Cómo saber qué es lo que buscan los jóvenes en Internet: Google Suggest

No, no estoy loco, ni tampoco ningún hacker me ha cambiado el título de este vídeo, el tema del que quiero hablaros está relacionado con el y os va a sorprender.

En este vídeo os hablo de las búsquedas que los jóvenes hacen en Google y de cómo aprovecharlas para hacer acciones evangelizadoras en el continente digital. No te lo pierdas.

7 consejos para ACOMPAÑAR a JÓVENES en REDES SOCIALES [Vídeo]

¿Es posible acompañar a los jóvenes a través de las Redes Sociales? Sí, y diría que ya no es una opción, es algo necesario.
Muchas de las decisiones que un joven toma hoy en día están influenciadas por su vida digital: búsquedas en Google, vídeos de Youtube, comentarios de personas a las que siguen, memes que lee, HashTags en los que participa o cotillea… Ignorar el ámbito digital de la vida de los jóvenes nos condenaría a no comprender de qué manera piensan, buscan, y toman sus decisiones. Si somos educadores, catequistas, monitores… es necesario que nos actualicemos en este aspecto. En este vídeo os comparto 7 intuiciones para acompañar a los jóvenes en las Redes Sociales.

Ojalá os ayuden.

Si quieres puedes compartir las tuyas en los comentarios, nos enriquecerás a todos con tu experiencia.

Cómo llegar a los jóvenes a través de internet

Aunque la pregunta es buena, y muchos se la hacen, la respuesta es relativamente complicada. En primer lugar, diría que son más receptivos a escuchar determinados mensajes que otros. En segundo lugar, no siempre las intenciones son igualmente limpias, se revista de felicidad o libertad o de lo que se quiera. Y los jóvenes, que son jóvenes por definición, se dejarán llevar más por unas que por otras, igual que les ocurre a los adultos que con ahínco y cansinez se quejan de estos muchachos veleta.

Pero puestos a reflexionar sobre el asunto diría lo siguiente:

  1. Buscan referencias cercanas, de personas con vidas atractivas. La gran cuestión entonces es quién y de qué modo está dispuesto a llegar a ellos. Como siempre y como a todos. Y aparecen discursos de gran humildad: “Yo no, yo no, seguro que lo hará otro mejor que yo”; y esto deriva en lo que deriva, en que toma la palabra otro ciertamente, interesado en sus cosas. Vida atractiva no significa lo mismo a los 15 que a los 40 años, aunque compartan algunas características. Los millenians se afanan en encontrar referentes de pasión, de intensidad, de “autenticidad”, que cumplan sus cánones, y les haga reír, es decir que tenga humor.
  2. Más vídeos que imágenes, y adiós texto escrito si no es un titular. La época de los Powerpoints de frases y paisajes, que nunca leí y siempre tiraba a la basura, ha evolucionado hacia otras formas igualmente pobres. Lo que los jóvenes buscan son vídeos, movimiento, gente que mire a la cámara y hable como si les hablase solo a ellos, sin discursos preparados al modo como otros preparan sus discursos. Aunque el escenario sea de lo más cotidiano, una habitación similar a la suya reflejo del lugar en el que están horas y horas cada día.
  3. Sentirse parte, pertenecer. La pertenencia social se adquiere de muchas maneras, que los psicólogos pueden explicar. Pero un modo particularmente importante es ver lo mismo y hablar de ello. Incluso ser de los primeros en verlo para contárselo a los demás compañeros. Así pueden decir que son de una generación común. Luego que muchos lo vean será siempre algo a tener en cuenta. De vez en cuando se comparte algo original de carácter marginal, siendo la excepción de la regla anterior. Lo importante por tanto es hablar a un grupo amplio y concreto de personas, que en el fondo están buscando o quieren escuchar algo. Olvidar esto y no discriminar, es un gran error. (Internet tiene mucho, pero mucho de comunidad, grupo, identificación… ¡Quien no lo sepa y no esté dispuesto a asociar a jóvenes, que se retire.)
  4. Quieren respuestas, sin moldes. Eso es lo que hacen precisamente los YouTubers más famosos, esos que ven una y otra vez, y que se han convertido en “solución para sus conflictos” (el entrecomillado es mío). Si alguna vez te has pasado por algún canal de los que ven, descubrirás que responden a preguntas de los seguidores, no los dejan al margen, y de este modo escuchan a una generación entera. Pero sus respuestas rompen moldes, no se ajustan a la prudencia que cabe esperar en un adulto ni a la distancia razonable que adopta un educador. Se implican y hablan en primera persona, casi como si lo estuvieran viviendo, se indignan o se alegran, se pringan… Lo aséptico no cala en ellos, no son una generación racional.
  5. Ellos escogen, o al menos eso piensan. Sus redes son “cerradas” y cada vez más han aprendido a seleccionar seguidores, o al menos lo intentan. Hablan para su gente, se comunican con su gente, se dejan ver por su gente. Tienden a seleccionar, aunque se equivoquen en su restricción y apertura. Por eso el whatsapp es uno de sus rincones preferidos, por eso ha calado tanto el chat de Snapchat, por eso el continuo diálogo que establecen a través de la historia de Instagram… Pertenecer a sus redes, con un contenido adulto y serio, es un privilegio. Entablar diálogo sobre sus preocupaciones más cotidianas es un don que ellos hacen a quien quieren, y en el que no permiten que cualquiera pueda estar juzgándolos sin comprenderlos. Aunque huelga decir que un adolescente es siempre alguien que se siente incomprendido, de ahí el especial esfuerzo que hay que hacer en silenciarse a sí mismo y dar cabida al otro.

El reto de los jóvenes en la nueva evangelización

Por Joaquín de los Ríos

Cada día los jóvenes pasan más de 5 HORAS en Internet, sobre todo en Redes Sociales, cuyo contenido estrella son los vídeos. De todo tipo: insultos, ideología de genero, matrimonio homosexual… Es una media de 65 videos al mes, reteniendo el 95% de contenido durante 3 días, EDUCANDO SU CONCIENCIA, ALTERANDO SU SENSIBILIDAD, MODIFICANDO SUS DESEOS, debido a grandes compañías, Lobbies Ideológicos o partidos políticos nuevos que hacen y contratan videos para ganar adeptos creando falsos ideales y falsos valores. Manipulando jóvenes, ENGAÑANDOLOS.

Esta sociedad, caracterizada por las prisas y por la motivación de la felicidad a corto plazo o “Carpe Diem” es debido, no solo a una sociedad consumista y seguidora de la teoría del descarte, si no a nosotros los cristianos, los católicos, que no damos un testimonio FIRME ya que mucha veces No nos creemos lo que decimos nos han inculcado y creemos.

Por ello, un cristiano, un católico del siglo XXI, debe dar verdadero Testimonio del mejor mensaje que se ha dado jamás, que es el que tener la suerte de sentirse amado por la persona que ha dado su vida por nosotros, por cada uno de nosotros, y que lo hizo por amor, que no hay mayor amor que el que da su vida, aceptando la muerte por nosotros y nuestras faltas.

Este mensaje, como dijo San Juan Pablo II, “ ha sido, es y será siempre el mismo” y, sin ser modificado, debe adaptarse a la época en el que nos encontremos,  como es el Siglo XXI, y en particular, con las formas de comunicación de cada tiempo, como las nuevas tecnologías. Jesucristo, en su vida pública, explicaba la palabra de Dios mediante parábolas porque sólo de esa forma podían comprenderla los humildes pescadores y personas que se acercaban a EL para conocerle. Si Jesucristo viviera ahora, estaría dando testimonio y propagando el mensaje cristiano en internet y mediante vídeos, porque Internet es una herramienta muy buena para inculcar contenidos buenos, con valores tan poco “de moda” en la sociedad actual como la Familia, la fidelidad, el compromiso, el espíritu de sacrifico, etc.

Esto es lo que se denomina la “Nueva Evangelización”: Dejando el mismo mensaje que dio Jesús en Galilea, porque es el mejor mensaje que se podía dar, y envolverlo con la forma que se utiliza en el siglo  XXI, es decir, darlo a conocer a través de las formas que existen hoy en día: internet, redes sociales,…

Este testimonio se debe dar como Testimonio de vida, no hay que dar “moralinas” de ser bueno y de predicar lo que “ no se debe hacer” sino cambiar el mensaje de “no robar, no consumir, no abusar” a “no hay amor más grande que una persona haya dado la vida por TI, con nombre y apellidos” y las consecuencias que ello conlleva: perdón de los pecados, te abre el cielo para estar con el… y que ese mensaje se radie con la gente que tienes alrededor con tu modo de actuar diario.

En definitiva, los jóvenes del siglo XXI debemos dar un Testimonio alegre, positivo, sin juzgar a tus compañeros y amigos que no piensan igual que tu. Estamos en el año de la misericordia, en el que nuestro querido Papa Francisco nos aconseja, en su Bula del Jubileo de la Misericordia, que “sepamos percibir lo bueno que hay en cada persona y no permitir que sufra por nuestro juicio parcial y por nuestra presunción de saberlo todo” ( número 13). NO hay mejor testimonio que el que da a conocer la VERDAD; que no es otra que la alegría del evangelio, mostrándola con su trato al prójimo.

Y es que, en definitiva, nosotros los católicos, que conocemos “la Verdad”, tenemos la obligación de comunicarla, y comunicarla de una manera “sencilla y fresca”, recordando que, como dice el Papa Francisco: “ no se puede comunicar lo que no vive interiormente”.

Compartiremos el vídeo de cada taller con sus materiales en la página de la iJornada. Te invitamos a visitarla. 

Prudencia y valentía digital

El impacto de las redes sociales sobre las personas, y la sociedad en general, es indiscutible. Ya han pasado, sin embargo, los días en los que se pensaba que cualquier cosa se podía decir y vamos tomando conciencia de la relevancia de la vida pública digital. Hemos visto ya muchos errores, de los que cualquier persona debería aprender. E igualmente ya tenemos experiencia del bien que puede surgir de manos de personas inteligentes que saben moverse con acierto en esta plaza pública.

Un paso más allá está la necesidad de reflexionar sobre las virtudes no sólo de la red, sino de las personas que están en ellas. De ahí que convenga recurrir a Aristóteles una vez más para recordar que la prudencia hace posible la vida buena, también en el continente digital. Alguien prudente no es quien elige el término medio para no mojarse, quien se queda en las barreras viendo la acción más allá de lo suyo, sino quien se implica con inteligencia, de modo sosegado. Quizá la palabra “imprudente” sirva para mostrar aún mejor qué quiere decir. Porque imprudente es quien no controla lo propio, quien no es dueño de sí mismo, quien está vendido como veleta a los aires que corren, quien no es capaz de pararse y pensar, quien no ajusta sus palabras y dice lo primero que se le ocurre.

Por tanto, prudente es quien sabe dirigir su vida digital de acuerdo con la moderación, con la sensatez, sin exponerse innecesariamente, sabiendo con quién habla, qué lenguaje es el oportuno, qué conviene decir y qué callar. Las palabras (e imágenes) descubren una vez más en la historia de la humanidad su fuerza de mano de los tweets, los comentarios, los post o los estados de Facebook. Su capacidad para transformar la realidad generando opinión pública va de la mano de la exposición de uno mismo, del compromiso con aquello que dice o calla, de la revelación de quiénes somos, cómo somos, cómo queremos vivir.

Dicho esto, en ningún momento la prudencia evita la valentía. Es más, convierte el riesgo en una determinación inteligente y pacífica. Por eso también considero necesario apuntar en esta dirección para que la red no pierda su capacidad profética y propositiva, sin romper por ello la comunión, la libertad, la acogida del otro.

Seguimos dialogando @josefer_juan

Fomentar la cultura del encuentro en las redes sociales

Creo sinceramente que las redes sociales han abierto un espacio privilegiado para el diálogo y el encuentro. Como espacio habitado se dan cita personas de muy diversa procedencia, con intereses de lo más dispares, con opiniones y gustos que van de un extremo a otro. Pero más allá de todas las diferencias, sigue existiendo la posibilidad de abrirse a quien es diferente y dialogar. Y esto es un regalo en los tiempos que corren.

Pienso, sin embargo, que lo más fácil continúa siendo reducirse a los iguales, formar comunidades fuertes entre quienes viven parecido y retroalimentarse mutuamente sin mayor novedad. En la red se dibujan igualmente las divisiones en las que hemos caído, como trampas que nos impiden ver más allá de lo propio, de lo mismo, de lo de siempre. La red está marcada por esa autorreferencia de la que resulta harto complicado salir. Y, sin embargo, estamos llamados a superar todas esas limitaciones y debilidades. Pero, ¿cómo lograrlo?

  1. Prestar atención. Estar vigilante para no encerrarse en ese tipo de comunidades absorbentes que terminan viviendo para sí mismas, cuyo centro repite una y otra vez siempre lo mismo. Esto es lo fácil en todos los sentidos. Sin embargo, somos plurales, todos tenemos varias dimensiones abiertas, podemos aprovechar intereses y preocupaciones para no quedarnos sumidos en la exclusividad de una comunidad.
  2. Cuidar nuestra actitud ante el diálogo. Porque se escucha muchas veces eso de que son otros los que no están abiertos y cerrados, y de este modo nos sacudimos irresponsablemente uno de las grandes llamadas que hemos recibido. Para el diálogo son esenciales el respeto, la valoración positiva del otro, la comprensión que desarma, las preguntas que nosotros mismos nos hacemos más que las que queremos que otros se hagan, nuestras propias búsquedas, lo más humano, lo esencial.
  3. Primerear en el encuentro. Empezar a seguir a personas que nos suenan diferentes, con quienes creemos que también se puede dialogar. Esto suena difícil y puede resultar incómodo, porque de repente pasan a formar parte de nuestro TL personas con quienes discrepamos. Pero me parece que, si no es así, ¿entonces con quién vamos a dialogar?
  4. Descubrir lo común y potenciarlo. Descubro a través de la red que muchas personas piensan en los mismos temas y andan preocupados en general por asuntos similares. La misma red potencia esta convergencia y mirada común. Personalmente me parece muy interesante salir al encuentro de estas tendencias, y aportar ahí la posibilidad de diálogo, que de otro modo sería imposible. Son una verdadera oportunidad para hacer memoria, para acoger y mostrar preocupación.
  5. Valorar lo más positivo. La red condena los absolutismos de quienes van con “su verdad” por delante, pero premia a quienes sacan lo positivo, a quienes viven con alegría y esperanza. Hacerse notar en esto, de forma recurrente, es un polo de atracción que debemos considerar. Alguien así, en nuestro mundo, y también en el digital, es llamativo. A pesar de los pesares. Sin postureos, con autenticidad.
  6. Pasar lo general a lo personal. La red lo permite cuando se ha creado un vínculo. Es decir, de la conversación pública a la privada, donde las palabras quedan entre ambos. Si en público las personas tienden a mantener posturas cerradas, sin bajarse de lo suyo, en lo privado se da un encuentro mayor y más sincero, donde se puede matizar y centrarse más claramente. Además evitas nuevas injerencias.
  7. Potenciar lo ajeno. Sumarse, por así decir, a las iniciativas de que eran otros para convertir determinadas realidades en algo verdaderamente común e inapropiable, que siga resguardando lo que es de todos. En esto, muchos grupos han sido excesivamente torpes, centrándose sólo en lo suyo una y otra vez, sin crear alianzas más allá de la gente cercana.
  8. Mostrarse como persona -no perfil- dialogante. Con identidad y personalidad, pero dialogante. Lo cual implica querer hacerlo visible y reconocerse como tal, claramente. Igual que decimos que las comunidades de la red tienden a “acercar a los semejantes”, puede servirnos de test sobre nosotros mismos. ¿En qué medida las redes sociales propician y me sugieren personas con las que sé puedo dialogar? ¡Hay que proponérselo!

Somos muchos los que en la red deseamos que esto se dé. Es probable que, como en tantas otras cosas, sea necesaria paciencia y saber estar, sufrir incluso más de una decepción y frustración. Está en nuestras manos, sin embargo, la posibilidad de no desfallecer y seguir adelante.

@josefer_juan

Sobre “selfies” y otras batallas

Mis alumnos son expertos en fotos de este tipo. Los jóvenes en general se han vuelto expertos. Ni cursos, ni clases, ni explicaciones, ni problemas de atención, ni desmotivación, ni bajos resultados, ni retrasos ni ausencias. Todos, sin excepción, pasan por esta moda con interés y aprovechamiento, demostrando una alta capacidad.

Frente a las críticas, que nunca faltan, siempre centradas en lo maligno y lo perjudicial de los excesos y las desviaciones, lo cierto es que los jóvenes expresan las búsquedas y las preocupaciones de siempre con las herramientas que tienen a su disposición según la época. Probablemente en otro tiempo existía un “síndrome del espejo adolescente” que hoy se ha convertido en otra cosa. La diferencia es que esta búsqueda, que antes era ciertamente muy privada y personal, o muy íntima y compartida por pocos, se ha hecho un fenómeno social y ampliamente compartido. Es verdad que los jóvenes ya no se hacen fotos para sí mismos, sino para que otros -cercanos y lejanos, conocidos y desconocidos- los vean, para darse visibilidad, para enseñar sus intereses, para mostrar sus opciones, para guardar recuerdos, para buscar refuerzos, para encontrar apoyos y seguridades. El selfie no es un hecho solitario por definición, también es social como la misma red es social.

Siendo una realidad tan extendida, ¿por qué no aprovecharla con aquellos que tenemos más cercanos, empezando por nosotros mismos? Os propongo un ejercicio personal con algunas preguntas, y quizá convendría hacer un sano ejercicio de sinceridad y de compromiso consigo mismo:

  1. ¿Por qué nos hacemos selfies? Los motivos pueden ser muy diversos, muchos virtuosos, constructivos y sanos. Me pregunto por esas personas que todo lo ven gris y con sospecha, ¿qué les pasará? El Papa, que también participa de esta forma moderna de comunicar, crea a través de los selfies “eventos”. Es decir, la foto traspasa a la foto, existe una dinámica interna que hay que aprender a leer.
  2. ¿Qué mostramos en la foto? Efectivamente, lo mejor. Intentamos que quede bien. Los jóvenes aprenden “postureo”, y lo llaman así sin problemas ni complejos. Porque el objetivo es precisamente este. Pero dónde está puesta la mirada sobre la búsqueda de lo mejor. ¿La alegría? ¿La belleza? ¿La relación? ¿La acción? Sin duda alguna toda persona tiene una búsqueda legítima de amor, que debe ser escuchada y atendida sin menosprecios ni banalidades. ¡Nada de reírse y vulgarizar, si sabemos lo que toda persona quiere encontrar!
  3. ¿En verdad hay tanto egoísmo y egolatría? Narciso gustaba de mirarse a sí mismo, y huía de la mirada ajena al sentirse superior. Aquí lo que hay es una exposición masiva de la propia vida. No tan instantánea como algunos creen. La foto que hoy se sacan los jóvenes se puede mostrar mañana, o pasado, o dentro de una semana, esperando un momento preciso. Pero, sabiendo que todos tenemos pies de los que cojeamos, ¿cómo salir de ella? ¿No será acaso con una buena acogida por parte de otros, una mirada que nos invite a salir de nosotros mismos, una palabra que nos haga reconocer lo verdaderamente valioso que hay en cada uno y cómo compartirlo? Lo que no conduce a ninguna parte es el juicio, muchas veces desmedido e intolerante, que se hace. ¿Por qué no probar primero con uno mismo?
  4. Por último, ¿por qué se ha contagiado tan fácilmente? Es sorprendente comprobar cómo determinadas “modas” corren como la pólvora por todo el planeta en esta situación global que estamos estrenando. ¿No será que toca algo muy humano, muy original? Y aprovecho para soltar mi última pregunta: ¿No puede ser todo esto  una gran oportunidad para contarle al hombre de carne y hueso, que nace y vive y busca, que debe aprender a mirarse a sí mismo, que ansía conocerse en profundidad, que es un misterio para sí mismo?

Siempre hay que recordar que detrás de cada hecho y acontecimiento en la red, por pequeño y cotidiano que parezca, o por novedoso, original o contagioso que sea, hay una persona que desea ser conocida, que clama por una relación intensa, que busca la felicidad, el amor y la paz. Y esto no es un final bonito, sino un final muy real que deberíamos tomarnos muy, pero que muy en serio.

A los jóvenes les gusta Instagram

Aunque las estadísticas no siempre son fiables y fluctúan mucho, es suficiente preguntarles en qué redes están y cuáles utilizan con más frecuencia. Entonces constatamos que Instagram triunfa entre los más jóvenes.

Para aquellos que no conozcan mucho del tema, Instagram es una red social que nació directamente como una aplicación exclusiva para iPhone (móvil por tanto), que luego se extendió a Android dada su popularidad, en la que se comparten fotos (y vídeos). Sus filtros para imágenes, que en principio fue lo que más atractivo causó, y que otros copiaron, ha dejado de ser su principal potencia; actualmente es la cantidad de miembros que se está presente de forma continua.

Cada uno tiene su propio perfil y se va asociando con otras personas dentro de la red al modo de  Twitter, con seguidores y seguidos. A su vez, la interacción se limita a “dar corazoncitos” (similar a “me gusta” de Facebook o “favorito” de Twitter) y poder comentar la imagen. No existe propiamente el “RT” de Twitter, pues para poder hacer esto hacen falta otras aplicaciones. De igual manera da la opción de enviar imágenes en “privado” o personales, a las que (en principio) sólo tienen acceso las personas a las que se da acceso. La única política de privacidad que existe limita las propias imágenes al grupo de perfiles que permitimos que nos vean o, en su defecto, a toda la red (siendo incluso visibles fuera de Instagram y sin permisos especiales).

Además de ver las propias fotos y vídeos, y las de aquellas personas a las que seguimos, cobra fuerza la idea de rastrear otros perfiles de diversas maneras. Instragram ofrece un mosaico de imágenes afines a los propios gustos y a la localización en la que estamos, sirviéndose de nuestra actividad y de la de nuestros contactos. Algo común, como se puede comprobar, en otras redes sociales. Lo cual demuestra, una vez más, el grado de “control” y de “seguimiento” que se hace desde las mismas. No es que seamos observados, es que hemos permitido que nos sigan.

Algunas reflexiones sobre los jóvenes e Instagram

  1. Triunfan las imágenes, mucho más que las  palabras, las reflexiones... Triunfa lo estético, por tanto, frente a lo narrativo, lo reflexivo, lo argumentativo. El interés aquí versa en torno a lo que somos capaces de decir sobre el mundo, nosotros mismos, nuestras relaciones dejándose mirar a través de una cámara. No se cuentan las cosas, se sugieren (más o menos explícitamente) a través de las instantáneas.
  2. Se han hecho hueco en una red en la que son actualmente mayoritarios, y de algún modo aislados. Han formado sus propios grupos, sus redes son muy potentes entre ellos. La mayor parte tiene los perfiles abiertos, que son por defecto lo que la red propone, aunque comienzan a poner sus “candaditos” y regular aquellos que tienen acceso a su álbum de fotos, a su book, a esa biografía que va siendo contada.
  3. Crean su propia imagen. Una dinámica propia de la adolescencia, en la que está implícita su búsqueda de identidad, de seguridad, de vinculación con grupos, de aceptación. Detrás, por así decir, está la necesidad de valoración, quizá expresada de forma desmedida. Quieren y reclaman por este medio su propio mundo interior, proyectado de forma deseable. ¿De dónde viene el refuerzo -y los problemas-? Del grupo de similares.
  4. El propio mundo, del que resulta muy difícil salir. Es una red social con muy poca apertura a lo diferente. Mucho más cerrada y limitada a lo propio, a lo cercano, a la intimidad. Una privacidad compartida, que hay que valorar, pero que al mismo tiempo se presenta como ventana global en la que se ven  muy pocas cosas diferentes y muy pocas realidades sociales. Conjugar estos aspectos resulta verdaderamente problemático en esta red.
  5. Espontaneidad, libertad, intimidad. Es el tridente que dirige su popularidad entre los más jóvenes, que sin cortapisas, censuras u otras opiniones, están alegremente campando a sus anchas por la red. Algo que sin duda alguna nos tiene que hacer reflexionar. Sin embargo, junto a esta triple actitud, cada vez cobra más fuerza el “postureo”, la “imagen prediseñada”, la “fotografía preparada”; si no se sale bien, si no cumple sus sueños y objetivos, se desecha. Es la propia imagen la que sigue en juego, y esto no es cualquier cosa.
  6. Los jóvenes, como community manager. Nadie les ha enseñado, nadie les ha preparado específicamente para ello, y sin embargo son unos cracks en sus resultados directos. Como comentaba en otro post, es llamativo constatar con qué facilidad acumulan “corazones” en esta red y en pocos minutos ganan cientos de interacciones, impactos y referencias a sus imágenes. Ellos cuentan que su secreto, que otros han tenido que estudiar, viene dado por la propia experiencia: la hora es crucial, los amigos hacen de difusores, todos están pendientes, no ponen muchas imágenes un día y se van reservando las mejores para los momentos principales, comparten espacios y son “atractivos” con los que identificarse unos con otros, viven pendientes del móvil, quieren ser los primeros y significarse de este modo, muestran tendencias y “romper” de algún modo con lo que todos hacen, pero al mismo tiempo se valen de los que sacan mejores resultados, intentan ser personales en sus imágenes y no dar coba a otras cosas, no se meten con nadie sólo muestran lo suyo, y usan los hashtag para ampliar su alcance. Es un mundo ¿gobernado? por jóvenes en los que aprenden mucho de cómo funcionará el día de mañana la sociedad dirigida a través de la información y las redes sociales.

Tres preguntas, al hilo de esta simbiosis

  1. Si los jóvenes están allí, ¿dónde nos situamos nosotros? Es cierto que otras generaciones ha creado lazos difíciles de romper en otras redes, y que ampliar la actividad a otra red social más es para muchos algo complicado.
  2. ¿Por qué está ganando tanta fuerza la imagen, por qué el cansancio que suscitan determinadas reflexiones, por qué ese cierto desinterés respecto de lo que otros pueden (y tienen la obligación) de decirles?
  3. ¿Qué reclaman, cómo se está respondiendo a su petición (velada) de valoración y de protección? ¿Hay que tener en cuenta algo más, diferencial de esta generación respecto a las anteriores, en relación a la aceptación de sí mismos, a la comprensión y aceptación por parte del mundo, a la construcción de un  mundo diferente?

Detrás de este artículo está, evidentemente, subrayar la importancia de esta red social, por su relevancia y por el impacto real -muy real- que tiene entre los jóvenes.