera premiada la capacidad de unos y otros para interactuar en igualdad, o se aplaudiera la diversidad en lugar de los grupos cerrados que crecen y crecen más. Sin duda alguna, todo sería diferente. Me pregunto, por último, si no sería mejor verdaderamente, si no hubiera sido de mayor provecho, si no estamos ante una nueva posibilidad torpedeada por el mal que tantas veces ha acechado la humanidad.

Me parece que para un “buen” posicionamiento tendríamos que afrontar estos retos de futuro:

  1. ¿Con quién estoy?
  2. ¿Qué me permite ver y qué me oculta?
  3. ¿Mantengo una actitud abierta o cada vez más cerrada?
  4. ¿Es posible usar a los demás en la red? ¿Tengo que decir algo al respecto?
  5. ¿Qué papel juega esta “posición en red” en mi posición global en el mundo?
  6. ¿De qué lado, por decirlo de algún modo, me sitúo? ¿Del lado de quién?
  7. ¿Soy capaz de comprender diferentes posturas, o se va oxidando digitalmente esta capacidad?
  8. ¿Qué limites no se pueden tolerar, qué líneas rojas marcaría para todos (especialmente para mí)?
  9. ¿En qué me ayuda a ver y comprender mejor el mundo y a los demás?
  10. ¿Puedo salir de “mi perfil” o ando “encadenado” a sus etiquetas?

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