Preocupado por el “posicionamiento en red”

Le voy dando vueltas a este asunto y creo que el nombre de “posicionamiento” está muy bien escogido. Muy, muy bien. Porque se trata de esto precisamente, de situarnos en la red de un modo parecido a como nos situamos en el resto de la realidad. La clave, por tanto, es comprender que todo internet ha generado un gran espacio en el que estamos posicionados a partir de nuestros comentarios, palabras, acciones, relaciones.

En este nuevo espacio no existen en principio ni muros, ni calles. La imagen que muchos utilizan es la de una gran plaza. Pero, ¿qué pasaría si en la gran plaza estoy colocado detrás de un gigante enorme, que parece haber engordado tanto que ya no parece humano? ¿Qué me dejaría ver? ¡Aparecieron los muros en forma de personas, en forma de grupos cerrados sobre sí mismos!

El verdadero posicionamiento en red se hace a través de la relación. Siguiendo con la metáfora, cuanto más enlazado estás, más grande eres. Y esto para muchos significa estar bien posicionado. Es una posición relativa, pero es posición. Cambia por tanto en función de los vínculos, conexiones, referencias, y todo lo compartido. Una situación referencial, referida, dependiente al fin y al cabo. Y muy medible, dicho sea de paso, muy matematizada, monitorizada, controlada. Tanto que da la sensación de usar personas de una u otra manera.

Sigamos avanzando. Quien se posiciona bien tiene habitualmente un perfil muy definido y se dirige a un grupo bien identificado de personas que buscan a partir de sus intereses. Esto tiene un nombre incluso. Como todos estos nombres, en inglés. Me imagino el asunto del siguiente modo. El que está en el centro, el supuestamente bien posicionado según las reglas de la red, comparte algo. Es decir, se supone que da, que entrega. Y lo que produce, sin embargo, es lo contrario. Comienza a recibir: visitas, menciones, comentarios, mensajes, interacciones al fin y al cabo. El primero “regaló” aparentemente de forma indiscriminada, en general, pero luego todo se vuelve a su favor. ¿Qué es lo que le ha hecho posicionarse “bien”? Fácil: dando 1 recibe, por ejemplo, 50. Y esto provoca inmediatamente su “engorde” digital a cambio de que otros “mermen” digitalmente. Si existiera una forma de verlo prácticamente, nos quedaríamos alucinados. La relevancia engorda.

Todo esto está claro. Salir de aquí es difícil. Pero me pregunto si hubiera sido posible otro tipo de red, menos egoísta en este sentido. Una red, por ejemplo, en la que se premiara el número de referencias que una persona hace de otras, y eso incrementara realmente su valoración. Una red verdaderamente interactiva, en este sentido, y no paralizada por el cálculo de la relevancia, que a la fuerza siempre es asimétrico. Me pregunto qué hubiera ocurrido y cómo sería este mundillo si, en lugar de lo que tenemos, fuera premiada la capacidad de unos y otros para interactuar en igualdad, o se aplaudiera la diversidad en lugar de los grupos cerrados que crecen y crecen más. Sin duda alguna, todo sería diferente. Me pregunto, por último, si no sería mejor verdaderamente, si no hubiera sido de mayor provecho, si no estamos ante una nueva posibilidad torpedeada por el mal que tantas veces ha acechado la humanidad.

Me parece que para un “buen” posicionamiento tendríamos que afrontar estos retos de futuro:

  1. ¿Con quién estoy?
  2. ¿Qué me permite ver y qué me oculta?
  3. ¿Mantengo una actitud abierta o cada vez más cerrada?
  4. ¿Es posible usar a los demás en la red? ¿Tengo que decir algo al respecto?
  5. ¿Qué papel juega esta “posición en red” en mi posición global en el mundo?
  6. ¿De qué lado, por decirlo de algún modo, me sitúo? ¿Del lado de quién?
  7. ¿Soy capaz de comprender diferentes posturas, o se va oxidando digitalmente esta capacidad?
  8. ¿Qué limites no se pueden tolerar, qué líneas rojas marcaría para todos (especialmente para mí)?
  9. ¿En qué me ayuda a ver y comprender mejor el mundo y a los demás?
  10. ¿Puedo salir de “mi perfil” o ando “encadenado” a sus etiquetas?

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4. Nuestra fuerza, la gracia

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Querido lector… Es importante que el aventurero evangelizador digital tenga claro lo que quiere lograr en las redes sociales. En este sentido no veo acertado cuando nos interesamos por alguien buscando un simple “follow back” que engrosé nuestra lista de seguidores. No. La evangelización internetera no es para ganar popularidad sino para que sea Cristo quien la gane, el objetivo es que todas, absolutamente todas, las personas de la red puedan conocer el amor de Dios. Igual que en nuestro día a día, ¿no?

Es esta una aventura apasionante, preciosa y… ¿complicada? ¡Imposible diría yo! Por mucho que los anuncios niueiecheros (bonita palabra) nos hablen de la extraordinaria capacidad que la vibración buenrollista tiene para lograr lo imposible, en realidad solo hay una fuerza verdaderamente capaz de que sea conseguido lo que a priori no puede hacerse, y esa es nuestra fuerza, amigo evangelizador digital: la gracia.

Vamos a reconocerlo sin miedo: ¡Nosotros somos limitaditos! Llegamos a donde llegamos, podemos lo que podemos, y la pifiamos muchas veces. Hemos de compartir con mucha alegría pero lo que más ha de importarnos no son los frutos sino la misma siembra. ¡Felices de sembrar! Es Dios quien hará crecer las semillas digitales que esparcimos en cada tweet, que ayudamos a difundir en cada retweet, que mostramos cada vez que nos unimos a un Trending Topic para hacer algo de lio. Él se sirve nuestros “clics”, resplandece en nuestros donde bien usados.

Sin la gracia de Dios no podemos hacer nada mas que cansarnos de hacer algo que no depende totalmente de nosotros, vanagloriarnos por tener muchos followers, frustrarnos por tener muy pocos y perder el tiempo en lograr que por nuestras propias fuerzas lo imposible sea posible. Ya sabes, amigo, aquello del “si el Señor no construye la casa…”. Sin gracia no hay evangelización posible, solo bellas envolturas humanas, y al final hartura.

¡Pero ánimo! ¡Porque si que hay gracia! ¡Dios sigue actuando! ¡También en internet! Nos mueve una fuerza que este mundo no conoce, que nosotros mismos no podemos dominar, que ni siquiera a veces entendemos. La gracia es lo que ha cambiado los corazones de millones de personas en todas la épocas y lugares, ¿por qué iba a ser distinto en el siglo XXI en internet? La gracia es lo que nos hace valientes y alegres en el testimonio, lo que anima a seguir siempre adelante en las contrariedades, lo que sostiene mi vida y la tuya. Aunque representemos al Espíritu Santo como una paloma, ¡no lo enjaulemos!. Aunque nos creamos que nuestras fuerzas son suficientes, ¡no vayamos de sobraos y pidamos la gracia! La necesitamos. Y el mundo en el que estamos la necesita.

¡Hasta la próxima entrada!, amigo lector. Dios te bendiga.

@PatxiBronchalo

 

Nuevas tecnologías… mismas necesidades

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Hay personas que piensan que las redes sociales e internet suponen una revolución nunca vista. Puede que sea verdad. Pero no debe asustar a nadie: lo que hay detrás, lo importante, lo crucial, lo que da sentido… es lo mismo de siempre.

No hace mucho tiempo, me acerqué a un encuentro de religiosos mayores, recién jubilados, a hablarles de las redes sociales y de las oportunidades que suponían para su nueva etapa. El principal mensaje que les quise transmitir fue precisamente eso: la tecnología, el programa, el “cómo” usar twitter, facebook o lo que sea… se aprende en dos patadas. Lo más importante, la capacidad de generar diálogo, de provocar encuentro, de atender a las personas, de ofrecer experiencia y hondura… eso ya lo tenían.

Las redes son nuevos lugares de encuentro, nuevos medios también para muchos. Las personas que hay detrás son las mismas; sus necesidades, sus anhelos, sus sufrimientos, sus pasiones, sus creencias… son las mismas desde que el cielo es cielo. ¿O no?

@scasanovam

Snapchat, la red de los más jóvenes

Snapchat triunfa entre los más jóvenes. Y van “migrando” de Instagram hacia esta red social, también de imágenes, cuya nota distintiva es la caducidad de las fotos, que duran escasos segundos y se quedan, como máximo, 24 horas en la propia historia. Una red que comenzó en 2011 y ahora sirve de “nicho” en el que los adolescentes se resguardan de otras presencias, de otros contactos.

Como diariamente tengo el privilegio de estar con jóvenes en el aula, acompañarlos y dialogar con ellos, cuando no debatir y discutir temas,  me he ido dando cuenta de cómo crecía entre ellos el interés. Pero como también me preocupa estar con jóvenes, y en cierto modo también para ellos en la red, el tema del desarrollo de Snapchat me ha causado una serie de reflexiones que ahora comparto con vosotros, como también hice con ellos en clase:

  1. Las redes sociales son como “países” en los que vivimos agrupados. Coexistimos, pero no terminamos de convivir. El país de los adolescentes por excelencia es Snapchat. Me pregunto si las redes se están distribuyendo por edades, de algún modo, y creando cada vez más fronteras entre ellos. De este modo, cada país vive, por así decir, con unas preocupaciones, de un modo, con una cultura distinta a la del resto.
  2. Snapchat, en concreto, es la red de lo efímero por excelencia. Twitter también tiene una caducidad grande, Facebook un poco menos… Todas las redes, cuando nos ponemos a pensar, fomentan “estar al día”, de un modo u otro. Lo provocan, lo causan, fuerzan una existencia “pendiente”, en la que debemos actualizar continuamente algo para ser visibles. Sin embargo, en caso de Snapchat es mucho más radical, porque consolida lo efímero y hace de ello su esencia, su atractivo. Las fotos que se comparten no duran, ni siquiera para quien las produce, salvo que las guarde. Y los mensajes se calculan por segundos.
  3. Vuelta a la vida cotidiana, a lo íntimo. Este es el uso principal que se da de esta red. Sin contenidos, más allá de los eventos y marcas que, a modo de “filtro” se hacen notar. Los adolescentes comparten lo que están haciendo al minuto prácticamente. Cuentan que están comiendo, que se sientan en el sofá, que se van a la siesta, que se ponen a estudiar, que salen, que hacen deporte, que saltan, que bailan, que están con alguien. Lo comparten para poco más que darlo a conocer. Sin más interacción, a través de esta red, que ser vistos en su cotidianeidad. Me pregunto en qué medida tanta comunicación de la vida íntima supone la destrucción de la misma. Dicho de otra manera, ¿deja de ser íntimo aquello que se comparte?
  4. La dificultad para entrar en esta red y hacerse presente. Aquí no se “ganan” seguidores partiendo de una situación de equidad. Sólo se puede estar en la medida en que otros contactos conocidos están. O buscando a los hiperfamosos que han entrado al juego para seguir siendo referencia para los adolescentes. Subrayo la importancia de este hecho, que a mi modo de ver expone mucho más a los más jóvenes a vivir de una forma adolescente sus relaciones, y más adolescente y sólo adolescente. Se produce una situación de soledad de hecho, que confunde “el mundo” con “mi mundo”, y hace complicada la apertura más allá de los círculos de relación próximos.
  5. ¿Para qué se utiliza un espacio como éste? ¿Qué hacen los jóvenes en un entorno en el que se dejan ver en un instante para desaparecer? Los análisis hablan de Snapchat como la red del sexting, y de nuevo me surgen más preguntas y más preguntas de golpe. ¿Qué buscan realmente los jóvenes, o qué parecen buscar? ¿A qué tipo de cultura están sirviendo las redes para los más adolescentes, es decir, los adultos que vienen? Snaptchat plantea problemas éticos de primer orden, de desarrollo de la persona, de educación y de capacidad de relación. Me temo que muchos jóvenes viven aislados en su mundo digital, y no comprenden bien que se trata de su vida entera la que está en marcha en cada lugar en el que se mueven. La fragmentación postmoderna, a la que no se ha sabido hacer frente, se apodera en este sentido de su vivencia presentista, momentista.
  6. La imagen, liberada de otras referencias. Redes como estas hacen que los 140 caracteres de Twitter, de por sí insuficientes para una verdadera reflexión, parezcan excesivos. Se escriben palabras, se editan formas en la imagen, pero se acabó la época del discurso. Se crece a golpe de mensajes llamativos, del atractivo y poderío de los colores, de la situación. Cierto es que recientemente se ha abierto la posibilidad de chatear, al ver que los jóvenes sentían necesidad de comunicarse más allá de las fotos que se enviaban.

Y siguen probablemente las preguntas. Pero aquí tengo que quedarme.

@josefer_juan

 

 

En el blog de iMision

Equilibrios en la red. Díficil tarea.

Es terrible esa sensación de que hay que opinar de todo en la red, de que sobre todo hay que dar una palabra, ofrecer una versión, posicionarse. El silencio parece hablar a gritos y lo que antes, no hace mucho, uno comentaba en casa, hoy parece que tiene que hacerlo público en las redes sociales. Todos deben de darse cuenta de que condeno esto, de que apruebo lo otro, de que doy determinado testimonio, de que opinio sobre este tema controvertido…

A mí me agobia un poco, así de claro.

El equilibrio no es sencillo pero debe ser afrontado con libertad. Eso sí: hay que ser consciente de que se va a medir ese equilibrio. Es evidente que esto está condicionado por el estilo de presencia en las redes. Como la mía es una presencia “vital” e “integral”, el tema es complicado, porque siempre hablo de la vida misma, de sus muchos aspectos, de sus muchas caras, de sus muchas noticias, de sus muchas intimidades… No soy un navegante “temático”. No sé serlo.

¿Te has planteado esto alguna vez? ¿Cómo lo vives tú?

Me fijo en Jesús y compruebo que Él también buscó este equilibrio entre encuentro personales y predicaciones públicas, entre palabras y silencios. Es un buen ejercicio de esta Cuaresma releer esos episodios de las últimas horas de la vida del Maestro y buscar luz para ser su reflejo en las redes.

Que el Señor nos ilumine y nos acompañe.

@scasanovam

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A los jóvenes les gusta Instagram

Aunque las estadísticas no siempre son fiables y fluctúan mucho, es suficiente preguntarles en qué redes están y cuáles utilizan con más frecuencia. Entonces constatamos que Instagram triunfa entre los más jóvenes.

Para aquellos que no conozcan mucho del tema, Instagram es una red social que nació directamente como una aplicación exclusiva para iPhone (móvil por tanto), que luego se extendió a Android dada su popularidad, en la que se comparten fotos (y vídeos). Sus filtros para imágenes, que en principio fue lo que más atractivo causó, y que otros copiaron, ha dejado de ser su principal potencia; actualmente es la cantidad de miembros que se está presente de forma continua.

Cada uno tiene su propio perfil y se va asociando con otras personas dentro de la red al modo de  Twitter, con seguidores y seguidos. A su vez, la interacción se limita a “dar corazoncitos” (similar a “me gusta” de Facebook o “favorito” de Twitter) y poder comentar la imagen. No existe propiamente el “RT” de Twitter, pues para poder hacer esto hacen falta otras aplicaciones. De igual manera da la opción de enviar imágenes en “privado” o personales, a las que (en principio) sólo tienen acceso las personas a las que se da acceso. La única política de privacidad que existe limita las propias imágenes al grupo de perfiles que permitimos que nos vean o, en su defecto, a toda la red (siendo incluso visibles fuera de Instagram y sin permisos especiales).

Además de ver las propias fotos y vídeos, y las de aquellas personas a las que seguimos, cobra fuerza la idea de rastrear otros perfiles de diversas maneras. Instragram ofrece un mosaico de imágenes afines a los propios gustos y a la localización en la que estamos, sirviéndose de nuestra actividad y de la de nuestros contactos. Algo común, como se puede comprobar, en otras redes sociales. Lo cual demuestra, una vez más, el grado de “control” y de “seguimiento” que se hace desde las mismas. No es que seamos observados, es que hemos permitido que nos sigan.

Algunas reflexiones sobre los jóvenes e Instagram

  1. Triunfan las imágenes, mucho más que las  palabras, las reflexiones... Triunfa lo estético, por tanto, frente a lo narrativo, lo reflexivo, lo argumentativo. El interés aquí versa en torno a lo que somos capaces de decir sobre el mundo, nosotros mismos, nuestras relaciones dejándose mirar a través de una cámara. No se cuentan las cosas, se sugieren (más o menos explícitamente) a través de las instantáneas.
  2. Se han hecho hueco en una red en la que son actualmente mayoritarios, y de algún modo aislados. Han formado sus propios grupos, sus redes son muy potentes entre ellos. La mayor parte tiene los perfiles abiertos, que son por defecto lo que la red propone, aunque comienzan a poner sus “candaditos” y regular aquellos que tienen acceso a su álbum de fotos, a su book, a esa biografía que va siendo contada.
  3. Crean su propia imagen. Una dinámica propia de la adolescencia, en la que está implícita su búsqueda de identidad, de seguridad, de vinculación con grupos, de aceptación. Detrás, por así decir, está la necesidad de valoración, quizá expresada de forma desmedida. Quieren y reclaman por este medio su propio mundo interior, proyectado de forma deseable. ¿De dónde viene el refuerzo -y los problemas-? Del grupo de similares.
  4. El propio mundo, del que resulta muy difícil salir. Es una red social con muy poca apertura a lo diferente. Mucho más cerrada y limitada a lo propio, a lo cercano, a la intimidad. Una privacidad compartida, que hay que valorar, pero que al mismo tiempo se presenta como ventana global en la que se ven  muy pocas cosas diferentes y muy pocas realidades sociales. Conjugar estos aspectos resulta verdaderamente problemático en esta red.
  5. Espontaneidad, libertad, intimidad. Es el tridente que dirige su popularidad entre los más jóvenes, que sin cortapisas, censuras u otras opiniones, están alegremente campando a sus anchas por la red. Algo que sin duda alguna nos tiene que hacer reflexionar. Sin embargo, junto a esta triple actitud, cada vez cobra más fuerza el “postureo”, la “imagen prediseñada”, la “fotografía preparada”; si no se sale bien, si no cumple sus sueños y objetivos, se desecha. Es la propia imagen la que sigue en juego, y esto no es cualquier cosa.
  6. Los jóvenes, como community manager. Nadie les ha enseñado, nadie les ha preparado específicamente para ello, y sin embargo son unos cracks en sus resultados directos. Como comentaba en otro post, es llamativo constatar con qué facilidad acumulan “corazones” en esta red y en pocos minutos ganan cientos de interacciones, impactos y referencias a sus imágenes. Ellos cuentan que su secreto, que otros han tenido que estudiar, viene dado por la propia experiencia: la hora es crucial, los amigos hacen de difusores, todos están pendientes, no ponen muchas imágenes un día y se van reservando las mejores para los momentos principales, comparten espacios y son “atractivos” con los que identificarse unos con otros, viven pendientes del móvil, quieren ser los primeros y significarse de este modo, muestran tendencias y “romper” de algún modo con lo que todos hacen, pero al mismo tiempo se valen de los que sacan mejores resultados, intentan ser personales en sus imágenes y no dar coba a otras cosas, no se meten con nadie sólo muestran lo suyo, y usan los hashtag para ampliar su alcance. Es un mundo ¿gobernado? por jóvenes en los que aprenden mucho de cómo funcionará el día de mañana la sociedad dirigida a través de la información y las redes sociales.

Tres preguntas, al hilo de esta simbiosis

  1. Si los jóvenes están allí, ¿dónde nos situamos nosotros? Es cierto que otras generaciones ha creado lazos difíciles de romper en otras redes, y que ampliar la actividad a otra red social más es para muchos algo complicado.
  2. ¿Por qué está ganando tanta fuerza la imagen, por qué el cansancio que suscitan determinadas reflexiones, por qué ese cierto desinterés respecto de lo que otros pueden (y tienen la obligación) de decirles?
  3. ¿Qué reclaman, cómo se está respondiendo a su petición (velada) de valoración y de protección? ¿Hay que tener en cuenta algo más, diferencial de esta generación respecto a las anteriores, en relación a la aceptación de sí mismos, a la comprensión y aceptación por parte del mundo, a la construcción de un  mundo diferente?

Detrás de este artículo está, evidentemente, subrayar la importancia de esta red social, por su relevancia y por el impacto real -muy real- que tiene entre los jóvenes.

Si puedes, imprime este post

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No, no me he equivocado de indicación. Al contrario que en el mensaje automático que muchos adjuntan a su email en el que se piden que no se imprima el mismo si no es absolutamente necesario; yo te lo digo al revés: ¡Imprímelo por favor! Es absolutamente necesario.

Y no es que me haya dado un arrebato de destrucción de los bosques, sino que el destinatario de este artículo no eres tú, que lo lees a raíz de una invitación que has recibido en alguna red social; ni siquiera tú, que has llegado por casualidad hasta él navegando por internet, sino aquellos que, precisamente, no pertenecen a ninguna red social.

Seguro que tienes a alguien cerca que piensa así. En ese caso te ruego que pulses ctrl+P y que se lo entregues de mi parte.

Hasta aquí mi post dedicado a ti, querido lector digital. Tras la línea comienza mi artículo para el verdadero destinatario del mismo. Si quieres, puedes incluso recortarlo por ahí para que esta introducción quede entre tú y yo…


Excusas superadas para decir no a las redes sociales

1. Eso es que ya no es para mí. La edad es una de las primeras excusas para decir no a las redes sociales. Se considera “cosa de jóvenes” y ciertamente son ellos quienes más se mueven en este nuevo ambiente, porque han nacido en él. Entiendo que la edad sea un inconveniente a la hora de partir a misiones donde se requiera un esfuerzo físico; pero misionar en la red es, precisamente, el destino ideal de un evangelizador cuya salud o fuerzas estén resentidas. No cerrar la puerta a las redes sociales es abrirse a las sorpresas de Dios, tener el oído abierto a la llamada.

2. Yo es que no me entero. La tecnología supone una barrera para muchos y ciertamente uno puede llegar a sentirse muy inútil cuando ve a un niño de seis años manejar con soltura una tablet. Pero no hay nada imposible y es muchas veces la pereza o la falta de humildad y paciencia la que nos lleva a desistir. Es más fácil tirar la toalla. Si Stephen Hawking, en lugar de aprender a manejar un complicado ordenador para poder comunicarse, hubiera desistido diciendo que eso es cosa de jóvenes, la física habría perdido a una de sus grandes figuras. El esfuerzo es sobrehumano, los movimientos de su mejilla le permiten dictar un máximo de 10 palabras por minuto, pero nadie lo para, porque lo que tiene que decir es importante. Esas 10 palabras por minuto son oro para la ciencia. ¿Tan difícil es que tú aprendas a manejar una pantalla táctil para anunciar el Evangelio?

3. Mi vida es mía y no tengo por qué compartirla. Eso es una mentira. Tu vida no es tuya desde el momento en que sales a la calle aunque sólo sea a tirar la basura. Donde hay un cristiano hay una luz que brilla y los demás están esperando un testimonio en cada gesto, en tu actitud ante la vida, en una palabra tuya… Hay muchas formas de estar en la red sin ser exhibicionista, no te preocupes.

4. Me da miedo. Se oyen tantas cosas malas… Los miedos iniciales son normales ante el desconocimiento. Con la ayuda de un buen compañero de viaje, un amigo que te inicie en estas lides, no habrá problema. Créeme. Cuenta con iMision.

5. El contacto personal es lo que cuenta. Por supuesto que sí. Lo virtual no quita lo físico. Pero las fronteras entre ambos son cada vez más difusas. Pronto, no podrás entrar en una conversación con la gente de tu parroquia si no te has enterado, como el resto, por Facebook, de que Ángeles está embarazada, de que el niño de Gloria ha salido ya del hospital o de que Manuel ha encontrado por fin trabajo.

6. Cualquier tiempo pasado fue mejor. Seguramente añoras los años en los que la vida era de otra manera, más sencilla, más estable, más lenta… Puedes mirar la transformación social como un espectador, al margen de todo; o darte cuenta de que Dios cuenta contigo en esta nueva realidad que tú no puedes controlar. Como ha señalado el papa, «Nuestro Dios es un Dios que siempre hace las cosas nuevas y pide de nosotros docilidad a la novedad. Vino nuevo en odres nuevos. Cuando quiero tomar la electricidad de la fuente eléctrica, si el aparato que tengo no es adecuado, busco un adaptador. Debemos buscar siempre adaptarnos, adecuarnos a esta novedad de la Palabra de Dios. Estar abiertos a la novedad».

Con esta media docena de excusas desmontadas, espero que tu actitud haya cambiado algo, aunque por lo general no te rindes a la primera y tendrás muchas más. No obstante, la libertad, es el mejor regalo que nos ha dado Dios. Así que, ¡Disfruta de ella!

Perfil y timeline: una opción política

Una de las mayores batallas personales en la red se desarrolla en la fina frontera de “tomar parte” y “la injusta invisibilidad”. Espero que entiendas lo que quiero decir. ¿Qué pensará quién ojee mi Facebook y el TL de mi Twitter? ¿Qué pensarán los que leen mis blogs y conocen mis opiniones de tantas cosas? Es toda una responsabilidad estar presente en la red, porque esta presencia es, en definitiva, una presencia política. Si a eso le añadimos la fe y mi ser católico… aún se complica más. Mi presencia se convierte en un legado político y un legado espiritual.

Hay unas claves que deben ser determinantes y prioritarias:

1. Ser portador de una visión “optimista” del mundo. Traslucir lo que, efectivamente, vivo en mi interior: una esperanza sosegada. Ser una mirada capaz de percibir los pequeños milagros que suceden cada día, lo bueno de las personas, el amor que subyace y sostiene a la humanidad. No entrar al juego de la oscuridad, no dejarse ir por la zozobra que tantas veces nos rodea.

2. Opción preferencial por los pobres. Escuchar a los que sufren. Estar atento en la red al grito sufriente de la humanidad. Leer e informarme sobre conflictos silenciados, sobre pueblos, países y razas… dejadas de la mano de Dios. Romper la barrera tecnológica y acordarme y dar visibilidad a aquellos de los que nadie se acuerda. Tocar a los “leprosos” del nuevo continente.

3. Ir a todos y hablar con todos. Tender puentes, buscar acuerdos, crear sinergias, propiciar entendimientos… Optar por un diálogo costoso y que hay que construir día a día. No cejar en el empeño de encontrarme con el otro, siendo consciente de que el diálogo no se impone y de que no todos lo desean. Leer opiniones distintas, empatizar con personas que no son como yo, acercarme a quién no tiene la misma visión del mundo, de la sociedad…

4. Favorecer un espíritu crítico. Contrastar información, lanzar preguntas, no posicionarme ni casarme con nadie. Cuestionar las incoherencias y denunciar la injusticia, venga de donde venga. Ser profeta, respetuoso y firme. Aplaudir y favorecer todo aquello que lucha por la dignidad de las personas, por su libertad.

5. Crecer en humildad. No tener que ofrecer una opinión sobre todo lo que pasa en el mundo. No ser autorreferencial. No creerme más por mi número de amigos, seguidores o lectores. Callar cuando sea necesario.

6. Y, por último, ser yo, fiel a mí mismo. Que sea fácil percibirme, saber qué valores me mueven, el Dios al que sigo, el mundo al que aspiro, las luchas a las que me enfrento. Ser verdadero, transparente.

Nuestra presencia en la red está llena de opciones, de apuestas, Nuestra presencia es un auténtico programa político, un auténtico “credo”. Siempre lo es, aún en la peor de sus versiones. ¿O no? Ahí lo dejo.

@scasanovam

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