‘iMision’, un ambicioso proyecto colectivo de evangelización en red

(www.zenit.org) Católicos de distintas realidades eclesiales y formas de vida están evangelizando en internet desde hace algún tiempo. Sobre todo, a raíz de que el papa comenzó a tuitear, han cobrado mayor actividad si cabe, y con la dedicación de su último mensaje, centrado en las redes sociales, para la XLVII Jornada Mundial de Comunicaciones Sociales. iMisión es uno de los proyectos que ya está en marcha y hablamos con su equipo de coordinadores, que actualmente son siete.

Madrid, 07 de febrero de 2013 (Zenit.org). Luis Javier Moxó Soto

Hermana Xiskya Valladares, religiosa de la Pureza de María: @xiskya

¿Cómo surgió este proyecto de evangelización? ¿Qué fue lo que les inspiró para comenzarlo? ¿Todos los coordinadores son cofundadores del mismo?

–Hermana Xiskya Valladares: iMisión nació en junio de 2012, poco después de un intercambio en Twitter entre @Xiskya y @smdani. Ambos son religiosos consagrados y tienen una significativa presencia en la Redes Sociales. En aquel intercambio surgieron inquietudes que llevan rondando tiempo los corazones de muchos católicos presentes en la Red: conocerse más, compartir dones, trabajar más unidos, formarse mejor, evangelizar en la Red…

Los fundadores somos Daniel Pajuelo y yo.

¿Cómo fue la elección de los coordinadores? ¿Y de los colaboradores? ¿Cómo se distribuyen el trabajo o las funciones de ese proyecto?

–Hermana Xiskya Valladares:Con la certeza de que es el Espíritu Santo el que está moviendo los corazoneshacia esta mayor comunión y ardor apostólico, decidimos creariMisión, un espacio de encuentro para todos los que sienten esta llamada.

Ahora, junto con ellos, hay otros miembros en el grupo coordinador del proyecto y cerca de 400 colaboradores de España y América Latina.

Dos meses más tarde pedimos a los demás que se unieran al staff de iMisión. Los elegimos entre personas que conocíamos, algunos sólo virtualmente, otros personalmente, nos fijamos en que tuvieran dos condiciones: 1) compromiso con su fe en la Iglesia; 2) presencia activa en la red.

Los colaboradores se apuntan voluntariamente a través de la web en el botón “Únete”. Rellenan un formulario.

Actualmente sólo somos ocho en el staff.

Padre Juan A. Ruiz, sacerdote Legionario de Cristo @PJuanRuizJLC

¿Es oportuno, urgente y/o necesario que la Iglesia católica esté presente en internet, y más concretamente en las redes sociales? ¿Debería ser obligatoria la presencia de todas las parroquias? ¿Por qué?

–P. Juan A. Ruiz: Antes que nada, gracias de corazón por la entrevista. Me da un gusto enorme poder compartir mi pobre experiencia junto con el resto del staff de iMisión, a los que cada día admiro y quiero más. Es una bella experiencia de familia, de Iglesia.

Tu pregunta es algo complicada de responder. Para internet te respondería sin dudarlo que sí: la Iglesia tiene que estar presente. Internet se ha convertido en los últimos años en un nuevo continente: un sitio en donde la gente intercambia, se relaciona, busca trabajo o pareja, se divierte o estudia. Para muchos, el único centro de información es internet y eso ha creado mucha desventaja para la Iglesia, que ha llegado con retraso y se ha encontrado con todos los mitos y bulos sobre Ella ya grabados en la mente de muchas personas. Ahora es distinto y la Iglesia ha dado pasos importantes. Prueba de ello es la actuación del P. Federico Lombardi y la sala de prensa vaticana a raíz del artículo de The Guardian en relación a la financiación de la Iglesia.

La vida camina hoy en torno a la red. La Iglesia, Maestra y Madre, no puede dejar que Dios se ausente de este espacio y deba hacerse presente. Dios quiere estar ahí, llegar al corazón de muchas personas. Y aquí es donde entrarían las redes sociales, un perno indispensable en donde gira toda la información y las relaciones virtuales de hoy. ¡La Iglesia debe estar! Mi pregunta, sin embargo, recaería no tanto en el “debe estar” sino en “cómo debe estar presente”. Mi respuesta a esto iría enfocado en el fin: ¿para qué quiero entrar en Facebook, Twitter o cualquier red social? Como sacerdote, la respuesta puede ser más fácil. Pero, ¿una parroquia? No digo que no esté; de hecho, veo muchos más beneficios en su presencia y si fuera párroco yo no dudaría en entrar. Pero es importantísimo trazarse una meta, unos objetivos claros de esa presencia. De esta manera la ayuda que puedo presentar no sólo aportará “modernidad” a mi misión, sino que realmente podrá ser un cambio para las personas que entran en contacto conmigo y mi institución.

Y una última cosa. Hay que dejar que sea Dios el que actúe. Como Iglesia, nuestra presencia en la red deja de ser “nuestra”. Yo ya no soy sólo “Juan Antonio Ruiz Jorge”, sino que soy el sacerdote católico legionario de Cristo Juan Antonio Ruiz Jorge. Es una identidad que debo tener en cuenta cada vez que comparto algo, pues todos me ven por lo que represento. O mejor, ven a Quien represento. La coherencia de vida entre lo que pongo en la red y lo que digo ser es algo vital: y la gente descubre en seguida cuándo un hombre o mujer que quiere evangelizar en internet lo es de verdad.

Podemos caer en un cierto activismo y despersonalización propiciados un poco más por las nuevas tecnologías. ¿Qué criterios podemos seguir para no perder en humanidad, ni confundir conexión tecnológica con comunicación personal, sobre todo de cara a la formación de los más jóvenes, nativos digitales?

–P. Juan A. Ruiz: Es uno de los peligros más fuertes de internet. Son muchos los que están pendientes sólo de los “likes” de Facebook o los “retuits” de Twitter, pero se olvidan que detrás hay personas. Habría muchos criterios posibles para un buen uso. Yo subrayaría cinco muy sencillos pero que pueden servir de termómetro:

1. Revisar a qué tipo de relación doy más importancia en el trato con las personas y cuánto tiempo tomo para ello: ¿en internet o en la realidad? Muchos creen que por contestar en whatsapp ya han hablado con un amigo, cuando en realidad lo que él quiere es un abrazo. Un buen examen sobre esto puede ayudar a discernir si estoy deshumanizando mi trato.

2. Responder a esta pregunta sencilla: ¿sería capaz de estar un fin de semana sin acceso a estas tecnologías? Más aún, ¿pasas una comida sin ver el móvil? Si la respuesta es sí, perfecto. Si la respuesta es no, habría que empezar a revisar mi actitud.

3. ¿A cuántos de tus amigos virtuales conoces en la realidad y lo más profundamente posible? Esto es importante. Puede resultar imposible conocerlos a todos, pero por lo menos buscar desvirtualizar a un buen número ayuda mucho. En iMisión, por ejemplo, creamos la campaña iEncuentro, que buscaba justamente reunir a personas que sólo se conocían por redes sociales: el resultado fue hermosísimo.

4. Las redes sociales, ¿son un fin o un medio para ti? Con ellas, ¿quieres comunicarte con los demás o quieres que ellos te vean? Porque las redes sociales pueden ser muy narcisistas y crearnos una especie de sistema solar en el que yo soy el sol alrededor del cual giran mis amigos planetas.

5. ¿Qué es lo que más comparto en las redes sociales? Las respuestas pueden ser muy variadas aquí y no necesariamente decir que se está haciendo bien o mal. Pero es importante analizarlo. Si lo único que hago es decir que YO me levanté cansado, YO pasé un examen, YO fui de compras, YO estuve en…; y no hay un NOSOTROS o un TÚ volvemos al problema del punto anterior.

Ciertamente no son los únicos criterios. Muchos podrían aportar más. Pero creo que pueden ser un buen inicio, sobre todo en los más jóvenes –que era lo que tú me proponías– para reflexionar sobre la presencia en internet y el uso adecuado de las tecnologías.

Santiago Casanova, Comunidad Laica Escolapia: @scasanovam

¿Cuál es la tarea evangelizadora principal de iMisión y cómo la lleva a cabo dentro de la nueva evangelización de la Iglesia Católica? ¿se centra específicamente en twitter o está presente de modo activo en otras redes?

–Santiago Casanova: Creo que lo más característico de iMision es haber descubierto internet y las redes sociales como lugares de evangelización y no como meras herramientas a ser usadas. iMision quiere estar donde están las personas. Dicho esto, nuestra tarea es la de cualquier evangelizador: ser Buena Noticia, ser luz, ser portadores de Jesús. Y aquí hemos descubierto que crear comunidad y fomentar la fraternidad y la comunión son signos especialmente útiles y necesarios para la Iglesia de hoy.

Es verdad que twitter es el lugar donde nos hacemos más presentes, por las peculiares características de esta red social, pero también tenemos página en facebook con miles de seguidores que crecen día a día.

En las últimas Jornadas de Pastoral y Redes sociales de CONFER, ofreciste una reflexión sobre el porqué estar en las redes sociales. ¿Qué documentos, tanto del Magisterio como del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales son los más inspiradores para la razón de esta presencia de la Iglesia en internet?

–Santiago Casanova: Bueno, fue Jesús el que dijo “Id por todo el mundo y anunciad…” . Es el mandato principal. Los mensajes del Papa en las Jornadas de Comunicaciones Sociales son también bastante clarificadores al respecto, sobre todo los de los últimos 2 años. El de este año ya ha dado de pleno en el asunto. Creo que es un asunto de la máxima actualidad. La Iglesia, sin duda, está respondiendo con valentía ante el reto que supone evangelizar en este nuevo continente.

Julián Lozano, sacerdote diocesano @JulianLozanoL

¿Qué propuestas concretas tiene iMisión frente a las preocupaciones, problemas y circunstancias de todas las personas que os encontráis diariamente en la Red? ¿Cuáles son las prioridades o los sujetos preferenciales de vuestra actividad evangelizadora?

–Julián Lozano: La respuesta y la propuesta de iMisión a las preocupaciones y problemas del hombre de hoy -también en las redes- es muy clara: la amistad de Cristo, que trae luz para orientar, paz para descansar, fuerza para vencer la tentación y el pecado, y una inmensa alegría y gozo al sabernos amados. Transmitir esa presencia, también a través de las Redes, es nuestra prioridad.

Nuestro “público objetivo” son todos los habitantes del continente digital –unos dos mil millones- sin distinción; los cristianos, aquellos que creen en Dios y lo conciben de otro modo, y cualquier persona que transite por los nuevos ámbitos de comunicación y relación en Internet. El mandato de Jesús es claro: “Id al mundo entero”.

Desde los Medios de comunicación, ¿cómo se está viendo y difundiendo el papel que está jugando la Iglesia en las redes sociales? ¿Aparece la Iglesia también como madre y maestra en humanidad en internet?

–Julián Lozano: En los mcs cercanos a la Iglesia o que tratan cuestiones relacionadas con la religión, la presencia católica en Internet es llamativa. Como ejemplo, el lanzamiento de la cuenta Twitter del Santo Padre, que ha llamado poderosamente la atención a propios y extraños. Existe una “creencia” –en términos de Ortega- por la que se considera a lo religioso como algo del pasado. Por eso, la presencia cristiana en Internet -icono del mundo nuevo- es llamativa, por contradecir dicha creencia.

Por otro lado, Internet difícilmente reconoce “maestros”. Hay “expertos”, y hay personajes con millones de fans o seguidores que presentan ciertas dudas a la hora de considerarlos referentes -miren los perfiles más seguidos en Twitter y saquen sus conclusiones-. La Iglesia en Internet debe ofrecer su palabra, su mirada, su anuncio y su denuncia, su tesoro -que es la fe en Cristo y la humanidad renovada de sus santos-. Así ejerce su magisterio, y también su maternidad, escuchando, y proponiendo lo que cree y trata de vivir.

Hermano Daniel Pajuelo, religioso Marianista: @smdani

¿Cuáles son los puntos fuertes y débiles de la misión evangelizadora de la Iglesia a través de las redes sociales, y en general de internet?

–Hno. Daniel Pajuelo: Los cristianos anunciamos a la persona de Jesús, invitamos al encuentro personal con Él porque en la relación con el Señor está nuestra plenitud, vivir en comunión con Dios y los hermanos. No tenemos otra manera de transmitir la fe que entrar en relación, por eso en cierta manera, todo cristiano está llamado a ser un comunicador, y aún diría más, a ser un amigo, incluso de aquellos que le odian. Estamos llamados a reproducir la imagen de Cristo, también en nuestras relaciones. De esta manera llegamos a ser mediadores de su gracia, y las personas pueden llegar a conocerlo. En la era de la Red, donde las relación se desarrollan en el mundo físico y digital, este nuestro punto fuerte, pues la Iglesia lleva más de 2000 años siendo sacramento, mediación del encuentro con el Señor.

En las Redes Sociales lo importante no son tanto los contenidos como las relaciones que se establecen, se valora sobretodo la amistad, el encuentro y el diálogo. No se trata tanto de ofrecer información (aunque los contenidos no dejan de ser importantes) como de compartirse y acoger al otro. Cristo así lo hizo. Asumiendo la condición de hombre, pasando por uno de tantos, compartió su vida, la vida misma de Dios, con nosotros. En Él recibimos el ser hijos y somos acogidos en el seno mismo de la Trinidad. La Iglesia prolonga en la historia la acción redentora de Cristo, porque ella misma es su Cuerpo, también en la era de la Red. Un católico no deja de serlo en las Redes Sociales, por eso su presencia puede ser fermento de comunión, sus relaciones cauce de la gracia, su testimonio un signo que haga creíble el anuncio.

El papa, en su último mensaje para la 47 Jornada de las Comunicaciones Sociales, nos recuerda que la Red facilitará la comunión sólo si nos esforzamos por ser auténticos. En las Redes Sociales es fácil esconderse en el anonimato, disimular la fe, o incluso construirse un (o varios) alter ego. Y he aquí, a mi modo de ver, la tentación más peligrosa para el cristiano, la de relegar la vivencia y la expresión de la fe al ámbito privado, o la de proyectar un alter ego desequilibrado que poco tiene que ver con la verdad de nosotros mismos. En el primer caso se sucumbe ante la ideología laicista, que considera insultante toda manifestación pública de la religión, y en la segunda nos hacemos esclavos de la mentira, terreno donde no puede germinar la gracia. Por eso un consejo básico para alguien que se inicia en Twitter, en Facebook, o en la blogosfera, es utilizar su nombre real, poner su foto en el perfil, junto a una sencilla y honesta presentación de sí mismo. Iniciar esta andadura exige honestidad y cultivar el espíritu de autocrítica, estando siempre atentos a la tentación de alimentar nuestro ego con proyecciones fantasiosas de nuestra autoimagen.

¿Es la juventud el principal motivo por el que la Iglesia ha de estar presente en Twitter?

–Hno. Daniel Pajuelo: Sin duda en estos momentos los jóvenes son mayoría, pero es cuestión de tiempo que personas de todas las edades participen de esta manera de comunicarse. La Iglesia no deberíamos descuidar a ninguno. Muchos adultos descubren que los supuestos bajo los que vivieron su juventud estaban basados en mentiras, y se abre en ellos un deseo de verdad. A través de las Redes Sociales buscan el sentido de sus vías, en medio de todo el ruido mediático la Red permite afinar el oído entrando en relación con personas que ofrecen respuestas de sentido. No podemos dejar de ser luz y acogida de aquellos que guiados por la recta conciencia buscan al Dios verdadero.

¿Y para Facebook y otras redes se ha pensado algo parecido?

–Hno. Daniel Pajuelo: Twitter hoy por hoy es la red más neutral, abierta e interactiva de todas y por ello es el ámbito donde más fácilmente se puede entrar en relación. Facebook tiende a generar comunidades más cerradas y la interacción tú a tú es más complicada pues los contenidos están jerarquizados, ya sea porque pertenecen a un perfil personal o a una página. Sin embargo Facebook sigue siendo un espacio de encuentro y relación. Nosotros mantenemos una presencia discreta pero muy activa a través de nuestra página: https://www.facebook.com/iMision. Aquí nuestros esfuerzos se centran más en ofrecer contenidos que generen comentarios y puedan ser compartidos. Nuestra preocupación no es tanto el alcance de estos contenidos (objetivo del marketing) como el descubrir que hay otras personas en la Red que comparten mis inquietudes misioneras. Nuestro deseo es que estas personas entren en contacto las unas con las otras. Como he explicado antes esto es mucho más fácil de conseguir en Twitter.

¿Hay algún estudio preliminar realizado por ustedes que justifique esta misión suya en Twitter?

–Hno. Daniel Pajuelo: Por nosotros no, pero hay bastantes sondeos que muestran su impacto. Tiene más de 600 millones de usuarios, y en España, según un estudio de la consultoría Nielsen, durante el mes de mayo de 2012 alcanzó los 5,3 millones de usuarios. Esto supone un crecimiento del 162% con respecto al año anterior. Creo que muchos adolescentes que están en Tuenti migran con la edad a Twitter, donde encuentran un espacio mucho más abierto, tienen la posibilidad de seguir a celebridades (políticos, deportistas, cantantes), y pueden interactuar a nivel social por medio de los Trending Topic. Si nos ceñimos a las estadísticas Facebook y Tuenti son las más usadas en España, pero como ya he explicado no ofrecen la misma neutralidad, apertura e interacción que Twitter.

En cualquier caso, lo que ha sido decisivo para hacer esta opción es que iMisión nació de un encuentro que tuvimos la hermana Xiskya y yo en Twitter. En esta Red se gestó el proyecto con aportaciones de nuestros seguidores. Tampoco es casualidad que todos los miembros del staff de iMisión tengan presencia activa en Twitter. Nuestro objetivo no es estar en el mayor número de redes sociales posibles, si no utilizar bien los medios disponibles hoy para tejer una red humana de católicos implicados en le Evangelización en Internet.

¿Cómo surgió la vocación específica de iMisión y cómo se está desarrollando actualmente?

–Hno. Daniel Pajuelo: Los que formamos el staff de iMisión somos católicos de todos los estados de vida, que tomamos con responsabilidad el cuidado de nuestra vida de fe y nuestro compromiso misionero. Todos pertenecemos a distintas comunidades eclesiales y en ellas se ha gestado y vamos discerniendo nuestra vocación de evangelizadores en Internet. Todos, de una manera o de otra, llevamos años en el mundo de las comunicaciones: radio, blogs, prensa y redes sociales.

Yo me formé para la misión en mi congregación como ingeniero informático. He trabajado en la pastoral con jóvenes, Proyecto Hombre, en la pastoral de prisiones y como profesor en la ESO. Todo esto me ha hecho mucho más cercano a las esperanzas y sufrimientos de nuestros contemporáneos. De niño me gustaba la informática, y cuando en 1995 me conecté por primera vez a las newsgroups (una especie de foros de la más primitiva internet) comprendí ya, que el mundo se estaba haciendo mucho más pequeño, interconectado, y que esto supondría una oportunidad y un reto para el anuncio del Evangelio. A finales de los 90 fundé el portal Ágora Marianista (www.marianistas.org) donde aprendí a trabajar en equipo, y a poner la informática al servicio del encuentro entre las personas. Signo de ello fueron y siguen siendo sus foros (http://foros.marianistas.org), tecnología precursora de lo que hoy son las redes sociales. Ahora vivo en Roma donde me preparo para el sacerdocio. Roma es el centro neurálgico del catolicismo, lo cual me ha permitido ponerme en contacto con muchas personas y conocer otros proyectos en la línea de la Evangelización en internet. Un hito significativo en la maduración de esta vocación fue el Vatican Blog Meeting de 2011, encuentro organizado por el Vaticano, al que fuimos invitados 150 blogueros de todo el mundo. Allí pude sentir el más tierno abrazo de la Iglesia a esta realidad emergente, lo cual supuso para mí y creo que para la mayoría de nosotros, un impulso misionero.

Fue en junio de 2012, en un encuentro por Twitter, con la hermana Xiskya, donde descubrimos que compartíamos las mismas inquietudes en este campo. Los dos sentíamos la llamada a compartir nuestros dones para responder a este reto. Estuvimos profundizando en ello durante los dos meses de verano, discerniendo los caminos con nuestros superiores. Finalmente en septiembre de 2012 se puso en marcha el proyecto. La acogida y la rápida expansión fue para nosotros la confirmación de que íbamos por buen camino.

¿Qué referentes o modelos tiene su proyecto respecto de otros que llevan más tiempo, o estáis siendo innovadores?

–Hno. Daniel Pajuelo: Mis referentes más que proyectos son personas. Una de ellas es nuestro papa Benedicto XVI, que nos anima siempre a establecer el diálogo fe-razón, a formarnos bien y dar cuenta de nuestra fe, a ofrecer una respuesta de sentido al hombre y la mujer de hoy que tienen sed de la verdad. El santo padre no es un hombre que rehuya las cuestiones candentes, siempre las afronta con serenidad, rigor y con un lenguaje cercano. Cuando leí por primera vez sus respuestas a Peter Seewald, en el libro La sal y el mundo, quedé maravillado y supe que había encontrado a un verdadero compañero en mi camino hacia la santidad.

Otro de mis referentes es el jesuita padre Antonio Spadaro, director de La Civilità Cattolica. Ha sido el primer teólogo que ha afrontado la reflexión sobre la inteligencia de la fe en el tiempo de la Red, que él llama Cyberteología. Su blog (www.cyberteologia.it) y el libro que ha publicado con el mismo título, son de lectura obligada para quien quiera comprender cómo la fe en su impulso cognoscitivo se encarna en una era en que la Red está cambiando nuestra forma de conocer, comunicarnos, pensar y vivir. Actualmente es consultor del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales.

Ana María Medina, CVX: @_AnaMedina_

En su grupo de coordinadores hay sacerdotes, religiosos y laicos. ¿Qué requisitos, actitudes… son necesarios para poder colaborar con ustedes? ¿Cuántos colaboradores hay actualmente y de qué países de procedencia?

–Ana María Medina: Por un lado está el staff, compuesto actualmente por nueves personas (siete viviendo en España y dos en Roma), y por otro los colaboradores que ya suman más de 450 de España, México, Puerto Rico, Chile, Argentina… y otros países de habla hispana. Entre los miembros del staff compartimos un proyecto común: hacer presente el mensaje de Jesucristo en internet, y más concretamente en las redes sociales. Entre nosotros hay laicos, sacerdotes, religiosos, diáconos, cada uno con una disponibilidad, una energía y un deseo de participar. Nos gusta estar formados en el ámbito de la comunicación y las nuevas plataformas, y aprendemos unos de otros a saber estar y actuar en esos ámbitos. Lo mejor, sin duda, es nuestra capacidad para trabajar en grupo, aún en condiciones tan complicadas como la nuestra (dispersión geográfica y múltiples compromisos de cada uno).

¿Qué encuentros y actividades tienen ahora en proyecto los coordinadores? ¿Cuál ha sido hasta ahora su experiencia más gratificante? ¿Cada cuánto se reúnen? ¿Eué temas les interesan o preocupan más de la misión evangelizadora de la Iglesia por internet?

–Ana María Medina: El proyecto principal es poner en contacto a católicos que quieren evangelizar en internet, lo hacemos con la cuidada administración de nuestra presencia en Twitter y Facebook. También estamos dando varios cursos de formación, que es nuestro segundo objetivo: el curso con la Confederación Española de Religiosos (CONFER), el curso con la diócesis de Getafe, el curso de diseño de páginas web para proyectos pastorales. Todo en Madrid de momento. Estamos también preparando ya un congreso de redes sociales y evangelización. Hemos presentado el proyecto al Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales y el 19 de febrero presentaremos iMisión en la Conferencia Episcopal Española a los delegados de Medios de todas las diócesis. Además, estamos preparando el lanzamiento de iMisión en México. No dejamos de entrar en contacto con personas que lideran proyectos para crear sinergias… Para gestionar todo eso, nos reunimos una vez al mes por Hang Out. Mantenemos comunicación ágil por lista de correo y utilizamos la nube para documentar todo y conducir reflexiones más profundas. Entre los temas que nos interesan y preocupan están enseñar a vivir bien en el tiempo de la Red, la autenticidad, enseñar que se puede ser católico sin complejos y evangelizar en las redes sociales, y atender las demandas explícitas que nos han hecho desde el Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales: promover la presencia vaticana en la web, establecer relaciones con Latinoamérica, fijar la mirada más en el mensaje del Evangelio que en la técnica, y sembrar también el rostro amable de Dios para los no católicos.

Antonio Moreno: @Antonio1Moreno

Desde su experiencia, ¿cómo pueden contribuir las asociaciones apostólicas y los movimientos eclesiales en la evangelización a través de los medios, concretamente en Twitter (o en las redes sociales en general), dentro de iMisión?

–Antonio Moreno: El éxito de las redes sociales se basa en la democratización de la información. En cierta medida, el ciudadano particular se ha convertido en sí mismo en un medio, quitando protagonismo a las instituciones que eran las que tradicionalmente tenían el poder o los medios para poder llegar al público. En las redes sociales, cada uno de nosotros somos un medio de comunicación personal y algunos que han sabido utilizar convenientemente dichas redes, cuentan con una audiencia propia que ya quisieran para sí muchas empresas dedicadas a la comunicación. Quiero decir con esto que el protagonista de la evangelización digital, más que la institución, la diócesis, el grupo, el movimiento, la congregación, es el cristiano de a pie.

Esto lo ha entendido muy bien el santo padre que se ha hecho presente en Twitter de modo personal, a pesar de que las instituciones vaticanas de diversos ámbitos ya estaban presentes en ese medio. Pero el usuario de Twitter, en cierto sentido “desconfía” de los mensajes institucionales y busca el contacto directo con la persona que admira u odia.

El papel de los movimientos, las asociaciones apostólicas, etc. en este sentido pasa, en mi opinión, por animar a sus miembros a hacer presente lo que viven en sus comunidades en este nuevo entorno, en este nuevo espacio. La evangelización en las redes sociales no es más que una nueva modalidad de lo que se ha venido a llamar la “presencia pública de los cristianos”. El mandato del Señor de proclamar desde las azoteas lo que oímos al oído sigue igual, pero ahora las azoteas a la mejor altura y en las calles más concurridas son las que llamamos redes sociales.

No nos engañemos. El lugar privilegiado para el encuentro con el Señor es la comunidad cristiana, la parroquia. Las redes sociales pueden servirnos para que la gente se acerque a las parroquias, dejen de mirar con recelo a la Iglesia o encuentren en la forma de vivir de un cristiano un modelo al que imitar. Pero si esta percepción que les llega a través de las RRSS no se concreta en una relación presencial con la comunidad cristiana, será como la semilla que cae en el pedregal.

También es responsabilidad de los movimientos y asociaciones el hecho de educar, sobre todo a los jóvenes, en la forma de ser cristiano en las RRSS como en cualquier otro ámbito de la vida.

¿Qué recomendaciones daría a padres y madres preocupados por sus hijos en relación con las redes sociales? (por ejemplo acerca de la edad, tiempo y forma de uso, seguridad…)

–Antonio Moreno: Lo principal es que los padres conozcamos estas herramientas. No puedo entender cómo hay padres que dicen eso de “el niño se pasa toda la tarde ahí con su ordenador…” y ellos no saben ni encenderlo. ¿Le dejaríamos a nuestro hijo el coche sin asegurarnos de que sabe conducir? ¿A qué edad les dejaríamos pasear solos por un barrio desconocido para nosotros o charlar con un niño cuyos padres no conocemos? Es primordial la alfabetización digital de los padres. Hay mucho miedo infundado a adentrarse en ese mundo, un poco también de pereza. Ver la habilidad de nuestros hijos en el uso de las nuevas tecnologías puede causar a alguno cierto complejo de inferioridad que hay que superar. Está en juego la fe de nuestros hijos y, a veces, incluso su integridad moral y física.

Volviendo a lo que comentaba antes, educar en la fe es, hoy en día, educar también en la forma de comportarnos en el mundo digital. A mí me ayuda mucho recordar la Carta a Diogneto en la que se relata cómo los primeros cristianos llamaban la atención porque siendo del mundo, viviendo en el mundo, no asumían las costumbres del resto de sus conciudadanos, sino que en ellos se había producido un cambio moral. En nuestro siglo XXI, los cristianos tenemos que dejar claro a nuestros hijos que no somos “de este mundo” y que su comportamiento en la red debe ser acorde a lo que viven. No es prohibir nada, sino enfrentarnos a la realidad de debilidad que tenemos todos, grandes y pequeños y evitar exponernos a peligros que nos puedan hacer daño. Las fórmulas las tiene que poner cada padre que es quien mejor conoce a sus hijos. Aquello de: “si tu mano te hace pecar…” es un método muy pedagógico. No pasa nada si en cierto momento hay que recurrir al “apagón digital” o a confiscar el móvil para evitar males mayores.

¿Qué aportaciones de tipo ético y moral puede dar la Iglesia Católica en internet, en medio de la crisis actual, a todo tipo de personas que pueden encontrarles en Twitter, por ejemplo?

–Antonio Moreno: La moral cristiana es uno de los aspectos más desconocidos por nuestros hermanos alejados. El concepto de moral cristiana es, para muchos una experiencia opresora, obsoleta, triste y sin sentido. Y esto ha ocurrido porque en muchos aspectos hemos presentado la moral desde una perspectiva farisaica. Hemos separado la moral cristiana de la experiencia cristiana y es la segunda la que propicia la primera y no al revés. El encuentro personal con Cristo es una experiencia liberadora que llena de gozo al que la vive y esto no lo hemos sabido transmitir. En este sentido, se evangeliza mucho mas haciendo ver, por ejemplo la alegría que siente un matrimonio al celebrar sus bodas de oro junto a sus hijos y nietos que criticando el divorcio. Eso no quita que, como bautizados, ejerzamos nuestra misión profética denunciando, por ejemplo, a los que promueven leyes injustas en contra de la familia.

En este sentido, mi experiencia es muy interesante por el feedback que producen los tuits en los que presento algún aspecto de la moral cristiana. Pronto recibo respuestas de personas muy alejadas de la Iglesia que descargan en mí todo el odio acumulado, quizá durante años, contra la Iglesia por algún tipo de conflicto moral al respecto. Mi experiencia es que aceptando dicha crítica con educación, sin caer en la respuesta fácil y airada, sino respondiendo con argumentos, moderación, cariño e incluso un poco de ironía, provocas en la persona un cambio de actitud inmediato. Yo lo interpreto como el signo que nos prometió el Señor cuando nos envió a predicar el Evangelio a toda la creación: “Expulsarán demonios, agarrarán serpientes con la mano…”. Si no nos lo tomamos como algo personal, si descubrimos que ese “veneno” no viene para nosotros sino que en realidad ellos quieren proyectarlo hacia esa imagen falsa de Dios o de la Iglesia que se han construido en su cabeza, ese veneno no nos hace daño, se disuelve y deja a la persona, a veces liberada. Enseguida (puedo relatar varios casos) te cuentan que ellos estudiaron en un colegio religioso e iban a misa, pero que luego se alejaron… Otros, se empiezan a interesar por otros aspectos de la vida de fe e incluso te preguntan dudas al respecto… No hay que tener miedo al diálogo con el mundo si estamos convencidos de dónde está la verdad, de quién Es la Verdad.

¿Cómo se puede vivir o conjugar este apostolado o misión a través de las redes sociales con una plena dedicación a la familia, sobre todo si ésta es numerosa, sin que ninguno de esos dos ámbitos se resienta?

–Antonio Moreno: Sinceramente, es difícil, porque las redes sociales tienen un peligro de adicción que hay que saber controlar. Mi experiencia es que las familias numerosas, si tenemos algo de sobra, es siempre la imaginación y la capacidad de establecer sinergias. Yo, por ejemplo, te estoy respondiendo a estas preguntas con mi hijo de dos años en brazos y mientras le pongo la merienda a otros dos. La posibilidad de acceder a las RRSS desde dispositivos móviles facilita que, como ocurre con la radio, se pueda utilizar “mientras” se realizan otras tareas. Pero no sólo las familias, también los sacerdotes, los religiosos y religiosas corren peligro, a veces, de volcar sus esfuerzos en la pastoral digital olvidándose de la presencial e, incluso, saltándose el Oficio Divino. Como humanos que somos, tenemos que estar continuamente alerta para no caer en voluntarismos tantas veces inútiles. Como en tantos otros aspectos, hay que ponerlo cada día en manos del Señor y que sea Él quien nos preceda en el camino de la Nueva Evangelización.

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