Si Twitter se acabara, ¿qué habría dejado en tu vida?

Como comenté ayer en este blog, algún “experto” ha apuntado la debilidad de Twitter frente a otras redes sociales. Simplemente decir esto, supone afirmar que la tecnología, de una u otra manera, se llame como se llame, ha venido al mundo de las relaciones para quedarse. Si Twitter, Facebook o cualquier otra marca se acabaran, nacerían otros ámbitos tecnológicos para crear este espacio común en el que muchos reconocemos vida, y vida en abundancia.

Pero está bien, como ejercicio, preguntarse por aquello que ha aportado Twitter (por ejemplo) hasta el momento. Respuesta personal, por un lado, pero también social, pública e incluso política. Sin todas estas dimensiones no seríamos capaces de comprender lo que supone de hecho esta nueva forma de presencia, de comunicación, de intercambio.

Por mi parte, diría lo siguiente:

  1. Relaciones, por encima de todo, y lazos con personas concretas. Sobre esto hablo mucho, porque lo considero lo principal. Pero aquí no me extenderé. Las agendas se han multiplicado, y con ellas muchos buenos compañeros, cuando no amigos.
  2. Nueva forma de comunicar. Pegada al momento, muy personal e individual, que viene conmigo en el móvil allí donde voy. Es instantánea, efímera en cierto sentido. Corta, ágil y concentrada. Y en ese sentido también requiere inteligencia y sentido de lo importante.
  3. La riqueza de compartir. Por hacer memoria, antes de la llegada de las redes sociales cada cual tenía su espacio propio en el que compartía lo suyo con el gran público. Pero con la irrupción del mundo 2.0 la movilidad de los contenidos es brutal, tremendamente mayor. Todos comparten dentro de una comunidad lo de todos, con lo cual la difusión es exponencial. También el ruido que genera, ¡ojo!
  4. Fuerza de la unidad. Redes sociales, en general, y muy particularmente Twitter en este sentido, tienen de fondo un nuevo modelo de ciudadanía mucho más implicado, mucho más relacional y vinculado con otros. Sin duda alguna, en Twitter se ven reflejadas muchas tendencias y polarizaciones sociales (grupismos) que se han hecho fuertes en la red. Twitter abandera reivindicaciones, protestas, denuncias, hasta revoluciones. No hay gobierno que pueda dar la espalda a su potencial, cuando no mirarlo con cierto recelo e incluso temor.
  5. No callar, hacerse presente. Es urgente, no baladí ni mucho menos, tomar la palabra y hablar. Lo que se calla, no existe. Se crea un vacío fundamental en la existencia que se llena con otras propuestas y mensajes. Pienso ahora en el Evangelio, en Dios, en la Iglesia, en los más empobrecidos… Si no hay una misión clara y decidida por anunciarlo en la red, difícilmente llegará a las nuevas generaciones, porque éste es su escaparate principal.
  6. Escuchar, responder, dialogar. Creo que en ese orden principalmente. Los mejores en la red son los que más han sabido escuchar, los más grandes. En ocasiones, en verdad, para manipular, decir lo que se espera, ver por dónde van los temas y sacar provecho de ellos. Otros, por respeto a la persona sin más asunto que ese, evangélicamente antentos, la persona siempre lo primero. Después responder, cuando hay palabras para ello, o simplemente para mostrar cercanía. Y de ahí, si es cabe la oportunidad, entablar otros diálogos más profundos, que dan ocasión a conocerse. ¡Esta es la dinámica de la red!
  7. Autenticidad reclamada, y distrofias sociales. Se critica, no son sin razón, que las redes han contribuido a generar apariencias desconectas de la realidad de las personas. En un par de palabras, postureo esquizoide. Y detrás de este mal, la urgencia en todas las facetas de la vida de mostrarnos como somos, de vivirnos como somos, en profundidad. Apariencias, sin las que es posible existir, pero que en el caso más humano comunican la vida que hay detrás, la persona que existe.
  8. Dios hace maravillas. iMision es fruto de Dios, como tantas otras iniciativas. Personas que no se conocían y forman comunidad, acogen y se cuidan. También digitalmente. Dicho de otro modo, quizá más general, Dios ha sido el primero es saber hacerse presente en la red a través de la comunión, de la fraternidad. Y no de la ideología, de las marcas, de doctrinas. Dios ha unido corazones, inteligencias, voluntades. Diría más, incluso antes de que las personas se conocieran en la red, Dios ya había dibujado un camino para su encuentro, y pensó en Twitter.
  9. Twitter no es el final, porque nunca lo fue. Muy tontos seríamos si esto termina aquí, si con el final de una red se acaba un proyecto, que además ni siquiera entendemos como nuestro. Muy tontos seríamos si no nos hubiésemos dado cuenta de la forma que hay detrás de tanta materia, de cómo lo más humano ha encontrado hueco y ha sabido expresarse, reclamarse y mostrarse. Muy tontos seríamos si nos quedásemos aquí, por las decisiones de otros, y no secundásemos un plan mayor de fraternidad y proximidad más amplia. Si el final no es Twitter, como está claro, ¿entonces cuál es? Ahí queda la pregunta.

Y seguro que muchas cosas más, que hemos aprendido, que no conviene olvidar, que toca agradecer, por las que es bueno seguir estando.