Preocupado por el “posicionamiento en red”

Le voy dando vueltas a este asunto y creo que el nombre de “posicionamiento” está muy bien escogido. Muy, muy bien. Porque se trata de esto precisamente, de situarnos en la red de un modo parecido a como nos situamos en el resto de la realidad. La clave, por tanto, es comprender que todo internet ha generado un gran espacio en el que estamos posicionados a partir de nuestros comentarios, palabras, acciones, relaciones.

En este nuevo espacio no existen en principio ni muros, ni calles. La imagen que muchos utilizan es la de una gran plaza. Pero, ¿qué pasaría si en la gran plaza estoy colocado detrás de un gigante enorme, que parece haber engordado tanto que ya no parece humano? ¿Qué me dejaría ver? ¡Aparecieron los muros en forma de personas, en forma de grupos cerrados sobre sí mismos!

El verdadero posicionamiento en red se hace a través de la relación. Siguiendo con la metáfora, cuanto más enlazado estás, más grande eres. Y esto para muchos significa estar bien posicionado. Es una posición relativa, pero es posición. Cambia por tanto en función de los vínculos, conexiones, referencias, y todo lo compartido. Una situación referencial, referida, dependiente al fin y al cabo. Y muy medible, dicho sea de paso, muy matematizada, monitorizada, controlada. Tanto que da la sensación de usar personas de una u otra manera.

Sigamos avanzando. Quien se posiciona bien tiene habitualmente un perfil muy definido y se dirige a un grupo bien identificado de personas que buscan a partir de sus intereses. Esto tiene un nombre incluso. Como todos estos nombres, en inglés. Me imagino el asunto del siguiente modo. El que está en el centro, el supuestamente bien posicionado según las reglas de la red, comparte algo. Es decir, se supone que da, que entrega. Y lo que produce, sin embargo, es lo contrario. Comienza a recibir: visitas, menciones, comentarios, mensajes, interacciones al fin y al cabo. El primero “regaló” aparentemente de forma indiscriminada, en general, pero luego todo se vuelve a su favor. ¿Qué es lo que le ha hecho posicionarse “bien”? Fácil: dando 1 recibe, por ejemplo, 50. Y esto provoca inmediatamente su “engorde” digital a cambio de que otros “mermen” digitalmente. Si existiera una forma de verlo prácticamente, nos quedaríamos alucinados. La relevancia engorda.

Todo esto está claro. Salir de aquí es difícil. Pero me pregunto si hubiera sido posible otro tipo de red, menos egoísta en este sentido. Una red, por ejemplo, en la que se premiara el número de referencias que una persona hace de otras, y eso incrementara realmente su valoración. Una red verdaderamente interactiva, en este sentido, y no paralizada por el cálculo de la relevancia, que a la fuerza siempre es asimétrico. Me pregunto qué hubiera ocurrido y cómo sería este mundillo si, en lugar de lo que tenemos, fuera premiada la capacidad de unos y otros para interactuar en igualdad, o se aplaudiera la diversidad en lugar de los grupos cerrados que crecen y crecen más. Sin duda alguna, todo sería diferente. Me pregunto, por último, si no sería mejor verdaderamente, si no hubiera sido de mayor provecho, si no estamos ante una nueva posibilidad torpedeada por el mal que tantas veces ha acechado la humanidad.

Me parece que para un “buen” posicionamiento tendríamos que afrontar estos retos de futuro:

  1. ¿Con quién estoy?
  2. ¿Qué me permite ver y qué me oculta?
  3. ¿Mantengo una actitud abierta o cada vez más cerrada?
  4. ¿Es posible usar a los demás en la red? ¿Tengo que decir algo al respecto?
  5. ¿Qué papel juega esta “posición en red” en mi posición global en el mundo?
  6. ¿De qué lado, por decirlo de algún modo, me sitúo? ¿Del lado de quién?
  7. ¿Soy capaz de comprender diferentes posturas, o se va oxidando digitalmente esta capacidad?
  8. ¿Qué limites no se pueden tolerar, qué líneas rojas marcaría para todos (especialmente para mí)?
  9. ¿En qué me ayuda a ver y comprender mejor el mundo y a los demás?
  10. ¿Puedo salir de “mi perfil” o ando “encadenado” a sus etiquetas?

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¡Hijo! – digo ¡Celia! – ¡Deja ya el Candy Crush!

¿Se puede jugar al Candy Crush mientras estás ejerciendo de Presidenta del Congreso y moderando el Debate sobre el Estado de la Nación? ¿Qué hacemos con Celia Villalobos? ¿Qué le decimos? ¿Y a los compañeros que la han justificado? Leí una justificación que bien se merece un post: “La gente puede hacer lo que quiera mientras esté escuchando“. Esta perla la soltó la diputada del PP, Dolors Montserrat.

candy¿Qué opináis? Porque no me diréis que esto no está a la orden del día… Es más, curiosamente, cuando hablamos de estas situaciones y de la absorción que las redes sociales, smartphones, etc. ejercen sobre las personas, siempre lo hacemos refiriéndonos a los jóvenes y a cómo debemos de “domarlos” para que vuelvan a ser tan educados como sus mayores. Pero ¿quién educará a nuestros jóvenes si nosotros estamos tan despistados?

Lo primero que hay que decir, que creo que es básico, es que no se puede jugar al Candy Crush mientras alguien habla por RESPETO. Como yo suelo decirles a mis hijos: normalmente, al que habla le gusta saberse escuchado. No es cuestión de si puedes hacer dos o más cosas a la vez… Ese no es el tema, que luego veremos. Lo primero es ponerte en la piel del orador, del que tienes delante, del que te está hablando, contando cosas. Respetar y acoger sus palabras también con tu cuerpo y con tu espíritu: hacerle saber que le estás escuchando.

Lo segundo de lo que podemos hablar es de la ATENCIÓN. Desde siempre se nos ha dicho que quién no presta atención a lo que está haciendo, sencillamente, lo hará de manera deficiente. Y ser mediocre es algo que hay que enseñar a evitar. Cualquier persona debe aspirar a la excelencia, a hacer lo que le toca en cada momento de la mejor manera posible. Claro que podemos hacer dos cosas a la vez, y tres y cuatro, pero la cuestión es si somos capaces de hacer todas ellas bien. Yo creo que no.

Y por último, quiero apelar a la LIBERTAD. Yo quiero ser libre y aspiro a que quienes me rodean lo sean también. Tu voluntad no puede estar dirigida por la tecnología ni por su seductor encanto. Claro que hay que usarla, claro que hay que estar, claro que es buena… Pero lo que no es, es mi dueña. Es una cuestión de construcción personal, de autocontrol, de fortalecimiento de la voluntad propia. No me puedo dejar en manos de lo divertido, lo entretenido, los apetecible, lo sugerente.

Lo de la señora Villalobos está fuera de lugar y debería pedir disculpas. Pero no tanto porque, como ciudadano, le pago para otra cosa sino porque yo no quiero una Presidenta del Congreso que no respeta al compañero que habla, que no presta atención en sus funciones y que me demuestra que su voluntad está dominada por una maquinita. Usemos su error para educar mejor.

Un abrazo fraterno

@scasanovam