STOP preacuerdo UE-Turquía

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Veo éstas fotos y lo único que puedo pensar es que yo, en la situación de esas personas, haría lo mismo, trataría de hacer lo mismo: huir en busca de un futuro en paz para mi familia. Y me gustaría encontrar una mano tendida.

Trato de repensar todo lo estudiado y aprendido sobre el Derecho Internacional en mis años de formación y, francamente, de poco me sirve ante la crudeza de cada historia individual. Trato de mantener una mente jurídica, pero me brota el Evangelio. Ni siquiera me sale pensar en la legislación, me vienen a la cabeza ejemplos como el del diplomático español Ángel Sanz Briz, Justo entre la Naciones. El Ángel de Budapest en 1944, estando destinado en Hungría, salvó a unos 5.200 judíos del Holocausto proporcionándoles documentación española, aunque de ellos solamente unos 200 eran sefardíes.

Si hoy hubiera legisladores, gobernantes, diplomáticos como Sanz Briz no se habría acordado la devolución de refugiados a Turquía por parte de la Unión Europea. Se habrían encontrado manos tendidas. Esas personas habrían encontrado manos tendidas, no la deportación.

¿Qué le pasa a la humanidad? A esto no se llega de la noche a la mañana, ni a la situación de refugiado ni a la ignominia de la falta de acogida. ¿Qué hemos venido haciendo mal? La maldad no está solamente en la acción de los malos, la perversión total se adereza con la pasividad de los “buenos”. “Quiero por tanto haceros ver hoy, el gran peligro en que pone al alma la tibieza, porque por ella le niega el Señor su luz divina, sus gracias y auxilios, sin los cuales le será muy difícil terminar el viaje de la vida, sin precipitarse en algún abismo…” “…la tibieza vuelve el alma insensible a los remordimientos de la conciencia; de donde resulta, que así como se hace insensible a los remordimientos de los pecados veniales, así también se hará con el tiempo insensible al remordimiento de los mortales.” (San Alfonso Mª de Ligorio)

La tibieza, poco a poco, va creando un cómodo nido al mal absoluto. Nunca es buena la tibieza. No son tiempos de tibieza. Creo que es la tibieza continuada, consentida y abonada la que ha llevado al hombre al punto en el que se encuentra. Enrarecer el ambiente tratando de identificar la contundencia con la falta de misericordia es otra perversión del maligno. Hay que ser contundente, con caridad, comprensión, perseverancia y oración, pero contundente. Sin ira, pero contundente. Respetuoso, pero contundente.

El diplomático Ángel Sanz Briz seguro que tuvo miedo, se jugó no solamente su futuro, se jugó su propia vida para salvar la de otros. Luchó por la Justicia. Pero no aprendemos, nos apoltronamos en el calor de una mesa camilla europea, esgrimimos leyes, economía, derechos privados… No, no somos justos porque no nos la jugamos. No somos justos porque independientemente de las palabras bonitas no nos la jugamos, no practicamos la Justicia. Mientras tanto la gente continúa huyendo, mientras tanto seguimos sin hacer nada, permanecemos impasibles. Y para cuando a la UE se le ocurre actuar lo hace para enviar a los refugiados a Turquía donde los reciben a palos. Vomitivo. Belcebú debe estar regocijándose. No es cuestión de colores ni de signos políticos. La cobardía invade a todos, el egoísmo invade a todos, la indiferencia invade a todos. Pero hay un Juicio por el que pasaremos todos y, en ese juicio, las leyes humanas no servirán de nada.