¿Cómo usar las encuestas en Twitter?

Desde hace dos días, tenemos abierta para todos la posibilidad de hacer una pequeña encuesta a través de Twitter. Debajo del espacio para escribir el tweet, junto a los logos de fotos y localización, aparece uno nuevo: un círculo dividido en dos quesitos de distinta proporción. ¡Este es el nuevo logo para las preguntas, para las encuestas!

Es muy sencillo. Pulsas el botón y te aparece un molde de tweet con diversos espacios. Basta completarlo una vez para aprender toda la técnica necesaria.

Será visible, como todos nuestros tweets, a aquellas personas que nos siguen y, en caso de que hagan RT, a las personas que siguen a esas otras personas. Su alcance, por tanto, es reducido. E igualmente, para quien no lo sepa o haya probado, sólo se pueden ofrecer dos respuestas entre las que hay que elegir.

Los datos que se recogen son: el número de personas que votan una u otra cosa, pero no quién es concreto cada cual, y el porcentaje de respuestas de una u otra opción. De nuevo, mucha limitación.

Y respecto a la duración, se suma a la moda de los mensajes funcionales de 24 horas. Fuera de ellas, deja de estar activo para nuevas respuestas. Queda ahí, con el resultado alcanzado.

Sin embargo, me parece interesante que exista esta reducción o limitación, porque nos obliga a pensar muy bien lo que ofrecemos.

  1. La posibilidad de preguntar en las redes sociales es altamente rica siempre. Ya hemos destacado en otras ocasiones lo importante que son las preguntas -bien hechas si queremos que sean verdaderas preguntas y buenas preguntas- en las redes sociales en evangelización. Mejor y por delante siempre de las respuestas, que parece que no calan tanto.
  2. Preguntar es cuestionar, y las buenas preguntas cuestionan algo, es decir, conectan con algo, despiertan algo, mueven algo. De ahí que también sería interesante no hacer un uso maligno y pretencioso de las preguntas, porque pueden zarandear en exceso la persona, pueden incomodar en el peor sentido de la palabra, pueden molestar demasiado a quien las lee. Una buena pregunta, me pregunto, ¿no debería ser también respetuosa?
  3. Y ahora, con respuestas. Las posibles respuestas obligan a pensar las cosas en alguna dirección. Es muy interesante considerar ahora qué preguntas hacemos y de mano de qué respuestas irían. Resulta llamativa la incorporación en las respuestas de lo que muchos antes hacían en las preguntas, como doblándolas. Creo que nos brinda la posibilidad de deslindar lo que es la buena pregunta en sí, de nuestra respuesta y otra más ajena que hemos podido desechar. Y ofrecer esto a los demás como nuestra intuición, pero sin señalarla directamente. Deja más libertad a quien lee de participar en nuestra propia búsqueda. También cabe ahora aprender mucho más.
  4. ¿Dónde queda Dios en muchos casos? ¿Resulta pregunta o es la respuesta? ¿Dios cuestiona o sólo responde? ¿Dependerá, estará más de uno pensando, de la pregunta y de las respuestas? Pero me parece muy importante ver que ahí se abre también una buena pregunta para nosotros mismos. ¿El encuentro con Dios es la pregunta radical sobre nuestra vida, o es la respuesta? ¿Dios se muestra de qué modo hoy a la humanidad, que parece empeñarse tantas veces en crear distancia entre ellos y los demás? Y más preguntas, ¿en relación con la Iglesia, en relación a la oración, al compromiso fraterno, al servicio al otro? ¿Dónde pondremos el acento ahora que se pueden hacer las cosas de este modo?
  5. Leer las respuestas. ¿Volveremos a dar una y otra vez valor a la mayoría? ¿Aprenderemos que no pocas veces se deslindan mayoría y verdad, caminando cada cual por su lado? ¿Sabremos valorar por qué unos u otros han respondido de este modo, podremos aproximarnos, aunque sea un poco, al motivo o intención que hay detrás de la participación y de la respuesta misma? ¿Servirá para llegar a cada cual sin quedarse, como tantas otras veces, en puro dato, en matemáticas vacías de vida, en pseudociencias, en lo ajeno a las personas y a lo mismamente humano entre lo más humano, a lo concretamente personal?
  6. Por último, la obligación de elegir y mojarse, frente a la indiferencia que deja pasar. Espectacular llamada a la participación propia. Fastidia, de algún modo, el anonimato. Al menos por ahora será de esta forma y no está pensado que pueda ser de otro modo.

Seguramente haréis un buen uso de esta nueva herramienta, mucho mejor que yo. Esta sólo es mi primera reflexión sobre el asunto.

A los jóvenes les gusta Instagram

Aunque las estadísticas no siempre son fiables y fluctúan mucho, es suficiente preguntarles en qué redes están y cuáles utilizan con más frecuencia. Entonces constatamos que Instagram triunfa entre los más jóvenes.

Para aquellos que no conozcan mucho del tema, Instagram es una red social que nació directamente como una aplicación exclusiva para iPhone (móvil por tanto), que luego se extendió a Android dada su popularidad, en la que se comparten fotos (y vídeos). Sus filtros para imágenes, que en principio fue lo que más atractivo causó, y que otros copiaron, ha dejado de ser su principal potencia; actualmente es la cantidad de miembros que se está presente de forma continua.

Cada uno tiene su propio perfil y se va asociando con otras personas dentro de la red al modo de  Twitter, con seguidores y seguidos. A su vez, la interacción se limita a “dar corazoncitos” (similar a “me gusta” de Facebook o “favorito” de Twitter) y poder comentar la imagen. No existe propiamente el “RT” de Twitter, pues para poder hacer esto hacen falta otras aplicaciones. De igual manera da la opción de enviar imágenes en “privado” o personales, a las que (en principio) sólo tienen acceso las personas a las que se da acceso. La única política de privacidad que existe limita las propias imágenes al grupo de perfiles que permitimos que nos vean o, en su defecto, a toda la red (siendo incluso visibles fuera de Instagram y sin permisos especiales).

Además de ver las propias fotos y vídeos, y las de aquellas personas a las que seguimos, cobra fuerza la idea de rastrear otros perfiles de diversas maneras. Instragram ofrece un mosaico de imágenes afines a los propios gustos y a la localización en la que estamos, sirviéndose de nuestra actividad y de la de nuestros contactos. Algo común, como se puede comprobar, en otras redes sociales. Lo cual demuestra, una vez más, el grado de “control” y de “seguimiento” que se hace desde las mismas. No es que seamos observados, es que hemos permitido que nos sigan.

Algunas reflexiones sobre los jóvenes e Instagram

  1. Triunfan las imágenes, mucho más que las  palabras, las reflexiones... Triunfa lo estético, por tanto, frente a lo narrativo, lo reflexivo, lo argumentativo. El interés aquí versa en torno a lo que somos capaces de decir sobre el mundo, nosotros mismos, nuestras relaciones dejándose mirar a través de una cámara. No se cuentan las cosas, se sugieren (más o menos explícitamente) a través de las instantáneas.
  2. Se han hecho hueco en una red en la que son actualmente mayoritarios, y de algún modo aislados. Han formado sus propios grupos, sus redes son muy potentes entre ellos. La mayor parte tiene los perfiles abiertos, que son por defecto lo que la red propone, aunque comienzan a poner sus “candaditos” y regular aquellos que tienen acceso a su álbum de fotos, a su book, a esa biografía que va siendo contada.
  3. Crean su propia imagen. Una dinámica propia de la adolescencia, en la que está implícita su búsqueda de identidad, de seguridad, de vinculación con grupos, de aceptación. Detrás, por así decir, está la necesidad de valoración, quizá expresada de forma desmedida. Quieren y reclaman por este medio su propio mundo interior, proyectado de forma deseable. ¿De dónde viene el refuerzo -y los problemas-? Del grupo de similares.
  4. El propio mundo, del que resulta muy difícil salir. Es una red social con muy poca apertura a lo diferente. Mucho más cerrada y limitada a lo propio, a lo cercano, a la intimidad. Una privacidad compartida, que hay que valorar, pero que al mismo tiempo se presenta como ventana global en la que se ven  muy pocas cosas diferentes y muy pocas realidades sociales. Conjugar estos aspectos resulta verdaderamente problemático en esta red.
  5. Espontaneidad, libertad, intimidad. Es el tridente que dirige su popularidad entre los más jóvenes, que sin cortapisas, censuras u otras opiniones, están alegremente campando a sus anchas por la red. Algo que sin duda alguna nos tiene que hacer reflexionar. Sin embargo, junto a esta triple actitud, cada vez cobra más fuerza el “postureo”, la “imagen prediseñada”, la “fotografía preparada”; si no se sale bien, si no cumple sus sueños y objetivos, se desecha. Es la propia imagen la que sigue en juego, y esto no es cualquier cosa.
  6. Los jóvenes, como community manager. Nadie les ha enseñado, nadie les ha preparado específicamente para ello, y sin embargo son unos cracks en sus resultados directos. Como comentaba en otro post, es llamativo constatar con qué facilidad acumulan “corazones” en esta red y en pocos minutos ganan cientos de interacciones, impactos y referencias a sus imágenes. Ellos cuentan que su secreto, que otros han tenido que estudiar, viene dado por la propia experiencia: la hora es crucial, los amigos hacen de difusores, todos están pendientes, no ponen muchas imágenes un día y se van reservando las mejores para los momentos principales, comparten espacios y son “atractivos” con los que identificarse unos con otros, viven pendientes del móvil, quieren ser los primeros y significarse de este modo, muestran tendencias y “romper” de algún modo con lo que todos hacen, pero al mismo tiempo se valen de los que sacan mejores resultados, intentan ser personales en sus imágenes y no dar coba a otras cosas, no se meten con nadie sólo muestran lo suyo, y usan los hashtag para ampliar su alcance. Es un mundo ¿gobernado? por jóvenes en los que aprenden mucho de cómo funcionará el día de mañana la sociedad dirigida a través de la información y las redes sociales.

Tres preguntas, al hilo de esta simbiosis

  1. Si los jóvenes están allí, ¿dónde nos situamos nosotros? Es cierto que otras generaciones ha creado lazos difíciles de romper en otras redes, y que ampliar la actividad a otra red social más es para muchos algo complicado.
  2. ¿Por qué está ganando tanta fuerza la imagen, por qué el cansancio que suscitan determinadas reflexiones, por qué ese cierto desinterés respecto de lo que otros pueden (y tienen la obligación) de decirles?
  3. ¿Qué reclaman, cómo se está respondiendo a su petición (velada) de valoración y de protección? ¿Hay que tener en cuenta algo más, diferencial de esta generación respecto a las anteriores, en relación a la aceptación de sí mismos, a la comprensión y aceptación por parte del mundo, a la construcción de un  mundo diferente?

Detrás de este artículo está, evidentemente, subrayar la importancia de esta red social, por su relevancia y por el impacto real -muy real- que tiene entre los jóvenes.

Comenzar en Twitter. 7 claves que pueden ayudar.

IMG_4511La experiencia de quien comienza en Twitter me parece muy valiosa y luminosa. Se encuentra como perdido en una gran ciudad por la que va paseando, se va fijando en todo, se encuentra con personas. Sus intereses le proporcionan una especie de plano de búsqueda para adentrarse en la red e ir siguiendo lo que dicen unos y otros. Entonces comienza a vincularse con ellos, esperando respuesta. Pero suele ser pobre al principio. Son los amigos los primeros que nos siguen en la red, porque nos conocen.

Los que abren por primera vez su perfil en la red leen mucho y, por contra, son muy poco leídos. Lo suyo parece no interesar tanto como lo que otros tienen que decir. Y cuesta abrirse camino, crear relaciones. ¿Qué podemos decir a los que están en esta situación?

1. Comprender Twitter. Se generan tweets continuamente, pero su alcance es relativo y su vida muy efímera. Sólo se leen habitualmente aquellos que caen a la misma hora que abrimos la red, porque pasan rápidamente a un segundo plano o son sustituidos por otros. De igual manera, sólo son leídos por aquellos que nos siguen (y quien comienza tiene pocos seguidores habitualmente) o por las personas que siguen a otras que han retuiteado el mensaje. Dicho de otro modo, no se escribe “en la red” sino para “nuestra red”, “nuestro mundo”, y ni eso garantiza que llegue a todos.

2. Cuidar la primera impresión que causa nuestro perfil. Nuestra foto, la portada, la descripción que hacemos de nosotros mismos. Las imágenes son muy importantes en la red. Los colores que más llaman la atención son los que triunfan y destacan, sin duda alguna, en la línea del tiempo.

3. Dejarse llevar primeramente por sus intereses, por lo que viven, por lo que les atrapa el corazón y les lleva por dentro. Es decir, algo así como dejarse llevar por la propia vida. Y hacer búsquedas sobre eso mismo. Un perfil nos llevará a otro y a otro y a otro. Como en el caso de los amigos.

4. Darse a conocer a través de esos mismos temas de conversación. Lo cual comprendo es muy complicado al principio y genera frustración. ¿Cómo? A través de las distintas posibilidades de interacción que ofrece Twitter: marcando como favorito, retuiteando y pasando a nuestra línea de tiempo lo que otros han dicho, citando y participando en conversaciones, utilizando los hashtag que vayan con nuestro perfil y nos definan.

5. Compartir contenidos de calidad. Poco a poco iremos creando una red de espacios y calles por las que transitamos con mayor frecuencia, blogs de referencia, páginas web de calidad. También son lugares en los que encontraremos que nuestros intereses se relacionan con los de otras personas, y a su vez lo nuestro puede servir a otros. En este punto hay que añadir que las imágenes son de lo más visitado cuando alguien visita nuestro perfil. Con lo cual, ¡cuidadín con las parte estética!

6. Hay quien dice que lo principal es hacerse “marca”, y así se tendrá más éxito. Pero creo que vamos perdiendo el norte en este sentido. Quizá lo más importante, nuevamente, sea ser persona y no un perfil con nuestra foto al servicio de otras cosas. Es decir, tratar con cercanía a las personas que hay detrás de los perfiles, interesarnos y dialogar más allá de “lo que se comparte”, pasar a conocer a “quien está en la red”. Diría que en esto lo fundamental es crear una identidad inclusiva, que no se cierre sobre nuestro mundo de tal forma que nos polarice en torno a lo mismo de siempre, sin más apertura que lo de siempre, sin más novedad que aquello que ya sabemos, pensamos o queremos escuchar. Para superar esto hay que ser cada vez más inteligente y más atrevido, porque la tendencia que generan las redes sociales terminan en nichos muy cerrados de relaciones prácticamente uniformes.

7. Explorar las diversas posibilidades que ofrece Twitter. Por ejemplo, hacer listas temáticas en la que ir incluyendo a las personas que vamos conociendo. No tienen por qué ser públicas, pueden ser privadas. Es algo muy fácil que brinda la capacidad de situar en calles a las personas que vamos encontrando y luego leer temáticamente. Por ejemplo, en relación a la iglesia, a la educación, a la actualidad, a la justicia… Este orden es fundamental en la red del pajarito que, por ahora, no selecciona lo que leemos como hace Facebook. Dicho lo cual, ¿por qué no preguntar a quienes tienen más experiencia?

@josefer_juan

Jack Valero, fundador de Catholic Voices

Este viernes conocí de forma totalmente inesperada a Jack Valero. Fue gracias a Jaime Hernández, de Derecho a Vivir, que aprovechando su paso por Roma me propuso una quedada para ‘desvirtualizarnos’. Jack, es el fundador de Catholic Voices, un proyecto pensado para formar a laicos para hablar de los temas controvertidos de la Iglesia ante los medios. La idea, básicamente, es que en toda crítica a la Iglesia hay un valor defendido, y ese valor a menudo es compartido por los mismos cristianos. Ese punto común es el que posibilita el diálogo y el enriquecimiento mutuo. Por ejemplo, cuando se critican las riquezas de la Iglesia se está apelando al valor de la solidaridad con los más necesitados, un valor netamente cristiano. Cuando comprendemos eso dejamos de atacarnos y comenzamos a dialogar, y el diálogo es sendero de paso obligado para la construcción de una sociedad justa y fraterna. Este cambio de enfoque nos permite superar el prejuicio de que los medios son enemigos de la Iglesia, nos permite recuperar la sonrisa ante la cámara y testimoniar la fe en un mundo sediento de valores verdaderos y estables.

– Jack, le dije enseguida, – los curas y obispos necesitan aprender a comunicar así.

Jack me dijo que el proyecto está exclusivamente dedicado a formar laicos. Estoy seguro de que haría mucho bien a la Iglesia tener sacerdotes y obispos que supieran entablar diálogo de esta manera. Aunque comunicar de esta forma requiere no sólo aprender una técnica, sobre todo requiere la conversión del corazón, la de abrirse al diálogo con el mundo, la de escuchar atentamente y ponerse en la piel del otro. Al fin y al cabo, es la misma ‘técnica’ que nuestro Señor utilizó: la Encarnación, que no es una técnica, es entrega, es amor.

Jack, Jaime y yo pasamos la tarde juntos en los alrededores de la plaza San Pedro (Vaticano), qué lugar mejor, hogar universal de todos los católicos, para descubrir como la llamada a la comunión está sembrada en tantos corazones. Se unió a nosotros el P. Juan Ruiz. Sin duda una tarde memorable que conservaré en el corazón.

Jack Valero. Roma

Os comparto la conferencia que Jack dio hace un par de años en el Congreso Creo en Internet, por si os interesa conocer más.

La entrada: Jack Valero, fundador de Catholic Voices fue publicada por primera vez en smdani.marianistas.org el día: junio 16, 2013

Daniel Pajuelo Vázquez, SM

Después de mucho luchar y brevemente amar a ratos saboreamos la eternidad, nuestro destino final. #SerMarianista