4. Nuestra fuerza, la gracia

¡Hola, hola, hola!iDecálogo 4

Querido lector… Es importante que el aventurero evangelizador digital tenga claro lo que quiere lograr en las redes sociales. En este sentido no veo acertado cuando nos interesamos por alguien buscando un simple “follow back” que engrosé nuestra lista de seguidores. No. La evangelización internetera no es para ganar popularidad sino para que sea Cristo quien la gane, el objetivo es que todas, absolutamente todas, las personas de la red puedan conocer el amor de Dios. Igual que en nuestro día a día, ¿no?

Es esta una aventura apasionante, preciosa y… ¿complicada? ¡Imposible diría yo! Por mucho que los anuncios niueiecheros (bonita palabra) nos hablen de la extraordinaria capacidad que la vibración buenrollista tiene para lograr lo imposible, en realidad solo hay una fuerza verdaderamente capaz de que sea conseguido lo que a priori no puede hacerse, y esa es nuestra fuerza, amigo evangelizador digital: la gracia.

Vamos a reconocerlo sin miedo: ¡Nosotros somos limitaditos! Llegamos a donde llegamos, podemos lo que podemos, y la pifiamos muchas veces. Hemos de compartir con mucha alegría pero lo que más ha de importarnos no son los frutos sino la misma siembra. ¡Felices de sembrar! Es Dios quien hará crecer las semillas digitales que esparcimos en cada tweet, que ayudamos a difundir en cada retweet, que mostramos cada vez que nos unimos a un Trending Topic para hacer algo de lio. Él se sirve nuestros “clics”, resplandece en nuestros donde bien usados.

Sin la gracia de Dios no podemos hacer nada mas que cansarnos de hacer algo que no depende totalmente de nosotros, vanagloriarnos por tener muchos followers, frustrarnos por tener muy pocos y perder el tiempo en lograr que por nuestras propias fuerzas lo imposible sea posible. Ya sabes, amigo, aquello del “si el Señor no construye la casa…”. Sin gracia no hay evangelización posible, solo bellas envolturas humanas, y al final hartura.

¡Pero ánimo! ¡Porque si que hay gracia! ¡Dios sigue actuando! ¡También en internet! Nos mueve una fuerza que este mundo no conoce, que nosotros mismos no podemos dominar, que ni siquiera a veces entendemos. La gracia es lo que ha cambiado los corazones de millones de personas en todas la épocas y lugares, ¿por qué iba a ser distinto en el siglo XXI en internet? La gracia es lo que nos hace valientes y alegres en el testimonio, lo que anima a seguir siempre adelante en las contrariedades, lo que sostiene mi vida y la tuya. Aunque representemos al Espíritu Santo como una paloma, ¡no lo enjaulemos!. Aunque nos creamos que nuestras fuerzas son suficientes, ¡no vayamos de sobraos y pidamos la gracia! La necesitamos. Y el mundo en el que estamos la necesita.

¡Hasta la próxima entrada!, amigo lector. Dios te bendiga.

@PatxiBronchalo

 

Por la Unidad de los cristianos

Desde que San Juan XXIII instituyera el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, todos los sucesores de Pedro han realizado esfuerzos, no solamente signos, tendentes a acabar con lo que a la luz del Evangelio no es más que un escándalo. Podrá haber matices, o más que matices, pero a mí la separación de los cristianos me parece un escándalo.

La masacre cotidiana, el derramamiento de sangre de cristianos por el mero hecho de serlo que se vive en nuestros días me produce un inmenso dolor, y me recuerda que la sangre derramada por Cristo en la Cruz lo fue por todos. Para todos es la sobreabundante Redención. Me duele la muerte de cristianos en cuanto tal, sin apellidos ni más filiaciones.

Oración. Como en todo, oración. Como para todo, oración. De verdad, con el corazón abierto. San Alfonso nos enseña que “sin oración inútiles serán las meditaciones, nuestros propósitos y nuestras promesas”. La oración como eje central de la vida de cualquier cristiano; de cualquiera.

Rezar por la unidad de los cristianos es también extender el Evangelio. ¿Por qué no hacerlo con otros hermanos cristianos? Hacerlo con ellos representa mucho más que un paso; rezar con ellos es ya un hecho. Y práctico.

11193266_855283074550593_4496740348642127305_nEn 1940 Robert Schutz fundó en Taizé, Francia, la comunidad monástica ecuménica cristiana que conocemos como Comunidad de Taizé. En unos días, el próximo 12 de mayo secelebra el centenario del nacimiento del Hermano Robert. Con éste motivo, en distintos lugares del mundo, tendrán lugar encuentros ecuménicos de oración. Creo que es una buena excusa para que todos los cristianos, estemos donde estemos, nos unamos en oración. Como hermanos.

San Juan Pablo II, al visitar Taizé en 1986 dijo a los jóvenes allí reunidos: “se pasa por Taizé como se pasa junto a una fuente. El viajero se detiene, bebe y continúa su ruta”. El Papa les instaba a partir de allí para testimoniar el Amor de Cristo. ¿Por qué no hacemos lo mismo nosotros? El 12 de mayo es una oportunidad significativa. Ese día a las ocho de la tarde, en la parroquia del Santísimo Redentor de Madrid (c/ Félix Boix 13), el Arzobispo Monseñor Carlos Osoro, acogerá en nombre de la Iglesia anfitriona a todos quienes puedan y quieran acudir. No importa que no puedas. No importa que no vivas en Madrid. ¡Os animo a hacerlo!

Nos ponen la oportunidad de orar juntos en la palma de la mano. Aunque estemos a solas lo haremos unidos en la #COMUNIÓN de los santos. También de los mártires que están siendo degollados, masacrados por ser cristianos. Nuestros hermanos. Yo los tendré presentes. Y a todos los refugiados que se ven obligados a abandonar, casas, ciudades, países, orígenes… pero que no abandonan su fe en Cristo.

Como tendré presentes las palabras de S.S. Benedicto XVI sobre el Hermano Roger: “que su ecumenismo de santidad nos inspire en nuestro camino hacia la unidad”.

No lo sé, Señor

Hacinados en una barcaza, manejados por mafias, huyendo de su propia realidad empujados por la miseria, el hambre, la guerra, buscando un futuro mejor o, simplemente, un futuro… y son asesinados, lanzados al mar por sus propios compañeros de embarcación por ser cristianos. Cristianos ajusticiados, a diario; cristianos perseguidos, obligados a abandonar sus casas, sus países, sus raíces. Cristianos tiñendo con su sangre de rojo las aguas del Mediterráneo.

Son nadie porque no dirigen semanarios occidentales, polémicos o no; son nadie porque carecen de fuerza; son nadie porque carecen de todo; son nadie porque su única posesión es la esperanza (o la fuerza de la desesperación) y su fe en Cristo; son nadie porque son cristianos; son nadie porque ni su vida ni su muerte mueven cifras en la economía mundial. Lo correcto sería decir que no son nadie. Prefiero decir que son nadie; porque son. Son cristianos, mis hermanos. Hermanos de todo aquel que se autodenomine con un mínimo de sinceridad como tal, cristiano. Su muerte duele. Duele la impotencia. Duelen las causas. Duele la indiferencia. Duele la impasibilidad. Duelen las palabras huecas. Duelen las cumbres convocadas para acallar voces o conciencias y que solamente llevan a un lugar seguro: la nada.

¿Qué le pasa al mundo? ¿Quién mueve los hilos? ¿Quién maneja los intereses ocultos? ¿Quién se ocupa en perpetuar las injusticias? ¿Quién se regocija en secreto con el aparente triunfo del mal?

Mientras unos repudian sus tradicionales valores cristianos, Cameron felicita la pascua y Manuel Valls manifiesta públicamente que atacar a una iglesia es atacar a un símbolo de Francia. Mientras unos tratan de discernir su voto conjugando la doctrina social de la Iglesia y la defensa integral de la Vida otros ponen su conciencia en manos de cifras y porcentajes. ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué lleva a aparcar la voz de la conciencia? ¿Qué lleva a claudicar, a mirar hacia otro lado? ¿Qué lleva a perpetuar la injusticia? ¿Qué lleva a ponerse en manos del mal? ¿Qué lleva a dejarse llevar? ¿Qué lleva a la indiferencia, el inmovilismo y la inactividad? ¿Qué lleva al silencio?

¿Qué se puede hacer desde la nada de un simple individuo aislado? Quizás salir de la nada y despertar a la Creación. Quizás orar y al hacerlo salir del aislamiento. Quizás no callar. Quizás llorar. Quizás educar a mis hijas en el verdadero valor del ser Cristiano. Quizás eliminar las barreras cotidianas, derrumbar los muros inmediatos y romper los minúsculos eslabones próximos que engarzan cadenas inmensas. Empezar por uno mismo, por el matrimonio, el hogar, el trabajo, el día a día. Derrumbar máscaras y quitar etiquetas. Orar, no dejar nunca de orar.

No sé, Señor. De verdad que no lo sé. Pero sí sé que dejarse llevar por la sensación de impotencia es dejarse llevar, es permitir que el mal continúe marcando las cartas de la baraja. No sé, Señor, no lo sé. Pero sí sé que tú no nos abandonas ni rompes la alianza con tu pueblo.

También sé que la sangre de los mártires nunca ha sido derramada en balde. Ni para ellos que ganaron derramándola la corona de la Gloria ni para el común de los mortales que ve en ella la de Cristo en la Cruz. ¿Nos vamos a dejar seducir, nos vamos a dejar convertir por la sangre diaria, por el horror diario de tanto hermano anónimo? ¿Estamos dispuestos a ver en su muerte la de Cristo en la Cruz y en ella la sobreabundante Redención?

No lo sé, Señor. Pero aquí tienes mi pobre oración. Y mi vida.

Campo de Misión

Yo no sé si lo mejor de la #iMisiónParty será la jornada entera o lo es ya el previo. Porque el previo genera ilusión, esfuerzo, donación, gratuidad, comunión.

Confieso que me puedo sentir más nervioso en una reunión entre amigos preparatoria para el 11 de abril que dando charlas a ejecutivos internacionales en varios idiomas; me pueden imponer más Rocío, Josué, Cris, Dani o Julián que varios jeques  alrededor de una mesa en Riyadh vistiendo sus blancos Thawb y Guthra; puedo estar mucho más satisfecho compartiendo unos manises con ellos que en muchos grandes banquetes; me puedo sentir mucho más pequeño en una sala del colegio Amorós que compartiendo mantel en el Schloss Bad Berleburg con Margarita Fouché, la difunta Fürstin; definitivamente me siento mucho más débil departiendo con ellos que manteniendo tranquilamente una conversación con José Hierro o Eugenio Granell en casa de mis padres. No son metáforas son sensaciones reales de experiencias vividas. Y con todo es la debilidad la que le hace a uno fuerte.

Preparar, proponer y ofrecer los pobres talentos para lo que puedan ser útiles. Y todo es comunión. Su fruto y su acción. Compartiremos la Palabra; compartiremos el Pan.

Os aconsejo, a todos aquellos que tengáis un mínimo interés directo o transversal en la evangelización en internet, que os inscribáis a la #iMisiónParty. No solamente por lo que podáis aprender o por lo que podáis aportar, no solamente porque seréis testimonio, no solamente por el interés legítimo sea cual sea; no. Fundamentalmente por la comunión. Formarse de tú a tú, compartir de tú a tú, aprender y aportar y hacerlo con hermanos es generar comunión; hacerlo con hermanos es nutrirse de la fe, no sólo de la experiencia o conocimientos, de los hermanos. La comunión fortalece la fe. La fe de otros fortalece la propia tanto como la tuya fortalece la de los demás.

Fe y comunión se retroalimentan para ponernos en camino. Porque internet es campo de Misión y a la misión se es enviado. Porque internet es campo de Misión y para la misión uno se forma. Por ser campo de Misión es un lugar donde anunciar la sobreabundante Redención.

Porque internet es campo de Misión necesitamos la #iMisiónParty. ¿Te la vas a perder?

Inscripciones: http://iparty.imision.org/inscripcion/

La santidad es cosa de TODOS

El pasado día doce de marzo se cumplieron 393 años de la canonización de cuatro españoles por parte del Papa Gregorio XV ¡cuatro a la vez! No está nada mal. Lo que me hizo pensar fue quiénes eran esos cuatro santos: un analfabeto madrileño, una “niña bien” de Ávila, un militar de Azpeitia y un aristócrata navarro.

Es algo que ya sabemos todos y que no viene mal recordar de vez en cuando: TODOS estamos llamados a la Santidad. Sean cuales sean nuestros orígenes, paso y circunstancias, todos. Aquellos cuatro individuos, Isidro de Merlo Quintana, Teresa de Cepeda y Ahumada, Íñigo López de Loyola y Francisco de Jasso y Azpilicueta, fueron llamados y siguieron a su Señor. Abrieron camino, construyeron, generaron Vida. San Isidro Labrador, Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier.

Esta mañana, al rezar Laudes, lo he vuelto a recordar con el himno a Dios, realizador de maravillas, porque me he dado cuenta de que todos ellos fueron plenamente conscientes –y coherentes con ello- de pertenecer a “…un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y entrar en su luz admirable”.

Tenemos ejemplos de lo más variopinto, de todos los colores, continentes, tendencias. En el mundo serían gente con diferentes personalidades, algunos tremendamente humildes, otros más irascibles; los habrá habido simpáticos o más distantes, guapos o feos, altos o bajos; fríos o cercanos… Pero todos dóciles a la voz de su Señor. Todos abriendo camino, construyendo, generando Vida.

Unos fueron y otros son. ¿Los vemos? ¿Los reconocemos?

A los de hoy que caminan por la calle, a nuestro lado ¿los vemos?

A aquellos asesinados por ser cristianos, o muertos por el hambre, el frío o la guerra; a los ahogados o fallecidos en cualquier frontera ¿los reconocemos? ¿seguro?

A los inocentes matados en cualquier útero ¿los defendemos? ¿de verdad?

Hay tantas maneras de llegar a Dios como seres humanos, recordó en alguna ocasión  Benedicto XVI a un periodista. Tantas maneras de ser santo como seres humanos, con tantos matices como los que cada persona tenga. Pero solamente se consigue con la propia vida y tras las huellas de Cristo. Poniendo los dones para abrir camino, construir, generar Vida. Unos más silencioso, otros más mediáticos. Unos desde el discreto y callado devenir cotidiano, otros más ruidosos. Con la vida de cada uno, haciendo de la Vida un arte para los demás. Unos escriben, otros pintan, o componen o cantan. O nada de lo anterior. Todos hacen de su vida un arte de entrega y felicidad para los demás. ¿Los vemos…? ¿Los reconocemos…?

No sé si lo hacemos, si en ocasiones quienes nos escandalizan son precisamente santos en camino, en gerundio, y el escándalo verdadero es sentirnos movidos y, sin embargo, auto generar rechazo a aquello que nos mueve. Estoy convencido de que muchas veces es exactamente tal cual; rígidos miembros de cómodos sanedrines. Como diría uno de los santos Redentoristas, San Clemente Mª Hofbauer, el Evangelio debe ser predicado siempre de manera nueva. Y no debemos tener miedo a las nuevas maneras cuando éstas lo que anuncian de nuevo es el Evangelio.

Pero ¿y cada uno de nosotros? No “ellos”, no “él”; tú y yo. Así, crudamente, en primera persona. ¿Nos ven? ¿Nos reconocen? ¿Te ven? ¿Me reconocen? ¿Qué ven en nosotros? ¿Qué ven en mi? ¿Mostramos el rostro de Cristo? ¿Llevamos Esperanza? ¿Inspiramos Paz? ¿Reflejamos la luz de la misericordia, de la Redención? Si no es así, quizás deberíamos plantearnos si vivimos o no el Evangelio o si habremos de vivirlo de una forma nueva. Porque a la santidad estamos llamados todos.

Ojo por ojo

No entiendo el “ojo por ojo”. No lo entiendo y me gustaría poder rechazarlo de plano con una sinceridad absoluta, pero reconozco que, en ocasiones, no asumirlo como algo natural me resulta difícil.

Cuando la intensidad de la agresión o la ofensa es de unas dimensiones extrañamente inhumanas, devolver mal por mal se me hace aún más incomprensible. Frenar el avance del maligno no puede hacerse nunca con sus propias artes, porque si las utilizamos acabaremos enmarañándonos en sus redes. Frenar al maligno como si fuéramos él mismo nos lleva a aumentar el mundo de las tinieblas. Y los hijos de Dios somos hijos de la Luz. A esa Luz, a reflejar esa Luz es a lo que debemos aspirar en cualquier situación.

No siempre es sencillo devolver bien por mal; no siempre somos capaces de ser la misericordia del Señor en la tierra. Lo sé, pero serlo es acercar el Reino. Si hay quien es capaz de mostrarse sinceramente misericordioso en situaciones extremas, si hay mártires que mueren perdonando, es porque es posible. Quizás no humanamente posible, pero si con la fuerza de la debilidad, que es la fuerza que viene de lo Alto. Uno a veces recurre a lo más cercano. El padre de una gran amiga fue hace ya muchos años asesinado por ETA y, en cada funeral de la familia, se pide por el descanso eterno de los familiares fallecidos y por el asesino de su padre. Ajeno, alejado del postureo. Algo absolutamente sincero y sentido.

Que el ánimo se nos exalte as algo normal. “Por qué me pegáis”, dijo Jesús. Simplemente por qué me pegáis.

Tras el asesinato de Muaz Kasasbeh, el piloto jordano quemado vivo por el Ejército Islámico, hemos visto renacer la forma más cruel del “ojo por ojo”. Clamores de venganza por un nacional y correligionario. No hemos visto ni oído nada igual tras los asesinatos de cristianos. No es el camino. Me niego a aceptar la venganza como camino para nada. Ese no es el Camino de Cristo.

La equiparación de la fuerza como medio de doblegar al adversario, incluso cuando éste es un vil asesino, no es nuestro camino. No puedo aprobarlo y estar en contra del aborto. La Vida es un valor absoluto para los concebidos y para los nacidos, siempre.

Sólo frente a las tinieblas es donde la Luz brilla sin cegar. Sólo siendo Luz, abriendo caminos de Luz, es como las tinieblas retroceden. Y la antorcha de la Luz se sostiene en la mano de la misericordia.

La defensa de los nuestros, la defensa del bien se ha de hacer con contundencia, esto es, con la Luz a plena potencia. Y con esa fuerza, el Evangelio de hoy nos muestra cómo de dos en dos tenían autoridad sobre los espíritus inmundos. Bastón y sandalias. Así hemos de caminar, aunque acabemos sacudiéndonos el polvo de los pies… ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz!.

Comenzar en Twitter. 7 claves que pueden ayudar.

IMG_4511La experiencia de quien comienza en Twitter me parece muy valiosa y luminosa. Se encuentra como perdido en una gran ciudad por la que va paseando, se va fijando en todo, se encuentra con personas. Sus intereses le proporcionan una especie de plano de búsqueda para adentrarse en la red e ir siguiendo lo que dicen unos y otros. Entonces comienza a vincularse con ellos, esperando respuesta. Pero suele ser pobre al principio. Son los amigos los primeros que nos siguen en la red, porque nos conocen.

Los que abren por primera vez su perfil en la red leen mucho y, por contra, son muy poco leídos. Lo suyo parece no interesar tanto como lo que otros tienen que decir. Y cuesta abrirse camino, crear relaciones. ¿Qué podemos decir a los que están en esta situación?

1. Comprender Twitter. Se generan tweets continuamente, pero su alcance es relativo y su vida muy efímera. Sólo se leen habitualmente aquellos que caen a la misma hora que abrimos la red, porque pasan rápidamente a un segundo plano o son sustituidos por otros. De igual manera, sólo son leídos por aquellos que nos siguen (y quien comienza tiene pocos seguidores habitualmente) o por las personas que siguen a otras que han retuiteado el mensaje. Dicho de otro modo, no se escribe “en la red” sino para “nuestra red”, “nuestro mundo”, y ni eso garantiza que llegue a todos.

2. Cuidar la primera impresión que causa nuestro perfil. Nuestra foto, la portada, la descripción que hacemos de nosotros mismos. Las imágenes son muy importantes en la red. Los colores que más llaman la atención son los que triunfan y destacan, sin duda alguna, en la línea del tiempo.

3. Dejarse llevar primeramente por sus intereses, por lo que viven, por lo que les atrapa el corazón y les lleva por dentro. Es decir, algo así como dejarse llevar por la propia vida. Y hacer búsquedas sobre eso mismo. Un perfil nos llevará a otro y a otro y a otro. Como en el caso de los amigos.

4. Darse a conocer a través de esos mismos temas de conversación. Lo cual comprendo es muy complicado al principio y genera frustración. ¿Cómo? A través de las distintas posibilidades de interacción que ofrece Twitter: marcando como favorito, retuiteando y pasando a nuestra línea de tiempo lo que otros han dicho, citando y participando en conversaciones, utilizando los hashtag que vayan con nuestro perfil y nos definan.

5. Compartir contenidos de calidad. Poco a poco iremos creando una red de espacios y calles por las que transitamos con mayor frecuencia, blogs de referencia, páginas web de calidad. También son lugares en los que encontraremos que nuestros intereses se relacionan con los de otras personas, y a su vez lo nuestro puede servir a otros. En este punto hay que añadir que las imágenes son de lo más visitado cuando alguien visita nuestro perfil. Con lo cual, ¡cuidadín con las parte estética!

6. Hay quien dice que lo principal es hacerse “marca”, y así se tendrá más éxito. Pero creo que vamos perdiendo el norte en este sentido. Quizá lo más importante, nuevamente, sea ser persona y no un perfil con nuestra foto al servicio de otras cosas. Es decir, tratar con cercanía a las personas que hay detrás de los perfiles, interesarnos y dialogar más allá de “lo que se comparte”, pasar a conocer a “quien está en la red”. Diría que en esto lo fundamental es crear una identidad inclusiva, que no se cierre sobre nuestro mundo de tal forma que nos polarice en torno a lo mismo de siempre, sin más apertura que lo de siempre, sin más novedad que aquello que ya sabemos, pensamos o queremos escuchar. Para superar esto hay que ser cada vez más inteligente y más atrevido, porque la tendencia que generan las redes sociales terminan en nichos muy cerrados de relaciones prácticamente uniformes.

7. Explorar las diversas posibilidades que ofrece Twitter. Por ejemplo, hacer listas temáticas en la que ir incluyendo a las personas que vamos conociendo. No tienen por qué ser públicas, pueden ser privadas. Es algo muy fácil que brinda la capacidad de situar en calles a las personas que vamos encontrando y luego leer temáticamente. Por ejemplo, en relación a la iglesia, a la educación, a la actualidad, a la justicia… Este orden es fundamental en la red del pajarito que, por ahora, no selecciona lo que leemos como hace Facebook. Dicho lo cual, ¿por qué no preguntar a quienes tienen más experiencia?

@josefer_juan

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