Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

Perpe

Hoy celebramos la festividad de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Se trata de una de las devociones marianas más extendidas por todo el orbe. No me voy a detener en la historia del Icono porque para eso os dejo aquí un video que la explica con claridad.

Conmemoramos su fiesta y se cierra el Año Jubilar que concedió el Papa Francisco con motivo del 150 aniversario del restablecimiento de su culto público. El Papa Pío IX se lo entregó a la Congregación del Santísimo Redentor con el siguiente mandato: “Dadla a conocer por todo el mundo”. Se ha convertido con el paso de los años y gracias a la labor abnegada y entusiasta de los misioneros Redentoristas, religiosos y laicos, en un Icono eminentemente misionero que ha llegado a los lugares más alejados; su fe robusta en las manos de María. La imagen de Nuestra Señora en esta advocación permanece como Perpetuo Socorro para todos. Un Icono de Amor a cuyo amparo se han acogido y acogen millones de fieles en todos los idiomas imaginables, para dejar en sus manos congojas, enfermedades, preocupaciones, miedos… para tantos y tantos abandonados son las manos de la Virgen el único atisbo de Esperanza al que asirse. Los consuelos recibidos, los favores atribuidos a su intercesión son innumerables. El Niño, asustado ante el anuncio de la Pasión, se agarra con fuerza y seguridad, con sus manitas a la mano de su Madre; la Madre lo sostiene amorosa en su regazo. Todos somos como el Niño cuando con confianza acudimos a ella y, como al Niño, a todos nos acoge amorosa.

Hoy quiero resaltar en este lugar que habito, la labor que se ha realizado a lo largo de este Año Jubilar en las redes sociales: Facebook, Twitter, Youtube… todas han propagado también en este continente el Perpetuo Socorro de María. Desde la extraordinaria misión por Irlanda, de Catedral en Catedral, de asilo en asilo, de colegio en colegio, de iglesia en iglesia llevando el Icono en persona y mostrándolo a diario en las redes, a las multitudinarias novenas por Filipinas, las actividades en Latinoamérica, Canadá, Albania, Costa de Marfil, Australia… no sigo enumerando rincones porque no acabaría, pero casi cada una de ellas ha sido mostrada a diario en las redes. Se han organizado peregrinaciones a prácticamente todos los Santuarios Marianos Redentoristas para obtener la indulgencia plenaria, especialmente a la iglesia de San Alfonso en Roma donde se conserva el Icono original. Hoy las procesiones con el Icono se desarrollarán por todo el mundo; las habrá más solemnes o más sencillas, pero el amor de los fieles será el mismo en todas. En el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, donde se encuentra la Casa Provincial Redentorista de España, presidirá la misa solemne a las 20:00h el Arzobispo D. Carlos Osoro y, como cada año, el SAMUR sacará el paso de su Patrona por las calles de Chamberí. Es solamente un ejemplo, pero es hermosísimo contemplar cómo enfermos, ancianos y personas impedidas se acercan a ventanas y balcones; es impresionante ver cómo, al paso de bares y terrazas la gente sale a su encuentro con respeto. Que sea este también un balcón para quien no la tenga cerca; quiero acercarla a todos los que comparten conmigo este mundo y darla a conocer a quienes no han oído hablar de Ella. Aunque es Ella quien sale a nuestro encuentro…

En las redes hemos compartido, estado en contacto, expandido su devoción, encontrado consuelo. “Dadla a conocer…” Las redes nos han puesto a orar ante el Icono. Las redes pueden ser las manos de María, los ojos de María, el Socorro de María; Amor. Hoy, en este lugar por el que también camino quiero encomendar a todos mis hermanos Redentoristas, a mis hermanos de iMisión, a todos los iMisioneros, a todos los internautas, al Icono de Amor; con la mirada siempre en Cristo, en quien la Redención es abundante.

 

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.

Madre del Amor, ven en nuestro socorro.

 

Oh Madre de misericordia… que otros soliciten de ti lo que mejor les parezca: salud del cuerpo, riquezas y otros bienes de la tierra; Señora, yo vengo a pedirte lo que deseas ver en mí:

Tú que fuiste tan humilde, concédeme la humildad…

Tú que fuiste tan sufrida en las penas de la vida: concédeme la paciencia en las contrariedades.

Tú, tan llena de amor a Dios: concédeme su santo y puro amor.

Tú, todo caridad para con el prójimo: concédeme caridad  para con todos, sobre todo hacia los que me son adversos.

Tú, del todo unida a la voluntad de Dios: concédeme total conformidad con lo que Dios dispone de mí.

En una palabra, Tú, la más santa entre las criaturas oh María, hazme santo”. (San Alfonso Mª de Ligorio)

5 puntos esenciales y 2 retos de la #iJornada

@iMision20 vuelve a sorprender con un gran encuentro. Primero fue el iCongreso, el curso pasado las distintas iParty locales, y este año la iJornada, cuyo recorrido tuitero se puede encontrar en #iMision16. Dos ponencias, más de 20 talleres de los cuales cada participante realizaba 4 según su interés y formación. Personas de un gran espectro eclesial, diversas pertenencias y motivaciones.

Los balances personales van siendo expresados en la red. Como ya sucede en muchos eventos, se hace casi al hilo de lo que va sucediendo y permite entablar una conversación al mismo tiempo que se escucha al ponente. No sorprende que se subraye el mismo aspecto desde diversas cuentas, lo cual ya es un buen signo de comunicación, de implicación y de diálogo.

PUNTOS ESENCIALES

  1. Movilidad. La red es móvil. El soporte principal, ganando terreno progresivamente, está en la mano de quien la usa. No nos conectamos al llegar a casa, al sentarnos en la mesa del ordenador, sino en cualquier lugar, según qué momentos.
  2. Escuchamos hablar mucho de vídeos. Hechos no de cualquier manera. Debe ser una comunicación que guste, que cree pertenencia, que dé sentido a la búsqueda que hay detrás del clic, al motivo que impulsa ese acercamiento. Gran comparación. Este ha sido un paso clave, hacia los 5 sentidos. Los vídeos que más brillan en la red son los que emocionan, los que son capaces de conectar de verdad con quien los ve, en los que hay vida, pasión, entusiasmo…
  3. Comunicar es relacionarse. Si nunca fue de otro modo, hoy más que nunca. La comunicación debe estar al servicio de la unidad, sirve para unir. Comprender todo aquello que nos acerca es infinitamente más valioso que centrarse en las discusiones estériles y no pocas veces superficiales que nos separan. Relación que evidentemente en red, como relación de relaciones.
  4.  Volver a lo esencial del mensaje. Sin más. Después de una gran crisis de credibilidad, en la que lo que se decía no era acogido, ni siquiera escuchado, por los escándalos que salen a la luz. En este contexto actual hay que recuperar credibilidad, con la humildad suficiente como para empezar de nuevo. En cierta medida, una gran oportunidad de renovación y de revisión en busca de autenticidad, claridad y nitidez. Sin los mediadores habituales que deben explicarlo todo, haciendo que lo que se quiere decir no necesite intérpretes o explicadores, y nadie pueda olvidarlo.
  5. Comunicar desde la Misión. Hablar para generar, escuchar y hacer que algo suceda, transformar el mundo más allá de las propias autorreferencias que agotan. Es mucho más motivador lanzarse a la misión, que quedarse en las antesalas de uno mismo.

RETOS

En línea con el mismo origen e inicio de iMision está la necesidad de formarse para hacer bien el bien. De ahí la razón profunda de estos eventos, y el sacrificio de muchas personas que lo han organizado con cariño.

  1. Seguir formándose. Comprender que este terreno que pisamos está ahora en permanente construcción y cambio, que su dinamismo exige y posibilita también que sepamos estar en este mundo con competencia y actualidad.
  2. Plan de comunicación global. Entre pasillo, y algo más que entre pasillos, se inciden una y otra vez en preguntas esenciales: para qué, para quién, cómo, por qué… tiempos, medios, recursos… ¡orden y concierto para que la música suene bien! Aquí la tarea que muchos se llevan a sus casas, para la cual la red creada será sin duda alguna imprescindible.

Muchas gracias por el encuentro, por el servicio de unos, la sonrisa de otros, la preparación de las ponencias, los talleres, el esfuerzo por hacer llegar el Evangelio a la gente que vive y convive en el continente digital.

Evangelizar en la Red ¿una vocación exclusiva de algunos?

evangelizar en la red

Si eres de los que siente como propia la vocación a la evangelización digital, tal vez tus amigos o conocidos te han tildado algunas veces de “fanático” por compartir contenido religioso en tus redes sociales. O quizás eres de los que siente que evangelizar en Internet es una tarea que no todos los católicos deben asumir como propia y que, por ello, es una vocación exclusiva de algunos. En este post, querido lector, quisiera darte dos claves para reflexionar sobre la misión evangelizadora de los seguidores de Cristo y que, espero, te motiven a compartir el Evangelio también en la Red.

  1. ¿Se puede no comunicar lo que se ama?: Cuando uno está muy enamorado de una persona, siente inevitablemente el deseo de compartir con otros ese amor. Así también, cuando recibimos una buena noticia, de inmediato nos surge el deseo de dar a conocer al mundo esa gran noticia que nos hace saltar de felicidad. Lo mismo debería pasarnos con la experiencia cotidiana del amor de Dios. Quien se siente verdaderamente amado por Él y ha experimentado la fuerza transformadora de su amor no puede quedarse estático ni callar esa experiencia. Es ese amor de Dios que experimentas en tu día a día el que debiera impulsarte a compartir esa Buena Noticia con los demás, ya sea en el mundo físico o en el mundo digital. Y así como compartes en tu muro de Facebook el triunfo de tu equipo de fútbol favorito, ¿por qué no también dar espacio en tus redes sociales a lo que llena tu vida de alegría y esperanza?
  2. Evangelizar es una misión que todos hemos recibido: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio” (Mc 16, 15). Son palabras que Jesús dijo a los apóstoles luego de la Resurrección. Ellos estaban algo incrédulos ante los testimonios de quienes lo habían visto resucitado. Les costaba creer que su Señor había vencido a la muerte luego de haber sido colgado en una cruz, muriendo de la peor forma que ellos podrían haber imaginado. A partir de este llamado, los apóstoles salen a predicar por todas partes, siempre guiados y acompañados por el Señor. Esta misión también la hemos recibido los cristianos en el bautismo. Es una misión que muchas veces olvidamos o dejamos como responsabilidad exclusiva de los sacerdotes, religiosos y religiosas que consagran sus vidas a Dios. Pensamos que son solo ellos los que deben predicar el Evangelio: los laicos, por lo tanto, quedarían liberados de esta responsabilidad. Sin embargo, el compromiso de anunciar y compartir la Buena Nueva en el mundo es algo que todos los cristianos debiéramos asumir en los diversos ambientes en que nos movamos. Es por ello que el mundo digital también puede ser un espacio de evangelización donde los cristianos demos a conocer las maravillas que Dios ha hecho en nuestras vidas.

 

Evangelizar es la consecuencia del amor que Cristo nos regala cada día. Quien se siente amado por Dios siente inevitablemente el deseo de compartir con otros ese amor. Por ello es que comunicar la alegría que nos da el Evangelio es una misión que todos los cristianos debemos asumir. Espero, querido lector, que sea la conciencia de ese amor la que te mueva a asumir la misión de evangelizar, tanto en el mundo físico como en el mundo digital.

 

 

Mons. José Ignacio Munilla en las redes sociales. Una experiencia actual, viva y fecunda.

Mons. José Ignacio Munilla, actual obispo de San Sebastián, comparte en este vídeo su rica y fecunda experiencia en las redes sociales. Para muchos cristianos, conectados a su cuenta, se trata de una iniciativa de proximidad, por medio de la cual se sienten acompañados en su vida diaria y en la que encuentran fresco el mensaje del Evangelio.

Munilla tiene en su cuenta de Twitter 24,3K seguidores y es fiel, con humor y saliendo al paso no pocas veces de la actualidad, a su tweet diario. Su presencia activa y cotidiana desde que en 2012 abriera su propio perfil, un año después de la JMJ de Madrid, le ofrece una gran experiencia en el terreno motivada principalmente por su deseo de acercarse, de hacerse próximo y ser pastor de quien más lo necesita y está en búsqueda.

¿Cómo usar las encuestas en Twitter?

Desde hace dos días, tenemos abierta para todos la posibilidad de hacer una pequeña encuesta a través de Twitter. Debajo del espacio para escribir el tweet, junto a los logos de fotos y localización, aparece uno nuevo: un círculo dividido en dos quesitos de distinta proporción. ¡Este es el nuevo logo para las preguntas, para las encuestas!

Es muy sencillo. Pulsas el botón y te aparece un molde de tweet con diversos espacios. Basta completarlo una vez para aprender toda la técnica necesaria.

Será visible, como todos nuestros tweets, a aquellas personas que nos siguen y, en caso de que hagan RT, a las personas que siguen a esas otras personas. Su alcance, por tanto, es reducido. E igualmente, para quien no lo sepa o haya probado, sólo se pueden ofrecer dos respuestas entre las que hay que elegir.

Los datos que se recogen son: el número de personas que votan una u otra cosa, pero no quién es concreto cada cual, y el porcentaje de respuestas de una u otra opción. De nuevo, mucha limitación.

Y respecto a la duración, se suma a la moda de los mensajes funcionales de 24 horas. Fuera de ellas, deja de estar activo para nuevas respuestas. Queda ahí, con el resultado alcanzado.

Sin embargo, me parece interesante que exista esta reducción o limitación, porque nos obliga a pensar muy bien lo que ofrecemos.

  1. La posibilidad de preguntar en las redes sociales es altamente rica siempre. Ya hemos destacado en otras ocasiones lo importante que son las preguntas -bien hechas si queremos que sean verdaderas preguntas y buenas preguntas- en las redes sociales en evangelización. Mejor y por delante siempre de las respuestas, que parece que no calan tanto.
  2. Preguntar es cuestionar, y las buenas preguntas cuestionan algo, es decir, conectan con algo, despiertan algo, mueven algo. De ahí que también sería interesante no hacer un uso maligno y pretencioso de las preguntas, porque pueden zarandear en exceso la persona, pueden incomodar en el peor sentido de la palabra, pueden molestar demasiado a quien las lee. Una buena pregunta, me pregunto, ¿no debería ser también respetuosa?
  3. Y ahora, con respuestas. Las posibles respuestas obligan a pensar las cosas en alguna dirección. Es muy interesante considerar ahora qué preguntas hacemos y de mano de qué respuestas irían. Resulta llamativa la incorporación en las respuestas de lo que muchos antes hacían en las preguntas, como doblándolas. Creo que nos brinda la posibilidad de deslindar lo que es la buena pregunta en sí, de nuestra respuesta y otra más ajena que hemos podido desechar. Y ofrecer esto a los demás como nuestra intuición, pero sin señalarla directamente. Deja más libertad a quien lee de participar en nuestra propia búsqueda. También cabe ahora aprender mucho más.
  4. ¿Dónde queda Dios en muchos casos? ¿Resulta pregunta o es la respuesta? ¿Dios cuestiona o sólo responde? ¿Dependerá, estará más de uno pensando, de la pregunta y de las respuestas? Pero me parece muy importante ver que ahí se abre también una buena pregunta para nosotros mismos. ¿El encuentro con Dios es la pregunta radical sobre nuestra vida, o es la respuesta? ¿Dios se muestra de qué modo hoy a la humanidad, que parece empeñarse tantas veces en crear distancia entre ellos y los demás? Y más preguntas, ¿en relación con la Iglesia, en relación a la oración, al compromiso fraterno, al servicio al otro? ¿Dónde pondremos el acento ahora que se pueden hacer las cosas de este modo?
  5. Leer las respuestas. ¿Volveremos a dar una y otra vez valor a la mayoría? ¿Aprenderemos que no pocas veces se deslindan mayoría y verdad, caminando cada cual por su lado? ¿Sabremos valorar por qué unos u otros han respondido de este modo, podremos aproximarnos, aunque sea un poco, al motivo o intención que hay detrás de la participación y de la respuesta misma? ¿Servirá para llegar a cada cual sin quedarse, como tantas otras veces, en puro dato, en matemáticas vacías de vida, en pseudociencias, en lo ajeno a las personas y a lo mismamente humano entre lo más humano, a lo concretamente personal?
  6. Por último, la obligación de elegir y mojarse, frente a la indiferencia que deja pasar. Espectacular llamada a la participación propia. Fastidia, de algún modo, el anonimato. Al menos por ahora será de esta forma y no está pensado que pueda ser de otro modo.

Seguramente haréis un buen uso de esta nueva herramienta, mucho mejor que yo. Esta sólo es mi primera reflexión sobre el asunto.

Iglesia que se renueva en la red

Aprendemos, mucho más lentamente de lo esperado, que nuestro momento en la historia no es toda la historia. Y que, aunque lo vivamos auténticamente y con entusiasmo, es obligado mirar atrás, agradecer y heredar, corregir y continuar. Un proyecto con dos patas del que no se puede quebrar. Dicho de otro modo, ni prescindir de la necesaria actualización, ni pretender empezar de nuevo.

El mundo digital ha ayudado a muchos a buscar una mayor renovación. Al menos en cuanto a lenguajes, a apertura, a proximidad. Quiero pensar que, a diferencia de otras instituciones o grupos, no es mero maquillaje y apariencia. Me consta que ha supuesto reflexión en muchos casos y, al hilo de la misma, nuevos planteamientos. Escribir en abierto, dar la cara, difundir encuentros, mostrar la vida de la Iglesia, entrar en diálogo fructífero, hacer esfuerzos de acercamiento, superar prejuicios, derribar muros, mirar mejor el mundo, valorar más a toda persona. Y se ha hecho en muchos casos bien por no dejar de sentirse parte de una historia y un proyecto vivido con amplitud y en comunión. La red, que tiene mucho de evangélico, prima la relación y el contacto, o el contacto que deriva en relación.

Si pienso en claves importantes para la evangelización digital, diría lo siguiente:

  1. La estrechez de Twitter supone la oportunidad de pensar lo que queremos decir, en lugar de hablar por hablar. Y esto es muy importante, porque exige un cierto silencio.
  2. Poder interactuar, generar conversación sobre lo que acontece en nuestras sociedades implica estar atento y mirar. Una mirada que se ha hecho curiosamente local y global al mismo tiempo, que crece en ambas direcciones. Internet ha girado hacia uno de los núcleos más humanos, como plegándose a la huella de su creador: la relación.
  3. Cualquier red social sirve para darse a conocer, tanto como buscar conocer a otros y saber qué sienten, qué les preocupa, qué hay en su corazón. Y bendecir.
  4. La capacidad de asociación y pertenencia ha sido aprovechada por muchos como luz para poner en común, compartir y encontrarse siendo “parte de”. De algún modo ha ayudado a encontrar un lugar, no solitario, desde el que estar.
  5. El mundo digital ha obligado a “tragar” con la perspectiva del otro, que no pocas veces es a un tiempo su mirada legítima y la reducción del mundo hecha desde su mirada legítima. Y ahí, en ese momento, hay que aprender nuevamente a acoger, porque nos damos cuenta de que quizá nuestra mirada no sea la única mirada.
  6. Salir al encuentro, que también es posible, frente a planteamientos que reclaman apertura pero para que vengan aquí. Es decir, implicarse y comprometerse en las bondades de las personas, que no son ni pueden ser ajenas a la iglesia.
  7. En la cultura digital, quiero pensar, va ganando puntos la vida compartida frente al mero postureo existencialista. Los selfies, en los que aprendo a leer cómo están las personas y qué quieren decir, están cargados de la necesaria autenticidad sin la que todo se convierte en vacuo y superfluo. También, en este sentido, la red ha servido para mostrar una iglesia con rostro más humano.
  8. De igual modo, hemos ganado como cristianos en formación. No sólo en acceso a información, porque siempre hemos tenido a mano más de lo que podíamos abarcar, sino de formación. Inquietudes que nacen en no pocas ocasiones al hilo de acontecimientos que nos preocupan y que están ahí. Y que han ayudado a reordenar y reorientar ideas y prejuicios, que también se tienen.
  9. Dar la cara, porque en la red todo tiene nombre y foto (por no decir “rostro”). Ser entonces “yo” el que diga, el que exprese, el que muestre, el que hable, el que dé mi opinión, el que valore, el que aporte, el que tienda puentes. O lo contrario. Y ahí se ve una iglesia situada de otro modo.
  10. Muchas más cosas, sin duda alguna, pero termino con la necesidad de avanzar y dar nuevos pasos. La iglesia en misión, de la que habla Francisco, también se encuentra en la red para comunicar buenas noticias y la Buena Noticia.

Ojalá sea un ámbito que vivido con libertad y con espíritu de comunión, sirva al conjunto de la iglesia y de la sociedad.