Las 25 historias que más me impactaron en Irak

Por Xiskya Valladares.- Todas estas fotos las hice con el móvil. Aún no he tenido tiempo de descargar las de la cámara. Salir de Irak fue toda una odisea. La población normal no puede entrar al recinto del aeropuerto, solo quienes tienen un pase especial, como el obispo. Pero nosotros no teníamos. Fueron unos amigos de ahí quienes nos llevaron en su coche hasta donde les dejaron llegar. Pasamos un total de siete controles militares, algunos cacheos y registros antes de entrar al aeropuerto. Pero fuera de eso, en Erbil no se nota la guerra. Mucho menos en Ankawa, el barrio cristiano de la ciudad.

Llegamos de noche. Las calles no son tan iluminadas, pero no había peligro. Nada más entrar a la ciudad todo olía a quebaq, especias muy fuertes. Cuestión cultural. Jamás imaginé Erbil como realmente es. Una ciudad de auténticos contrastes: mucha riqueza y en medio la miseria de los campos refugiados. Que, por cierto, a ellos no les gusta llamarlos así. Ocupan edificios que no terminaron de construirse y solo son las vigas de cemento con separación de cuartos mediante cartón piedra, casi sin luz y todos sin agua ni WC en la “habitación”. También los patios de algunas parroquias donde se han puesto tiendas de campaña. Algunas zonas que iban a ser destinadas a centro comercial o a centros juveniles deportivos. Todos inconclusos. Esos son los campos de refugiados.

Al entrar tocas las condiciones infrahumanas en que viven hacinados familias numerosas en pocos metros cuadrados donde hacen todo dentro: cocinar, lavar, dormir, guardar la ropa, etc. Los olores se mezclan, pero solo lo notamos el primer día, después nosotros también olíamos igual que ellos. De esto solo me di cuenta al regresar a España y saludar a mis Hermanas de Comunidad. ¡Qué contraste!

Durante cinco días hemos estado visitando familias refugiadas, recorriendo las calles de Ankawa, palpando la realidad de estos hermanos que hoy, para mí, ya no son un número, tienen nombres, rostros y les he oído sus historias concretas que jamás podré olvidar. A veces se me humedecen los ojos al recordarlos. Desde que he regresado, he soñado con ellos las dos noches que llevo en España, les oigo en su precioso arameo, les veo en el terrible frío y la miseria más infrahumana que he visto, les siento con sus besos, sus sonrisas y múltiples gestos de acogida. Los niños y los ancianos siguen encogiéndome el alma. Y me pregunto ¿qué habría hecho yo en su lugar?

Estoy convencida de que estos días, para mí, han sido un tocar y compartir con Jesús encarnado en pleno 2014. No solo la noche de Navidad que fue la más auténtica de mi vida, sino todos los días. Compartimos la celebración de la eucaristía con ellos, en rito caldeo, en la lengua de Jesús, el arameo. Verles con sus mejores trajes, cantando a pleno pulmón toda la eucaristía, rezando con tanta profundidad, tan alegres, después de que les habíamos escuchado contarnos sus historias con sus rostros marcados por el dolor, es inexplicable sin la fe… Nos acogieron como hermanos de verdad.

Han sido días de mucha paz, de mucha contemplación, pero también de mucho dolor. Había momentos, en los que decíamos no poder más, después de escuchar toda una mañana historias terribles. También mucho cansancio, físico, emocional y espiritual, durmiendo varias noches solo entre tres y cuatro horas. De día visitando las familias de los refugios sin parar, escuchando sus experiencias, sus historias, y de noche escribiendo para los medios, bajando las fotos de cada artículo que iba a enviar. El trabajo periodístico no es fácil cuando uno se implica tanto, las palabras no salen con tanta facilidad. Pero era todo lo que podíamos hacer por ellos: Consolar, acariciar a Cristo en ellos, jugar con los niños, y dar a conocer al mundo tanta barbarie. Nada más. Sin embargo, hemos recibido infinitamente más. A mí los niños me han conquistado, los ancianos me han convertido al ver su fe, los jóvenes me han cuestionado al oírles decir resignados que ellos no tienen futuro. Todos me partían el alma, pero verles sonreír me contagiaba un no sé qué que no puedo explicar.

Solo pensaba en nuestras Comunidades y familias en España a las que, gracias a Dios, no nos falta nada, donde a veces se crean silencios tensos, desuniones estúpidas, y discusiones de risa. Pensaba en la Navidad que estarían teniendo mis Hermanas y mi familia. Y me alegraba por ellas, pero me sentía más feliz que nunca de no tener prácticamente nada esta vez y saber que estaba entre los más queridos de Jesús. No digo que esto sea lo que haya que vivir. Al contrario. Pero el contraste me cuestionaba. Recibía algunas felicitaciones navideñas, de luces y papa Noel, de mesa abundante, y de caras gozosas. Y me alegraba, pero no podá evitar comparar y desear que el mundo fuera un poco más justo y nuestros hermanos cristianos de los barracones de Irak también tuvieran algo de todo eso. Y fui feliz, contradictoriamente más feliz que nunca.

Por todo esto, sólo puedo decir “Shukran, Irak” (gracias, Irak –en arameo-)… Te llevaré por siempre en mi alma. No pasará ningún día sin que rece por cada uno de vosotros que aparecéis en estas fotos. Vosotros que me abristeis vuestras “casas”, que compartisteis conmigo lo que no teníais, que sentisteis en mi hábito que era Jesús quien os visitaba… Que sin conocerme queríais besar mi Cristo. ¡Qué responsabilidad el hábito, Dios mío, la consagración…!!! Ya no pedo ver el mundo igual. Ya no puedo sentir la vida de la misma manera. Algo dentro de mí se ha puesto patas arriba. El dolor de ellos me hace descubrir que nuestros dolores son nimiedades y que la fuerza de toda la vida está solo en el nombre de Jesús. Gracias a Dios por regalarme ir a Irak. Gracias por todas vuestras oraciones, que sé que fueron muchas. Gracias por acompañarme muchos estos días desde la distancia. Dios os bendiga, ahora sí, como nunca, Hermanos míos queridos.

Shukran! Alrab iebarkak!! (Gracias! Dios te bendiga!! –en arameo-). Os dejo el vídeo que hizo Dominik Kustra, uno de mis compañeros de viaje, como resumen de nuestra experiencia:

A continuación os dejo las 25 fotos de mi móvil que a mí más me han impactado.

1. He tocado a Cristo en mis hermanos cristianos de Irak. Esta mujer tiene 100 años, la sacó de Qaraqosh su nieto en brazos. Solo me decía una y otra vez en arameo: “Dios la bendiga. Él le dará siempre la fuerza para cumplir su misión”

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2. Esta anciana me suplicó con lágrimas que le regalara mi Cristo, el de mis votos, ese que no damos a nadie. No pude negárselo… Lloré de la emoción… No puedo explicarlo. Sé que ella lo llevará dignamente, e incluso, quizás la maten por llevarlo, pero no se lo quitará. Hoy que yo veo mi pecho vacío (sin él), sólo rezo en silencio por ella.

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3. Fue imposible conseguir que este niño sonriera. Su mirada triste, su carita llena de moquitos, la marca de la tristeza en su mirada… La mayoría de familias eran pudientes y ahora no tienen nada, ¿cómo ayudarle a recuperar la alegría?

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4. Después de cantar con ellos, teníamos dos caramelos para cada uno, este niño hizo tres veces la fila… Imposible negárselos! Ese Cristo bien digno al cuello…

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5. Tiene 85 años. Se llama Saquia y se rompió la cadera ya en el refugio. Vive en el refugio de marquesh Shabab, casetas prefabricadas donadas por AIN. Tiene algo de calefacción. No suficiente para la temperatura bajo cero y la humedad de Erbil. Como casi todos me decía una y otra vez: “Dios la bendiga”

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6. Se llama Ronhi. Le di este rosario bendecido por el papa BXVI y fue tan feliz que me pidió hacerle la foto. Nos pide que no los olvidemos, se siente sin futuro.

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7. Estos ocupan lo que iba a ser un motel, son los que mejor están, aunque el espacio es demasiado pequeño para tantos. Fueron felices con una hora de cantos, juegos, y unos caramelos. Llevan seis meses sin escuela, para ellos no hay.

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8. El frío y la humedad de sus tiendas es enorme. Por la madrugada bajo cero y estos días ha llovido. Duermen unas 5 personas en 5 metros cuadrados.

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9. Los niños de Irak me han robado el corazón… me han enseñado a rezar… me han devuelto una mirada nueva. Este estuvo 15 minutos poniendo la vela a la Virgen.

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10. Tienen hambre de ser queridos, todos quieren besarte, pero a algunos el dolor les ha paralizado. Las heridas que llevan en el corazón se reflejan en sus caritas.

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11. Esta madre con su niño para mí fue Jesús encarnado en pleno 2014… Y he podido tocarle y acariciarle!!!

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12. Nunca olvidaré estas miradas. Ese dolor profundo me duele…

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13. Casi todos sonríen pero sus rostros no pueden ocultar lo que han vivido. Esta mujer vive en Ankawa Mall.

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14. Esta mujer es una refugiada. Salió a la calle con un tenedor y cuchillo y me hacía señas para que entrara a comer a su caseta. Te dan hasta lo que no tienen.

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15. Todas las familias nos invitaban a pasar a sus tiendas. Nos querían dar todo lo mejor que tenían y se notaba su cariño… Mira el espacio donde vivían tantos.

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16. Esta chica nos hizo café para calentarnos. Un café turco q me sentaba mal pero tenía que tomar para no despreciarles. Esta era su gran cocina para todo. En Qaraqosh tenían casa rica. Ahora viven como “homeless”.

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17. Abunah Bashar es uno de los sacerdotes que huyó con su pueblo. Ahora a cargo del refugio Marquesh Shabab. Su familia también refugiada. Está agotado, ¿hasta cuándo?

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18. Esta mujer me impresionó por la fe con que rezaba, en arameo, la lengua de Jesús… Creemos que rezaban era el rosario, fue en la iglesia de Mar Josef.

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19. Ésta es la tienda de Jesús que acampa entre ellos… Ahí dentro han puesto un belén. Todo el resto del campo está lleno de sus tiendas. Es el patio de la parroquia Mar Elía.

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20. Al entrar huele a agua estancada. Dentro, olor a comida, ropa sucia, sudor, etc. Solo lo notas el primer día. Después ya hueles igual que ellos. Yo me di cuenta al llegar a Palma y saludar a las Hermanas que olían muy bien.

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21. Estos niños jugaban a canicas. No vi ningún balón. Aunque al decir que veníamos de España, todos eran o del Real Madrid o del Barça. Esta foto es en Ankawa Mall.

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22. Esta niña tiene 5 años. Pasa el día sobre dos colchonetas finas, en el suelo. No puede sujetarse la cabecita. Además, tiene epilepsia. Su madre, Nada, sueña con verla curada. No está tratada por falta de dinero.

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23. El de la izquierda era un “terremotito” y no se me separaba. A toda costa quería hacer él las fotos. Calculo que tendría unos 3 o 4 años. Fueron los únicos niños felices que vi.

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24. Aquí vivían todos ellos. Estaban amasando el pan y preparando el dulce típico de Navidad. Siempre nos invitaban a pasar adelante.

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25. La caseta en que vive esta anciana y toda su familia, siete miembros. Digna pero demasiado pequeña para tanta gente. El gran problema es que no tienen dónde ir. Y ¿Hasta cuándo? Ya llevaban seis meses. Necesitan una solución. No eran pobres! Son refugiados solo por su fe.

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Tendría muchas historias más que contar. Se me quedan muchas cosas, muchos detalles, pero creo que como resumen basta. Solo quiero repetir un gracias enorme a todos los que me habéis permitido vivir esta experiencia.

 

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